La impostora

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Sale de cuando en cuando de su madriguera,

saca dudas de lo más profundo

y las alimenta con raíces y recuerdos.

Una vez voraces las suelta sobre mí

y estas dudas me toman por el cuello

–por la solapa, como dicen los gángster.

Toman mis herramientas de oficio,

inundan todo el estudio con errores,

malas palabras, improperios y estertores.

Se burlan conmigo al espejo, tardan

días en dejar de reírse, es tan bueno

que me divierto con los esperpentos.

Yo la reina de ellos, y los trato bonito,

–Sí, dije bonito y esto es un poema.

Me parecen de una calidad suprema.

Cuando abandonan mi aposento,

queda mi cáscara de fruta seca

y limpio todo con prolijo esmero,

–falso, nunca limpio. Borro todo y lo quemo.