LA HOSPITALIDAD DE LOS MEXIQUENSES
Tal pareciera que a algunos priistas de la tercera edad, que han participado desde distintas trincheras, para contribuir al desarrollo del fecundo y productivo territorio del Estado de México, se les ha borrado de su memoria, el titánico esfuerzo de los mexiquenses y de sus autoridades, para alcanzar un desarrollo sin igual de nuestra entidad, que abraza a la capital del país y con ello, metafórica y literalmente, abraza a la nación mexicana.
Mire le platico a riesgo de ofender la memoria y la inteligencia de muchos que han sido protagonistas del desarrollo de esta, nuestra maravillosa tierra.
Cuando en 1970, el entonces Distrito Federal contaba con casi 7 millones de habitantes, el Edomex, apenas y llegaba a la mitad de la población de dicha demarcación.
Ya existían las famosas torres de satélite y con ellas como un faro de desarrollo, crecían a pasos agigantados como alternativa para las clases medias los municipios de Naucalpan, Tlalnepantla, Cuautitlán Izcalli y Atizapan de Zaragoza. Y por el oriente, Ciudad Nezahualcóyotl y Ecatepec, hoy en día, después de la ciudad de Oaxaca, Neza es hogar de la mayor cantidad de oaxaqueños.

Entonces el gran desafío del Edomex, lo era el de dotar de servicios básicos a la población mexiquense que acusaba un ritmo de crecimiento de 500 habitantes cada día. Los mexiquenses siempre hemos navegado a contra corriente, con decisión, entereza y valentía.
Las políticas populistas, imprudentes, atrasadas y locuaces de Echeverría y de López Portillo, impactaron negativamente en el desarrollo equilibrado y equitativo de cada región del país, profundizando las desigualdades y ocasionando un fenómeno sociológico sin parangón que detonó a pasos acelerados el crecimiento de la zona conurbada al Distrito Federal convirtiéndola en una megalópolis.
En los ochentas y producto de los terribles sismos de 1985, la zona metropolitana de la ciudad de Toluca, se transformó rápidamente en la suerte de los nuevos hogares de inmigrantes que habían decidido abandonar el Distrito Federal buscando nuevos y mejores horizontes para el crecimiento económico y social de sus familias, al igual que de los estados vecinos de Michoacán, Guerrero, Puebla, pero también seguían viniendo nuestros connacionales del sureste carente de oportunidades de desarrollo.
Entonces la zona metropolitana de Toluca, se convirtió en la de mayor crecimiento en Latinoamérica. Y es cuando hacen su aparición en el algoritmo poliédrico habitacional de la tierra de nuestros volcanes y de nuestras majestuosas pirámides, las nuevas ciudades dormitorio: Chalco, Chimalhuacán e Ixtapaluca.

Quien no recuerda a Carlos Salinas de Gortari en aquella difundida imagen levantando el switch para dotar de energía eléctrica al recién nacido Valle de Chalco con sus ya 300 mil habitantes; quienes por cierto, una vez que tuvieron el servicio de luz, se negaron a pagar sus recibos de consumo, recayendo esta deuda a cargo de las finanzas del Edomex, haciéndole frente de manera puntual y responsable.
No obstante, las familias mexiquenses seguían creciendo ya que la entidad destacaba como el lugar de las oportunidades contrastando con otras regiones del país. El Edomex mantenía su ritmo de crecimiento integral para seguir siendo una alternativa viable y segura y así continuar resolviéndole múltiples problemas de desarrollo regional al país entero, por cierto, un desafío nada fácil.
En los noventas, Metepec se convirtió en el nuevo destino de las clases medias y a la par, Lerma, San Mateo Atenco y Almoloya de Juárez, en donde por cierto y sin consultarle a los mexiquenses, las autoridades federales de ese entonces, decidieron instalar la sede del primer penal de alta seguridad del país y con ello, una nueva “clientela” se asentó en el otrora valle de tierras agrícolas reconocidas como las de mayor producción de maíz en México.
Ya a fines del siglo pasado y con gobiernos emanados de otras expresiones políticas, creció la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos en el Distrito Federal, el Metro es el más cruel ejemplo de esta lamentable circunstancia.

Y así continuaron creciendo las zonas conurbadas a la CDMX y a la ciudad de Toluca. De tal manera que hoy en día, la población del Estado de México es de poco más de 17 millones de habitantes, lo que significa, que en 50 años, los gobiernos de cada sexenio y trienios del Edomex y sus municipios, tuvieron que dotar de servicios a más de 14 millones de habitantes.
Para poner en perspectiva y subrayar el magno esfuerzo de los mexiquenses y sus autoridades electas democráticamente, mientras que la CDMX gozó de la ventaja de que en 500 años dotó de servicios públicos e infraestructuras sociales a 7 millones de habitantes, el Edomex, en una décima parte de ese tiempo, 50 años, dotó de infraestructuras y servicios al doble de la población.
El esfuerzo es digno de reconocimiento, y si a ello le agregamos que con el hacinamiento acelerado y la baja contribución a través de los impuestos, las demandas sociales se han hecho cada día más agudas, principalmente si ponemos en consideración que hoy en día, el Edomex crece a un ritmo de mil habitantes diarios en promedio.
No obstante, hay gobernabilidad y experiencia acumulada en los mexiquenses para seguir avanzando en las acciones, para disminuir la inseguridad y rescatar el tejido social hoy rasgado por el ánimo perverso de algunos de seguir polarizando a la población. Cerremos el paso a la improvisación y a las ocurrencias en la administración de nuestra tierra mexiquense.
Finalmente, le invito a reflexionar estimado lector, mientras que los habitantes de la CDMX, Michoacán, Guerrero y Puebla, todas demarcaciones vecinas al Edomex, continúen dejando de ser atractivos para vivir por la inseguridad, el deterioro de la infraestructura y la mala calidad de los servicios públicos; el Edomex seguirá creciendo y demandando servidores públicos profesionales, honestos y preparados, para que no ocurra lo que en nuestros estados vecinos.

