La jauría
En tanto no podemos salir (y no debemos), se abre la posibilidad de revisar la variada oferta de las diversas plataformas de streaming. De ese menú de opciones, he podido revisar algunas de las series de moda, con temáticas tan interesantes como absurdas (por favor, ni se les ocurra ver el juego de las llaves), otras que van de lo sencillo a lo complicado y algunas tan inteligentes como superficiales.
La jauría es una serie chilena de ocho capítulos que, de manera sorprendente, refleja una realidad subterránea de las grandes urbes y nos obliga a la reflexión en distintos niveles:
La trama tiene que ver con la desaparición de una líder feminista que estudia en un colegio católico que, tras la suma de varios eventos complejos, va desglosando muchas de las acciones que las sociedades permiten, por ignorancia, por intereses o por maldad.
¿Realmente conocemos a nuestros hijos?, ¿Sabemos en los pasos en los que andan?, ¿Conocemos de verdad a quienes dicen ser sus amigos?
La trama va evidenciando una realidad latinoamericana; la simulación de muchos padres que, al buscar ser candil de la calle, acaban siendo obscuridad en su casa. Ese esmero por vender que tenemos todo bajo control, aunque la realidad sea tan obscura que acabe por irnos consumiendo poco a poco hasta el punto en que no habrá una salida positiva de esos temas que fingimos no suceden.
En paralelo, las estructuras de poder que asumen que, con dinero e influyentismo, son capaces de solucionarlo todo, y que ese halo de prepotencia les blinda de todo y todos, sin importar la gravedad de sus acciones. Se asume que ese privilegio es un pasaporte para actuar con la inconsciencia a flor de piel.
La falsedad de quienes, en un cargo de responsabilidad, ya sea judicial o académico, acaban respondiendo a quienes ejercen la debida presión, haciendo que renuncien a sus valores y a la función particular del espacio en el que brindan sus servicios. Se trata de quedar bien con las esferas de poder, aunque eso signifique renunciar a mi naturaleza.
La obcecación de padres de familia, incapaces de reconocer que sus hijos tienen algún tipo de problema y que son incapaces de equivocarse, y si lo hacen, buscar por todas las formas posibles de ocultar las cosas, bajo la creencia de que nadie sabe lo que resulta evidente.
Incluso, el rol de algunos representantes de la iglesia que, so pretexto de la fe, acaban por convertirse en cómplices de actos y conductas que no coinciden en nada con la doctrina que se profesa domingo a domingo; la enorme diferencia entre la iglesia como institución y los sacerdotes como figuras representativas.
Mentira, traición, engaño, simulación, falsedad, nepotismo, agresión, violación, maldad, hipocresía e inconciencia, son algunos de los tópicos que se plasman de una manera tan natural que espanta.
No es una serie sencilla de ver, de alguna manera es fuerte, pero explícita de lo que acontece en muchas familias, en muchos espacios de interacción y en muchos lugares comunes de nuestro entorno.
Interesante para la reflexión y la autoconciencia.
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