‘LA PERSPICUIDAD DE NUESTRO LENGUAJE’ El Wittgenstein intercultural de Cavell II

Views: 491
  1. Formas de “vida”, no “formas” de vida

Cuando Wittgenstein (2021) dice en el §123 de las Investigaciones: Un problema filosófico tiene la forma: “no sé salir del atolladero””, a ojos de Cavell nos estaría sugiriendo que, en el fondo, no sabemos cómo salir de ahí porque sentimos que la palabra que usa el otro o que usamos nosotros mismos tiene otro sentido y que éste se nos escapa continuamente cuanto más tratamos de retrotraerla a su uso conceptual. Sin embargo, Cavell da un paso más allá al ocuparse de esta metodología de exploración cultural, si cabe el término, cuando sugiere que lo interesante de sentirnos o no en el atolladero, es un momento que puede ser usado como indicador del inicio o del final de un problema filosófico, porque podemos hacer sonar como absurdo al sentido teórico en comparación con el vivencial al que hemos llegado o al revés. Hablamos, de recuperaciones y pérdidas de uno mismo desde textos que realmente abracen nuestras expectativas y que se sientan como correctos según el sentido antropológico que subyace al uso de las palabras. 

Lograr afectarnos de tal manera que sintamos algo como correcto, o que podamos ver cómo el otro mira lo mismo que nosotros siendo interpelados perspicuamente, por ejemplo, es el talento de los grandes literatos y filósofos del discurso edificante que Cavell no deja de rescatar a lo largo de toda su obra. Para él, las grandes obras de la cultura se caracterizan por esto último. Por eso que las pérdidas del sentido de las palabras que sentimos al sumergirnos en una cultura ajena, son cuestiones que Cavell propone explorar estéticamente, sea lo que sea que estemos buscando en ellas. En su metodología de exploración cultural, entonces, no hay respuestas exactas sino un proceso de lucha con uno mismo dejando que el otro sea el corrector que nos indicará cuando, el problema de incomprensión que nos tiene perturbados, se ha diluido: Hemos de recordar aquellos hechos muy generales de la naturaleza o cultura que todos nosotros, todos los que hablamos y actuamos juntos, empleamos (…) de hecho como criterios; hechos que solo necesitamos recordar, pues no podemos fracasar en conocerlos en el sentido de no haberlos adquirido nunca. Si alguien no los posee, no es porque haya descuidado sus estudios, sino porque por alguna razón es incapaz de una madurez, o iniciación, en la participación plena de la cultura. (Cavell, 1979, p. 73)

Sumado al sentido de lo ordinario en Cavell, un segundo elemento clave se presenta como fundamental al intentar comprender los alcances de su intento por pretender sugerir “una filosofía de la cultura” implícita en las Investigaciones: las formas de vida wittgensteinianas. Como sucede con no pocos términos de Wittgenstein, es importante entender de qué manera Cavell se distancia de sus intérpretes tradicionales a la hora de referirse a este en concreto. Para él, las formas de vida no serían una simple conexión en un contexto concreto sostenido por convenciones sociales, y mucho menos la manifestación de una estructura sobre nuestro comportamiento que se confirma en forma de criterios compartidos entre individuos. Esa es una parte de lo que es una forma de vida. Sin embargo, el lado más interesante de este concepto es su capacidad para referir cómo, en torno a las formas de vida se agrupan individuos con base a una misma vivencia y sentidos afectivos sobre las cosas que sirven de trasfondo para expresarse en base a juicios sobre lo que las palabras deben o no referir. 

Si hay una convención entre individuos, esta no responde sólo a compartir necesidades biológicas, sino además a sentir y querer expresar lo mismo con ciertas palabras por haber hecho de éstas no instrumentos conceptuales, sino lugares comunes. En los sistemas de signos o en la misma lengua en la que cada cultura apoya su identidad, lo que subyace es una serie de necesidades referentes al espíritu de cada pueblo transformándose él y transformando el lenguaje. Que nosotros, los occidentales, solemos solapar pensando que estas expresiones son la manifestación de una precultura que subyace a lo humano a la que podemos encargar la explicación de sus contenidos.

Ahora bien, no debemos confundir la potencia de la noción de forma de vida en la filosofía de la cultura de Wittgenstein con un asunto meramente etnológico. Lo etnológico de las formas de vida, para Cavell, es una coincidencia entre coordenadas de sentido basado únicamente en el uso social del lenguaje, que se mantiene en lo comunicacional en tanto parte del problema de cómo se manifiestan estas formas de vida. El asunto es entender que el concepto, como lo quiere presentar, cuestiona la existencia de un sentido determinista o sumamente reducido que pretendiera entender forma de vida como una pertenencia común a una estructura biológica por hacer coincidir en ella la naturaleza de nuestra racionalidad y así legitimar que somos una forma de vida superior a otras:

Doy un sentido biológico a la formulación de las formas de vida según la cual, porque son lo dado, tiene que ser aceptadas –con ello hago hincapié no en las “formas” de vida, sino en las formas de “vida”–, y lo hago así para marcar el límite y dar las condiciones de uso de los criterios aplicados a otros. (…) no hay ningún criterio para determinar qué exhibe una forma de vida (Cavell, 2021, pág. 86).

Lo importante a la hora de la exploración de las culturas, entonces, no es nada más reconocer cómo los grupos humanos se organizan para compartir significados, sino lo que la vivencia compartida hace de éstos; cómo ella es capaz de darles formas nuevas que después serán la base de esta sintonía vital entre sus miembros que veremos expresadas en formas similares de juzgar. Es llegados a ese momento donde nuestros criterios de uso de las palabras se vuelven incapaces de sostener esta dimensión tan profunda que subyace al lenguaje cuando salimos de los contextos con los que estamos familiarizados. Lo importante es entender, pues, que los criterios gramaticales a los que apelan Wittgenstein y Cavell, responden a lo que las vivencias en comunidad que un grupo humano han hecho de las formas mediante la vida.

Así, las formas de vida serían un antídoto en nuestras exploraciones culturales a estas expectativas basadas en encontrar el último criterio de los criterios, y además, las guías para explorar filosóficamente lo que nos interese de cada cultura en particular. Sabemos ¬–aunque no solemos darle la voz suficiente a esta cuestión, que de una forma u otra, hay una inmanencia comunicándose desde nuestro interior hacia afuera y que muchas veces la rigidez de nuestro lenguaje filosófico no abraza correctamente lo que queremos expresar; y que además, cuando intentamos abrazar este sentido desde el lenguaje filosófico tradicional, creando conceptos nuevos, siempre terminamos entrando en una discusión ad infinitum que, como dice Cavell, nos termina desilusionando:

Hay algo que está siendo atacado por Wittgenstein, maneras de alcanzar la certeza en nuestras vidas, imágenes de intimidad humana. (…) imágenes de progreso y de piedad que niegan que aún tengan que hacerse reales las condiciones de una sociedad de humanos que no se nieguen (pág. 86).