Línea 12: quizá la verdad no importe

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Ocultar información pública además de ser ilegal, despierta sospechas que, si bien podrían ser injustificadas, provocan una desconfianza que no abona a la democracia.

 

26 personas perdieron la vida en una fatal y trágico accidente en el que un tramo de la línea 12 del metro de la Ciudad de México colapsó. Los fallecidos, odontólogos, albañiles, ingenieros, contadores, adolescentes, obreros, personal de limpieza, gerentes, abogados, funcionarios públicos, etcétera, personas que solo iban de vuelta a casa después de sus jornadas laborales.

¿Quién responderá frente a la justicia? ¿Quién asumirá la responsabilidad técnica? ¿Quién asumirá la responsabilidad administrativa? ¿Quién asumirá la responsabilidad política? ¿Seguiremos en el país donde NO pasa nada aún en la era de la “cuarta transformación”?

El gobierno de la Ciudad de México contrató a una empresa extranjera para hacer un análisis de lo sucedido, llegaron dos informes preliminares, el tercero nunca llegó porque no fue recibido por la administración de la actual jefa de gobierno de la Ciudad de México ya que a su criterio presentaba contradicciones y porque tenía deficiencias en su metodología, aun así, la pregunta es: ¿Por qué no se hizo público este hecho?

El mencionado tercer informe fue entregado, aunque no formalmente, ahora lo sabemos, a finales de febrero del año 2022, y no es hasta mayo de este año que nos enteramos de dicha circunstancia, además, se “filtró” en la prensa, y en él se concluyó que hay tres momentos de responsabilidad compartida: el diseño y la construcción, el mantenimiento y la supervisión.

Disculpe mi simplismo ciudadano, pero no siendo experto, para mi era evidente que la trabe que se cayó y que provocó la muerte de estas personas, sí se pudo haber detectado con la debida supervisión. Si verifico el estado de un transporte público constantemente, en teoría puedo percatarme de qué está funcionando correctamente y qué no. Es evidente que hay responsabilidades compartidas, el caso es que como muchas veces sucede, la clase política mexicana no quiere reconocer que se ha equivocado.

Así las cosas, como se suelen hacer las cosas en México, medio bien, medio mal y luego ya se verá.

Repetiré una de las preguntas que hice previamente ¿quién responderá políticamente frente a esto? ¿De verdad llegaremos a la verdad en algún momento? ¿De verdad, la verdad importa para los políticos? Y es que en un mundo de apariencias resulta sencillo aparentar que la culpa es del otro, nunca mía.

La democracia para que realmente se viva tiene varios “requisitos” indispensables dentro del contrato social estructurado a través del tiempo en las sociedades occidentales, entre ellos podemos señalar: las elecciones libres, el voto secreto, la transparencia y la rendición de cuentas.

Respecto a la transparencia, me resulta inquietante la opacidad con la que la jefa de Gobierno manejó la crisis del informe, me refiero a por qué un informe que ella misma solicitó y que todos los contribuyentes pagamos, no se hubiera dado a conocer de manera inmediata, y tuvimos que enterarnos por un periódico. ¿qué se pretendía ocultar? Entonces ¿no quería la política electa que nos enteráramos de los resultados? ¿es que cuando la verdad que no me ayuda, deja de ser verdad y la que sí me ayuda sí lo es?

No es novedad que los políticos en el mundo muchas veces intentan ocultar determinadas decisiones, acciones o asuntos por motivos de seguridad, pero en el caso en concreto, me parece que no aplica y es que en qué cabeza cabe que en un mundo hiper-tecnologizado no acabaríamos por enterarnos sobre dicho informe.

Hoy en día la tecnología pone al descubierto casi cualquier cosa, en tiempo real y de manera masiva, por lo que la transparencia se convierte en fundamental para evitar sospechas. Antes no teníamos tanto acceso a la información, pero también, al menos en la teoría, la democracia ha evolucionado, conceptos como gobierno abierto, gobierno electrónico y democracia participativa se hacen presentes al menos en los discursos, ya vimos que no necesariamente en la práctica.

Además de que espero y deseo que efectivamente haya una acción contundente por parte del gobierno de la Ciudad de México para responsabilizar a los omisos que causaron estas desgracias, también deseo que los políticos entiendan y aprendan la lección: la secrecía y el ocultamiento de información ya no debería ser una opción.

Para ser verdaderamente democráticos nos falta mucho en materia de transparencia en México. Tenemos leyes que obligan a los gobiernos a transparentar el uso de los recursos, salarios y una serie de asuntos públicos de los que los ciudadanos tenemos derecho a enterarnos, pero hay otra transparencia que no lo es tanto, la de la responsabilidad y rendición de cuentas en el ámbito político. En resumen, asumir que nos equivocamos.

Es importante recordarles a los gobernantes que están en el puesto que están, para hacer su trabajo: gobernar en beneficio de todos. La sociedad ha evolucionado y resulta fundamental que recuperemos la confianza mutua entre gobernantes y gobernados, de lo contrario seguiremos viviendo con el velo de la desconfianza. Las apariencias sí son importantes, pero la verdad lo es aún más, aunque para los proyectos políticos personales, la verdad quizá no importe tanto.

Carlos Gonzalo Blanco Rodríguez

Abogado y Profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey.