LEGADO DIGITAL

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Este 2 de noviembre en el cual recordamos a nuestros fieles difuntos sus memorias el día de hoy no son tan lejanas como en antaño, parte debido al desarrollo y uso extendido de dispositivos de captación de imágenes y videos digitales, y parte también gracias a los registros digitales distribuidos ampliamente en el entorno digital, principalmente a través de redes sociales en las cuales los perfiles de la población cibernauta van generando una descripción detalladas de los gustos y afinidades de las personas, que eventualmente a través del procesamiento automatizado y el uso de inteligencia artificial pudieran generar uno modo de respuesta en “piloto automático” en el que nuestra personalidad pudiera ser emulada a través de los algoritmos y combinada con deepfakes, de la misma forma en que el episodio de “vuelvo enseguida” muestra las posibilidades de comercialización de ese tipo de aplicativos.

Al día de hoy, salvo las cuentas conmemorativas o los cementerios virtuales, no se advierte alguna corriente relativa al uso de datos personales con posterioridad a la muerte del titular, y si bien, desde el punto de vista teórico sigue generando polémica la protección de datos personales de una persona con posterioridad a su muerte como parte de la protección de su voluntad, hoy, las barreras que en su momento no permitían lograr aproximaciones sobre el tema, hacen necesaria una reflexión actual acerca de las posibilidades de tutela de derechos de las personas con posterioridad a su muerte.

En ese sentido, así como es posible reconocer derechos en materia de propiedad intelectual a su autor y la cesión de los mismos a terceros beneficiarios, dichos mecanismos de protección patrimonial inmaterial justifican y ejemplifican la posibilidad de preservar elementos de la personalidad inmateriales como una titularidad equiparable a aquellos derechos de carácter moral.

Por otra parte, resulta conveniente advertir que el llamado derecho al olvido, no como el derecho de cancelación y oposición en buscadores (supresión), sino como parte de los extremos de la posibilidad de ejercicio de los derechos de la personalidad y como vertiente por antonomasia del derecho a la privacidad, en su acepción malentendida y reduccionista del derecho a no ser molestado,  es decir, desde una perspectiva propia y adecuada respecto de los fines con los que es posible ser asociado su contenido, el derecho al olvido desde una perspectiva amplia podría entenderse válidamente como el derecho a no dejar un rastro digital y/o el derecho a la no identidad una vez que se hubiera agotado el objetivo de su gestión, como lo sería la vida.

Bajo dicha perspectiva el derecho a la no identidad puede también encontrar contenido de oposición al tratamiento digital, con lo cual complementariamente encontraríamos sustancia no sólo en cuanto al ejercicio de la libertad como parte de la preservación de la identidad, sino como parte de los derechos a la igualdad y no discriminación frente a terceros, es decir, ante una eventual extensión de la economía digital que requiere de manera intensiva y frecuente un mayor tratamiento de nuestros datos ¿resultaría factible que el titular se oponga a proporcionar sus datos sin que ello le condene a la exclusión y/o pueda dar lugar a discriminación?, considero que sí, puesto que la modernidad no debería convertirse en un presupuesto que afecte la creencia de las personas, sin perjuicio de que en los hechos las posiciones y proposiciones pretecnológicas, pudieran representar comodidad y facilidades en la vida cotidiana.

Desde dicha aproximación el derecho al olvido podría entenderse como el derecho a que no se registre información por parte de las y los titulares con posterioridad a que dicha información sea utilizada para las obligaciones reales y personales que sean requeridas frente a los derechos de terceros durante el mínimo indispensable para el cumplimiento de dichos fines y, por otra, el derecho a la sucesión digital podría contar con una perspectiva de aplicación más amplia.

Actualmente ese derecho puede tutelarse en la legislación mexicana en materia de protección de datos personales del sector público, posibilitando el ejercicio de un interés jurídico directamente frente los responsables del tratamiento, y mediante una valoración de razones dentro del medio de impugnación contra la respuesta de estos últimos, a través del acreditamiento de un interés jurídico, provocando un hito relevante pero acotado respecto del tratamiento de datos personales respecto a personas fallecidas, lo cual principalmente se justifica como parte de los requerimientos vinculados con el derecho de acceso, en el entendido de que gran parte de los tratamientos requeridos como parte de la muerte son relativos a demostrar filiación o afinidad con una persona que hubiese generado un mandato a favor de otra, y por ende, dichos accesos generalmente se dan en torno a la entrega de datos para permitir el cumplimiento de condiciones administrativas o legales en ciertos tipos de obligaciones o contratos, como los de seguro, con lo cual se posibilita el ejercicio de derechos respecto de personas fallecidas para fines prácticos para asuntos relacionados con los derechos de la personalidad de las y los titulares fallecidos.

Sin embargo, también contamos con la experiencia comparada respecto de lo que se encuentra reconocido en la ley de protección de datos personales española y garantía de derechos digitales que considera de manera expresa la existencia de un testamento digital, a fin de permitir el acceso a contenidos gestionados por proveedores de servicios de la sociedad de la información sobre personas fallecidas con reglas similares a las del derecho civil para las sucesiones legítimas, es decir, las intestadas o en las que no existe testamento, que hasta no hace poco, representaba el principal criterio a seguir para fijar los elementos concernientes a la legitimación de terceros para acceder información concerniente a una persona fallecida.

Una vez resuelto el tema procedimental, para el desarrollo adecuado del contenido de lo que debería formar parte de los derechos a la herencia y legado (para distinguir los elementos concernientes a un carácter patrimonial con el de  un derecho moral, respectivamente) que a su vez debería contar en principio, con su contraposición, como podría resultar a través del derecho al olvido en sentido amplio, con el objeto de no dejar un rastro digital a fin de que en vida no solamente se pueda determinar el alcance de la información que ha sido generada en vida, sino su uso posterior por cualquier nueva tecnología, equilibrando a su vez, los derechos de terceros que podrían tener sobre dicha información como en el caso de los descendientes que podrían también alegar un derecho a la memoria y al origen.

Cuestiones tecnoéticas y legales que surgen el día de hoy ante la posibilidad no solamente de heredar contenidos digitales intangibles, sino en esencia toda la información personal que ha sido generada en los perfiles y cuentas, mismas que deberían, impulsadas por criterios legales en torno al uso y aprovechamiento de dicha información, empezar a considerar perfiles y aplicativos con posterioridad a la muerte de sus titulares, a fin de que el acceso que se requiera para finalidades entre vivos, no traspase la última voluntad en torno a la última disposición de la información personal de un titular, a fin de evitar que el derecho a la memoria, que permanece como parte del legado, se pueda ver afectada por alguna filtración de información que el titular haya decidido mantener en secreto con posterioridad a su muerte, por lo que el debate y análisis en torno a este derecho también podría aceptar diversas medidas de gradualidad en torno a su ejercicio.

Bajo el escenario de una estructura legislativa-normativa sobre el particular, será posible descubrir un nuevo espectro de derechos, mientras tanto, me uno a la remembranza de quienes nos antecedieron, haciendo patente su existencia en este medio digital, a quienes estuvieron aquí antes de las redes sociales y que hoy les sobrevivimos buscando dar lo mejor por nuestra familia. Descansen en paz abuelas y abuelos; mami, sigues más viva que nunca en nosotros.

Hasta la próxima.