La representación dramática por medio de las sombras

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Ahora daremos una pequeña charla sentados en la butaca mientras las escenas pasan ante nuestros ojos, sabemos que el cine es más. Mucho más. Por eso se le llama séptimo arte, arte de crear ilusión y emociones a través de imágenes en movimiento. Pareciera que sobre el cine está casi todo escrito y al mismo tiempo está todo por escribirse. El cine es movimiento, arte, historia, lenguaje, magia, música y documento. Replica con imágenes al crecimiento de culturas vivas, a los avances del mundo, a los descubrimientos tecnológicos y a los nuevos lenguajes. El cine antiguo, que es el que por el momento nos ocupa, va adquiriendo al pasar de los años dimensiones insospechadas por ser un reflejo y documento de otras épocas.

 

Me parece que es importante contarles un poco de lo que había del cine antes del cine. Comenzaré comentando brevemente acerca del teatro de sombras. Este tipo de espectáculo es el precedente más antiguo de la proyección de imágenes. Es complicado dar una fecha exacta así como la geografía de su aparición. Su origen es muy remoto; el mito de la caverna de Platón se podría considerar uno de los antecedentes más antiguos de este tipo de espectáculos. Sin embargo, se habla de que, probablemente, su origen pudo haber estado en el continente Asiático, algunos estudiosos hablan de la India y otros de China. Por otra parte, los textos y referentes más antiguos datan del siglo XI. No obstante, se trata de una tradición de transmisión oral y su existencia se remonta aun más lejos. Se trata de un arte que combina la mitología y la religión con la tradición popular.

 

Se podría  pensar que hoy en este tipo de teatro el espectador, y más aún si se trata de un niño, espontáneamente fantasea, crea sueños, personajes y juegos dramáticos; por ejemplo, aprovechando un foco de luz y la sombra que sus propias manos, su cuerpo u otros objetos cotidianos proyectan sobre una pared cercana. Sin embargo, desde sus orígenes la sombra que reproduce la realidad que la sustituye o que la evoca, crea en el espectador un mundo fantasmagórico e irreal. Los juegos con la luz y las sombras lo entusiasman y maravillan, poniéndole en el umbral de lo misterioso, de lo desconocido. La representación dramática por medio de las sombras es la utilización de dicha técnica como forma de expresión.

 

Es conveniente, en el juego dramático con sombras, no perder de vista la magia, la sorpresa, la curiosidad y el vencimiento del temor que la oscuridad produce en el niño.

Hay que señalar que en la mayoría de los pueblos asiáticos el tema religioso es esencial en la representación del teatro de sombras que, como la mayor parte del arte que denominamos popular, es indisociable de la religión. Las compañías actúan sobre todo en las festividades y los espectáculos se ofrecen a las divinidades para pedirles ayuda y protección. Por ejemplo, antes de iniciar la representación se ofrecen a los dioses ofrendas en señal de respeto y para pedir su protección.

 

Entonces los estudiosos nos cuentan que a partir de la fascinación primitiva de las sombras, la necesidad de encarnar en figuras plásticas los códigos sociales y de conducta de la comunidad, las culturas orientales desarrollaron representaciones de índole religiosa de una gran complejidad literaria y musical que llegaron a ser enormemente populares y que, en algunos países, se han conservado hasta nuestros días. Ahora bien, las temáticas abordadas son en esencia de carácter mitológico. Por ejemplo, en la India, y también en Indonesia, se representan ya desde el siglo IV aC diferentes versiones de las antiguas epopeyas del Mahabharata y del Ramayana entremezclándose héroes y dioses. Todas estas representaciones comenzaban al anochecer y solían durar hasta el alba, no pudiendo faltar en ceremonias como bautizos o bodas. Las representaciones de China tienen un carácter menos religioso adoptando por el contrario actitudes jocosas y burlescas con personajes no humanos, más bien eran animales que, por su forma, adoptan personalidades diferentes, así: la tortuga es paciente, la cigüeña vanidosa, la zorra astuta. Los temas mitológicos se representan mediante diferentes leyendas locales, la más popular es La Serpiente Blanca.

 

Más adelante, en la cadena cronológica, por ahí del siglo XIV, respecto a las tradiciones occidentales es el mar Mediterráneo el que divide las dos concepciones diferentes del teatro de sombras. La ruta marítima de la seda fue la que nos transmitió la tradición de éstas. Así, tenemos que en Oriente la combinación de dos elementos tales como la luz y la sombra pueden interpretarse como símbolos del bien o del mal, la vida y la muerte. En Occidente, debido al carácter pagano de las sombras únicamente se puede hablar de técnicas, incluso su nacimiento es radicalmente opuesto. En Occidente los espectáculos de sombras llegaron a Grecia y Turquía, y fue en este segundo país donde el refinamiento oriental se pierde totalmente y como muestra tenemos el famoso personaje de sombras Karagoz, de profesión albañil y que se dedicaba a burlarse y ridiculizar las costumbres e instituciones de la época, era el protagonista de todos los espectáculos, un personaje muy travieso, pero en exceso, al punto de que sus burlas llevaban un lenguaje descarado rozando a veces con lo obsceno e inclusive pornográfico.

 

Con este personaje las historias presentadas se volvieron más populares y con un cariz mucho más cómico. Sin embargo, las figuras más agujereadas, o bien completamente translúcidas y con colorines, combinadas con el desenfoque debido al agrandamiento de las imágenes, provocado por el alejamiento y el acercamiento de las figuras en la pantalla, hacen potenciar los efectos del foco luminoso. Vale la pena también señalar que los personajes de estas representaciones eran reconocibles en la pantalla a través de siluetas bien definidas, así por ejemplo, el protagonista Karagoz aparecía siempre con una larga barba y un sombrero, sus amigos uno con una botella de vino y el otro con una pipa de opio.

 

Ahora bien, a diferencia de las sombras orientales, protagonizadas siempre por divinidades, Karagoz es el primer personaje real que se representa en sombras. Así es que en Occidente las historias representadas hablan de nuevos temas, que a menudo quieren entretener al público e incluso parodiar determinadas actitudes y situaciones políticas y sociales. Y es así como las figuras abandonan la translucidez y los colores para convertirse en opacas y proyectar en la pantalla sombras de color negro. Estas figuras estaban hechas de metal y eran más pequeñas. Por su parte, en Oriente la finalidad era religiosa, y en Occidente es más lúdica, inclusive, en muchos hogares de finales del siglo XIX encontramos un pequeño teatrillo de sombras que ofrece a las familias la posibilidad de representar historias animadas.

 

Esto fue aprovechado, por ejemplo por Rudolph Salis, quien comenzó a realizar espectáculos de sombras en la sala Le Chat Noir de París que iban dirigidos a un público formado por artistas e intelectuales de la época. Entonces se logra un efecto de identificación con el espectador, que ve las aventuras del protagonista como suyas. Lo que le pasa al protagonista, por muy travieso que sea, Karagoz en este  caso, es más cercano, más palpable que lo que pasaba a los dioses de las sombras  orientales. También es de notar que empezó a ser habitual el uso de música que acompañaba a los narradores que explicaban a los visitantes las historias. A finales del siglo XIX tuvo lugar un resurgimiento de los espectáculos de sombras en el cual salen a flote los teatrillos para niños y la ombromanía, es decir, la creación de figuras mediante la sombra de las manos.