La nueva normalidad

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Ahora que estamos en este encierro, y ante el constante bombardeo que sufrimos por todos los medios de comunicación de la nueva normalidad. Y todos sabemos que esta normalidad no representa un regreso a los términos que vivimos antes de la pandemia.

En estos meses que llevamos del encierro, se ha perfilado el retorno a las actividades de una manera específica: un cubrebocas que aparece en cada uno de los actos que se hacen de manera cotidiana.

No existe una norma que marque los lineamientos de esta nueva normalidad. Es más, a pesar de que existen parámetros para el uso del cubrebocas, casi nadie sigue de manera estricta dichos métodos y nos dejamos llevar por lo que más nos atrae.

Pero esta nueva normalidad también ha llegado a extremos que podrían considerarse enfermizos. Extremos que tienen que ver con la estabilidad emocional provocada por un estado que va más allá y tiene que ver con efectos prolongados por el encierro, así como una tendencia depresiva que incita a acciones peligrosas para todos.

He visto en las calles personas que sin el más mínimo respeto, y sobre todo, ante una actitud irresponsable, se niegan a usar el cubrebocas aludiendo a su libertad y al derecho que se tiene de manera constitucional, pero en este momento, esos derechos no tienen tanta validez como el respeto a los demás.

También me he sorprendido ante los excesos de personas que se cuidan mucho más allá de lo sano y demuestran una actitud incluso violatoria de su derecho a protegerse. Personas que evitan las multitudes en las calles, pero tienden a insultar a quienes se atraviesan en su camino de una manera ofensiva.

En este sentido, los excesos de un lado y otro son faltas de respeto. Es decir, tanto peca el que mata a la vaca como el que le agarra la pata. Es necesario que tomemos con actitud esta normalidad que se nos viene. No va a ser sencillo para nadie enfrentarse a las nuevas reglas de urbanidad que poco a poco se van integrando a nuestra vida cotidiana.

Van a complicarse mucho las relaciones sociales y los eventos públicos ante la forma en que debemos comportarnos. La distancia será un acto medido, formal, incluso con reglas que no podrán ser cambiadas ni modificadas.

Ante esta situación, tenemos que seguir cada uno de los escenarios que podrían darse a partir de que los semáforos epidemiológicos vayan cambiando. Uno de esos escenarios también se debe dar desde los medios de comunicación, algo que ya va sucediendo de manera constante, aunque de una forma lenta. Ya son seguidos los ejemplos televisivos. Programas donde se une el cubrebocas a la actuación de los actores y se fusiona ese pequeño artículo que se ha vuelto tan necesario en estos días.