La natividad digital: el supresor de nuestro asombro
La semana pasada habíamos dedicado nuestro espacio a esbozar, brevemente, cómo el campo de virtualidad generado por la tecnología de nuestro tiempo, y más concretamente el de las redes sociales, era uno de los principales entornos en los que, las pugnas ideológicas del siglo XXI se están llevando a cabo.
Habíamos dicho, que un asunto inevitable era la filtración de subjetividad que acontece respecto de quien plantea la estructura de las redes sociales hacia quienes las consumen. Y, que por aquello se esclarecía este auge masivo del fascismo en nuestras sociedades.
Sin embargo, uno de los asuntos que habían quedado sin tocar, es cómo las patologías que dominan nuestro inconsciente colectivo no es que se relacionen con la digitalidad, sino que son en la digitalidad. Como nosotros nos expresamos y nuestra vivencia más humana es en el lenguaje, como si éste fuese una muleta para nuestras intenciones más humanas, pasa ahora exactamente lo mismo con las rutas compartidas de nuestra psique colectiva, que se apoya en la digitalidad para existir en ella; y, sobre todo, para verse reconocida.
El asunto, es que quienes ya son en el mundo digital, en su mayoría, son a su vez nativos digitales: un concepto relativamente nuevo, que apuntala la idea de que quienes nacieron cuando la digitalidad y la virtualidad eran ya realidades del día a día, no son conscientes de las enormes limitaciones que existían antes de ellas. Es decir, el nativo digital tiene una imaginación ilimitada justamente porque cuando nació, las fronteras de lo que podía hacerse con la tecnología eran prácticamente ilimitadas. Ortega y Gasset lo dice perfectamente en su Meditación de la técnica, cuando nos plantea la idea de que nuestro asombro es proporcional a las limitaciones técnicas que tiene nuestra época.
Y, como suele suceder en asuntos de filosofía de la tecnología, cuando sobreponemos los conceptos entre sí es que los asuntos se aclaran. Es decir, ¿no es, precisamente, porque el nativo digital no es consciente de las limitaciones del mundo, que su asombro está dormido, y que por lo mismo, que se ha vuelto insensible ante las problemáticas más agudas de nuestra sociedad? Abordamos la pregunta la próxima semana.
