LA HISTORIA DE FOTO ROBLES PLATICADA POR TOÑO ROBLES

Views: 1003

“Sin la fotografía, la vida hubiera sido triste, porque la fotografía te remonta a épocas pasadas y vives un momento de tu vida que solamente lo tienes en un pedazo de papel. Eso representa para todo mundo algo realmente grandioso: volver a vivir”, así lo expuso el fotógrafo toluqueño José Antonio Robles, quien desde sus inicios dentro de esta profesión, a los 15 años de edad, concibió la fotografía como un proceso de “magia”. Hoy, 60 años después, desde su estudio, acompañó a “Entre Tolucos”, con Jesús Izquierdo, en un recorrido por la historia de Fotografía Robles.

¿Cómo empezó?

“Mi papá, sin ser fotógrafo, le transmite una emoción ver fotografías y eso se ve reflejado cuando inicia a ser sus ‘pininos’ con sus amigos, y viene la oportunidad de que el señor Roberto Luna -el mejor fotógrafo de Toluca-, decide irse a establecer a la Ciudad de Toluca, y mi papá ya con cierta inquietud le preguntaba algunas cosas, entonces él le propone ‘Señor Robles, quédese con el estudio fotográfico’. Mi papá inteligentemente, y muy audaz, como le gustaba, dijo ‘vamos a hacer la prueba’ y sin conocimientos, hizo maravillas. Yo creo que llegó muy lejos”.

Rosendo Robles, aficionado a la fotografía se queda con el negocio en el año de 1952. Este estudio estaba ubicado en el Portal 20 de noviembre, “en aquella época todo mundo nos conocíamos, porque Toluca era muy pequeña, con muy pocos habitantes y así empieza mi papá, a prueba y error porque no había ni escuelas, más que prueba y error de las fotografías que se querían hacer”.

El local estaba ubicado casi junto al Gran Hotel, junto a la peluquería del señor Elías que vendía billetes de lotería y le decían ‘El Brujo’; junto era la entrada, una casa antigua que era además de estudios y laboratorios, su domicilio particular.

“Nosotros de chiquillos empezamos a ver lo que para mí era magia, porque cómo era posible entrar a un laboratorio obscuro, muy lúgubre, con un foco rojo que era lo que permitía la sensibilidad del material fotográfico y empezar a ver que después de una proyección en papel de la imagen, lo metían a una charola, que para mí era agua -no sabía que era químico-, y empezaba a brotar una imagen, decía yo, quién me lo explica, esto es magia… y ya todo el proceso de terminado de la fotografía hasta llegar al secado de la misma. De 9 hermanos que fuimos, éramos 4 hermanos en ese momento”.

Don Rosendo Robles deja el nombre la Fotografía Luna como dos o tres años, y al paso del tiempo, en el momento adecuado, le cambia a Foto  Robles, que nace en 1955. “Nos quedamos en el Portal como unos 20 años. De ahí, al Portal Madero pone su primera sucursal y entonces tiene dos negocios donde desgraciadamente aquí se tiene que salir al cabo de 5 años, porque van a comprar esa casa los señores Larregui, que hacían un pan excelente”. Por tal motivo se mudan al Portal Madero.

“De esa fotografía, lo que mi papá hace un cambio drástico es comenzar a hacer fotografías de credenciales, óvalos. El señor Luna no lo hacía porque consideraba que “quitaba mucho el tiempo”, así que solo se dedicaba a hacer fotografía de novios y retrato fino. Cuando mi papá ya es dueño de ese negocio lo primero que hace es sacar una vitrina al Portal con el muestrario de la fotografía y comenzó a tener el auge que tuvo y llegó el momento que era impresionante la cantidad de gente que retrataba para credencial”.

En ese momento José Antonio Robles entraba “de curioso” cuando niño, pero terminando secundaria ya no quiso estudiar, “me llamaba mucho la atención ser fotógrafo. De niño pedí a los Santos Reyes una cámara y me la llevaron, entonces ya era yo fotógrafo. Pasa el tiempo y a los 15 años ya, me decido a empezar a trabajar pero ya como empleado de mi papá, a hacer mis pininos también. Muy jovencillo comenzaba a manejar la cámara y lo poco que mi papá sabía me lo transmitió”.

Los demás hermanos no eran muy inclinados a la fotografía, “hasta que yo me independizo, a la edad de los 18 años, porque mi papá renta un local en Independencia por donde estaban los Tapia, Tejidos Nacionales, se convierte en la primera sucursal. “Se convirtió en centro de reunión de mis cuates, que a las 2:00 de la tarde salíamos corriendo a ver a las chamacas que pasaban a la Secundaria 1”.

Con toda la pasión y el conocimiento de su profesión, hizo un recorrido por las cámaras que utilizó, muchas de ellas forman ahora parte de su rica colección de cámaras, a las que se sumaron también otras, regalos de amigos, como la que le obsequió don Alfredo Naveda, quien también tenía un negocio de artículos de importación y regalos en los Portales.

En aquel entonces todo era blanco y negro, “eran cámaras de taller donde se usaban película rígida.

También habló de su familia y cómo se introdujeron al negocio. “Mi hermana Meche es la mayor, luego sigo yo, Rosendo, Ana Elena, Víctor Manuel, Carlos, Roberto y mis papás cierran con broche de oro, con cuates, Arturo y José Luis”.

“Las hermanas estudiaron para profesoras y sí ejercieron , pero después tuvieron su negocio en Juárez y así nos fuimos extendiendo por toda la ciudad. En la época buena, entre los sesenta y ochenta, llegamos a tener 10 negocios, 10 Robles, y todo mundo, en La Terminal, en Morelos, llegó a haber una en Valle de Bravo y todas con el mismo logotipo y razón social”.

José Antonio Robles recordó que comenzó a profesionalizarse, tomando diversos cursos, en la Ciudad de México y otros más adelante hasta en el extranjero, Chicago y Londres, por mencionar algunos.

De la transición a color, mencionó. “La magia era iluminar una fotografía ya impresa en tono sepia, para con los colores óleo darles el color piel, el color de los ojos, la vestimenta. Todo era manual”.

Con los años, en Toluca “me tocó tener la suerte de la fotografía histórica. Sacaban fotografías a las familias, a los artistas, a los políticos -gobernadores, presidente municipales-, hasta el Deportivo Toluca”.

Tras 60 años de fotógrafo, “indudablemente la fotografía es un cúmulo de satisfacciones y cuando alguien opina que no lo haces mal, es una satisfacción extra porque eso representa que te has entregado al o que has hecho a lo largo de tu vida. Para mí ha sido magia ver una imagen brotar, después ya la Polaroid, y luego la digital, verla en un instante. Me ha dejado las satisfacciones de ser fotógrafo desde niño, ver realizados a mis papás con sus hijos, y tener la bendición de Dios de tener un espacio donde trabajo, en compañía de mi esposa, muy a gusto, que para mí no es un trabajo, es un hobby”.