+ La Retórica Ya no Alcanza; Contra la Pobreza no Hay Defensa

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La frase:

Los buenos gobiernos, no son los que usan los impuestos de los trabajadores para dárselos a los flojos, los grandes gobiernos, son los que crean las condiciones, para que todos tengan trabajo.

JOSÉ MUJICA

 

EL DETALLE: Acompañé a un familiar a pagar, ayer domingo, su impuesto predial en la misma oficina –tienda de campaña– ubicada en Francisco Murguía y Avenida Juárez en donde lo hice yo. Pero la atención fue distinta a la que me dieron.

Cuestionó la cajera sobre el pago. Se le contestó que con tarjerta de crédito y entonces dijo: a 3 o a seis meses. Se aprovechó la oferta de seis meses.

Esto quiere decir que el joven que me atendió, no cumplió con su deber y no me ofertó nada. ¡Seguramente es un empleado sindicalizado e irresponsable!

 

La Retórica Ya no Alcanza; Contra la Pobreza no Hay Defensa

El discurso populista del presente gobierno federal inició con la promesa de acabar con la corrupción, la violencia y la pobreza, pero al fracasar pasó a la estrategia de culpar a los gobiernos neoliberales y conservadores de todas las desgracias, pero al rebasar la mitad del sexenio, es evidente que la retórica ya no alcanza para ocultar el fracaso ante el tiradero de miles de millones de pesos por la incompetencia en obras como el aeropuerto Felipe Ángeles, la refinería Dos Bocas y el Tren Maya; las montañas de muertos por todo el territorio nacional; un país dominado y controlado por el crimen organizado a pesar de estar militarizado; y la inflación incontrolable que acelera pobrezaenfermedad y muerte en el país.

Para lo que sigue funcionando el discurso mañanero es para mantener al presidente Andrés Manuel López Obrador en la cúspide de la popularidad, dada su enorme habilidad para reciclarse cotidianamente como víctima de los corruptos, los ambiciosos, los aspiracionistas, los intelectuales, los científicos, los empresarios, las clases medias, los medios de comunicación y todos aquellos que dudan de su misión infalible para convertir a México en la nueva Dinamarca.

Tiene todo el poder político, militar, mediático y presupuestal del país es sus manos, pero sigue victimizándose ante las masas si es pillado como encubridor de corruptos, si es criticado de incompetente por decisiones como la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el desabasto de medicamentos, la fallida estrategia para combatir la pandemia, la cancelación de fideicomisos que ha derivado en falta de mantenimiento y atención oportuna ante incendios forestales, inundaciones, desastres naturales, accidentes en instalaciones estratégicas, la carencia de planeación y el consecuente derroche de recursos en el Banco del BienestarSembrando Vida, la deforestación en la selva Lacandona, las universidades Benito Juárez, o el insaciable rescate financiero de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad. Siempre encuentra pretextos y culpables para evadir su culpa.

El reparto masivo de dinero, su manejo propagandístico de justiciero, su lenguaje populachero, su condición enfermiza de vulnerabilidad ante dos contagios por Covid-19 y otras tantas intervenciones por problemas cardiacos, le asegura la compasión popular y el arropamiento para seguir violando leyes, reglamentos y normatividad de toda índole en aras de seguir actuando y dañando a capricho.

El tiempo es su peor enemigo, el sexenio se acorta, la lucha a muerte por la sucesión presidencial se acelera, la economía se deteriora, las expectativas de crecimiento económico se reducen, su salud física se deteriora a tal grado de forzarlo a preparar su Testamento Político, a final de cuentas el pueblo le llorará.

Todos los indicadores muestran la evidencia clara del mayor de los fracasos en la historia de los gobiernos federales, aunque su óptica propagandística sigue vendiendo la esperanza del mejor gobierno del mundo y su obra transformadora.

En materia económica al final de su sexenio, cuando mucho podrá presumir un promedio de crecimiento del 1.3 por ciento, en lugar del ambicioso 6 por ciento que prometía como base mínima, pero con la certeza de que llegaría al 9%.

Las cifras de CONEVAL retratan la cruel realidad del fracaso lopezobradorista: 67 millones de personas carecen de ingreso suficiente para acceder a la canasta básica al cierre del año 2019, esto es, 5 millones más que el año anterior.

En materia de salud, son ya 36 millones de mexicanos excluidos del acceso a los servicios de salud, luego de que el gobierno de Morena canceló el Seguro Popular, pues para 2020 el alcance de la política social de la Cuarta Transformación únicamente llegó al 43% de esas familias, según cifras del propio sector salud.

En cambio, el número de ricos del país se ha elevado del 3 al 7 por ciento en lo que va del gobierno morenista, a pesar de su slogan de por el bien de todos, primero los pobres que sigue pregonando como centro de su actuación.

El presidente Andrés Manuel López Obrador agitando su pañuelito blanco en señal de haber erradicado la corrupción del sector público, queda en mera anécdota mañanera, cuando el World Justice Program muestra el ranking de México, en el que mide tres formas de corrupción en los países –sobornosinfluencias indebidas, y apropiación indebida de fondos públicos u otros recursos–, donde se refleja que en 2019 México ocupaba el lugar 117 de 126 países, y ya para el 2021 se ubicó en el lugar 135 de 139. Para  muestra su élite y su familia.

Igualmente, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, publica en su Corruptómetro Anual, que la impunidad en México sigue en los niveles de siempre, alrededor del 90%, pues la impunidad rebosa en actos de corrupción y conflictos de interés que incluyen a familiares y titulares de dependencias en un abuso nunca visto en el uso de recursos públicos vía las licitaciones y reasignaciones presupuestales, y de opacidad y clasificación de información para evadir la rendición de cuentas y la acción de la justicia.

De violencia ni se diga. En 35 meses de gobierno se han registrado más de 101 mil homicidios dolosos, más de 3 mil feminicidios y más de 2 mil desaparecidas.

Ante el fracasola retórica ya no alcanza, ¿no le parece a usted, estimado lector?