La primera del día
Me ha dado el sonido y el abecedario/
Con él las palabras que pienso y declaro.
Violeta Parra
Son las ocho de la mañana y frente a la computadora busco en mí, y no encuentro. En la turbulencia de sensaciones agradezco este primero de enero.
En el preámbulo del término de año, pensaba en cómo trascurrimos por trescientos sesenta y cinco días trazando líneas existenciales que labran una avenida de historias distintas por cada ciclo transcurrido.
La vida se escribe por día con experiencias únicas a cada instante; algunas buenas otras, no agradables y sin embargo necesarias para escribir en el interior de cada quien la existencia que le pertenece.
Vienen sentimientos encontrados al recordar lo que acuñó la memoria emocional.
De un año a otro suceden acontecimientos transcurridos que, en el momento, uno no cobra conciencia de la huella delineada en el interior de nuestras personas.
La mente y el corazón reconocen de inmediato lo que los mueve repetidas veces al desafiar trescientos sesenta y cinco días. Son días que parecen muchos; sólo son respiros inasibles que se convierten en remembranzas de lo que ya no volverá dejando el recoveco de enseñanza.
Bueno o malo, la experiencia queda. La memoria respira, con el corazón lo que dolió o dejó alegría.
Ya se cumplieron los trescientos sesenta y cinco días y no hay vuelta atrás; lo vívido, vivido está. En el cierre de año, miramos el pasado con un pie andando para lo que viene.
No para todos es sencillo continuar por la vereda de los sueños, las metas o ilusiones. Para quienes salvaguardamos la esperanza, sintamos la fortuna de continuar con ahínco la primera hora del día tarareando: Gracias a la vida, que me ha dado tanto….
A todos, mis mejores deseos para el inicio de estos trescientos sesenta y seis días, nombrado año 2020.

