La niña zurda

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Muy pocos recuerdan la primera vez en que tomaron un lápiz para dibujar, pero yo estoy seguro que lo tomé con mi mano izquierda. Ser zurdo es pertenecer a una historia rica, es comprender las razones religiosas estúpidas por las que obligaron a mis antecedentes familiares a escribir con la derecha, ¿no conocen a una persona que comparta esta desgracia? Siniestra, claro señor padre yo soy un hijo del demonio y el averno, ya váyase a echar tres padres nuestros por mi salvación.

No sé lo que significa ser zurdo, sólo sé que muchas veces me tocó ser el único en un grupo de estudiantes y escuchar la obvia pregunta, ¿eres zurdo? una y otra vez; también sé que ser zurdo es suprimirse a la hora de poner la mesa y en el momento de comer: colocar los cubiertos de cierta manera, comer con la derecha para no pegar con otros codos; por último sé que ser zurdo obliga a adaptarte a escritorios diestros, tanto que un pupitre zurdo produce una sensación extraña.

Llegué a la Universidad con muy pocos zurdos conocidos. Un campus gigante, de diversos edificios organizados a través de letras, su color rojizo y sus pasillos abiertos que dejan pasar brisas casi heladas. Unas canchas de tenis convertidas en incontables filas y columnas de sillas. Día de bienvenida, una misa, el padre nuestro sigue rogando por mí. Fin del día, una larga hilera para recibir la credencial y un termo. Personas que le dirigen la palabra, “Historia del Arte”, menciona ella, de larga cabellera.

Segundo día de clases, grupos de tronco común: Comunicación, Ciencias Religiosas, Filosofía, Historia, Historia del Arte y Literatura. Ella toma posesión de esa banca extraña, es zurda. “¿Eres zurda?”, te quejas de la pregunta y tú mismo la repites. Algo extraño sucede, ¿congenian o por qué le pregunta? “Oye, ¿me acompañas a…?” Sin querer platican de sus antecedentes escolares, de sus vidas y más. Comparten las mismas clases dos días a la semana, se turnan la silla zurda. “Eres como …” Vaya forma de decir que aprecias a alguien A.S.

Ambos se arrullan con la voz de la segunda profesora, ambos aprenden y sienten terror de su última clase. Ella le muestra nuevos pasillos, nuevos lugares: una mesa de ping pong. Una obra de Picazo la hizo llorar, eso es lo que menciona como ejemplo de obra de arte. “Me caga A… No lo soporto” Comenta ella de un compañero. Se preguntan y comparten tareas. Los lazos de amistad se establecen día con día.

Se sacude la tierra, un grupo ajeno comparte afectos y eso los hace inolvidables. El primer semestre acaba, nunca más compartieron clase, sólo pequeños encuentros en abrazos cortos de pasillo. Sin querer, niña zurda, esa persona de la Bienvenida, fue su primera amiga. Te extraño niña zurda.