+ La paradoja de Higinio Martínez Miranda en su lucha por continuar en el poder; ayer elogiaba, hoy critica; los espacios que ha perdido; es por demás camaleónico
La frase:
La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular.
EDMOND THIAUDIERE
Durante años, Higinio Martínez Miranda construyó desde Texcoco uno de los grupos políticos más influyentes del Estado de México. Su trayectoria le permitió extender redes de operación dentro de Morena, colocar aliados en posiciones estratégicas y convertirse en un personaje obligado para entender buena parte de la política mexiquense.
Sin embargo, el escenario parece haber cambiado y el llamado Grupo Texcoco atraviesa uno de sus momentos más complejos, con un liderazgo que, lejos de consolidar posiciones, enfrenta cada vez mayores cuestionamientos sobre su capacidad de influencia dentro del movimiento que contribuyó a construir.
El senador ha endurecido su discurso y multiplicado sus críticas contra gobiernos emanados de Morena, el mismo partido que lo llevó al Senado y que durante años le permitió ocupar espacios privilegiados en la toma de decisiones políticas. Sus señalamientos pueden ser legítimos y la crítica al ejercicio del poder siempre será necesaria en una democracia, pero lo que despierta suspicacias es la oportunidad en que aparecen y, sobre todo, el contexto político en el que se producen.
La paradoja resulta difícil de ignorar, Higinio Martínez Mirada que hoy exige respuestas, cuestiona decisiones y pone bajo la lupa los problemas de los gobiernos emanados de la Cuarta Transformación no siempre mostró la misma intensidad crítica cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernaba el Estado de México.
Ahora que Claudia Sheinbaum ocupa la Presidencia de la República y Delfina Gómez Álvarez encabeza el Gobierno mexiquense, ambas figuras surgidas de Morena y vinculadas a la historia política del Grupo Texcoco, el senador parece haber convertido la crítica en una herramienta recurrente de posicionamiento.
Las declaraciones de un dirigente no pueden analizarse únicamente por su contenido; también deben observarse a la luz de los espacios que ha perdido, de las posiciones que pretende recuperar y de los equilibrios internos que busca modificar.
En ese contexto, la eventual búsqueda de la presidencia del Senado adquiere una dimensión mucho mayor que una simple aspiración legislativa. La posición representaría para Higinio Martínez una plataforma nacional de enorme relevancia, con capacidad de negociación y exposición política, particularmente de cara a la definición de candidaturas y alianzas rumbo a las elecciones de 2027.

La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿la estrategia responde a un acuerdo con la dirigencia nacional de Morena o forma parte de una nueva estrategia de presión para modificar el equilibrio interno del partido y recuperar espacios de influencia?
Las versiones sobre el distanciamiento entre Higinio Martínez y distintos liderazgos morenistas han agregado otro ingrediente a esta disputa: los acercamientos políticos con Antorcha Campesina, organización que durante décadas fue identificada como una de las estructuras de operación electoral vinculadas al viejo régimen priista en el Estado de México y cuya relación con Morena ha estado marcada por confrontaciones políticas.
El acercamiento, de confirmarse y consolidarse, no es un asunto menor. Durante años, el discurso de Morena se construyó precisamente sobre la crítica a las viejas estructuras políticas y a las prácticas del régimen que antecedió a la Cuarta Transformación.
Por ello, para algunos sectores morenistas resulta contradictorio que antiguos adversarios puedan convertirse ahora en interlocutores políticos cuando cambian las circunstancias del poder.
Claro que la política está llena de alianzas coyunturales. Los adversarios de ayer pueden convertirse en aliados de mañana y los aliados pueden terminar siendo adversarios. Pero cuando un político construye durante años su trayectoria sobre la confrontación con determinadas estructuras, cualquier acercamiento con ellas exige, por lo menos, una explicación política.
Mientras su influencia parece disminuir dentro de Morena, Higinio Martínez ha elevado el costo político de cada diferencia interna. Cada declaración, cada cuestionamiento y cada posicionamiento contribuyen a alimentar la percepción de una confrontación que ya no se limita a personajes o grupos específicos, sino que empieza a involucrar al propio proyecto político que durante años lo impulsó.
El problema para el senador es que la política también tiene memoria. Quienes durante años ocuparon posiciones privilegiadas saben que los equilibrios cambian, que los grupos pierden fuerza y que los espacios que alguna vez parecían asegurados pueden desaparecer de un día para otro. El poder, particularmente dentro de un partido en expansión, no es propiedad de nadie.
Por eso, en los círculos políticos mexiquenses comienza a crecer una pregunta que difícilmente podrá evitarse: después de las críticas, los desencuentros y los acercamientos con actores históricamente enfrentados a Morena, ¿cuál será el siguiente movimiento de Higinio Martínez?
No son pocos quienes consideran que el siguiente capítulo podría ser una amenaza de ruptura, un eventual amago de abandonar Morena o incluso la construcción de una plataforma política desde otra fuerza para presionar al movimiento que lo convirtió en uno de los hombres más poderosos del Estado de México.

No sólo significaría romper con el proyecto que le permitió alcanzar posiciones de enorme relevancia, sino abrir una nueva etapa de confrontación con quienes durante años fueron sus aliados y compañeros de ruta.
Higinio Martínez enfrenta así una encrucijada política. Puede convertirse en una voz interna que cuestione, proponga y contribuya a corregir el rumbo de Morena, o puede optar por utilizar cada diferencia como mecanismo de presión para recuperar cuotas de poder e influencia.
La diferencia entre una postura y otra no estará en el número de críticas que formule, sino en el propósito que exista detrás de ellas. Porque en política las diferencias son legítimas, las inconformidades son necesarias y la crítica puede ser saludable.
Lo que finalmente define a un liderazgo es qué hace con esa inconformidad: si la utiliza para corregir un proyecto del que forma parte o si la convierte en un instrumento para recuperar el poder que, con el paso del tiempo, parece haber comenzado a perder. Y en el caso de Higinio Martínez, el verdadero desenlace todavía está por escribirse.


