Lo único seguro es la muerte

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La semana pasada hablamos acerca de los beneficios de transferir a una compañía aseguradora el riesgo de sufrir una enfermedad o afección a la salud, ya que hacerle frente no es muy recomendable para los bolsillos.

Pues lo mismo sucede con la vida o, mejor dicho, con la muerte. Y la razón se incrementa dado que, si bien, el riesgo de enfermarse o de sufrir un accidente se encuentra siempre latente y puede nunca ocurrir; no sucede lo mismo con la muerte, ya que ese acontecimiento siempre, siempre es seguro. Para morir nacimos. Lo único seguro que tenemos en esta vida es la muerte. Desde el momento en que nacemos, empezamos a morir.

Y no quiero asustarlo ni mucho menos. Lo que quiero, y lo que siempre he querido a lo largo de todo este tiempo, que he compartido con usted estas columnas financieras, es que vea con claridad todos los escenarios, sin tapujos.

Morirse cuesta dinero. Recuerde, nada es gratis en esta vida. ¿A poco usted pensaba que sólo se caía y ya? Pues déjeme decirle que no. Cuando uno muere, deja, además de una dolorosa pérdida para familiares y amigos, una deuda en dinero para los mismos. Simplemente los gastos funerarios, ¿Se ha preguntado cuánto cuesta un servicio funerario en México? Pues van desde 50 mil pesos y de ahí para arriba, dependiendo qué tan lujoso o qué servicios solicite. ¿Se va a cremar?, o ¿será enterrado?, ¿en qué panteón?

¿Dónde va a tener su nicho para resguardo de las cenizas?, ¿la misa?, ¿las exequias?, en México se acostumbra dar alimentos, ya sea café y pan durante los 9 días que dura el novenario.

Y ya ni mencionar que hay algunos que se pasan de listos y se aprovechan del dolor que sienten los familiares, para ofrecerles los servicios funerarios a costos altos, ya que en esos momentos nadie tiene cabeza para ver todo lo que está firmando o contratando.

Y eso que no hemos tocado el tema del testamento. México es un país muy supersticioso, la gran mayoría de los mexicanos piensan que hacer el testamento es algo que se hace cuando ya uno se va a morir. No puede haber pensamiento más errado. ¿Cuando uno ya se va a morir ?, Ah caray y ¿Cuándo es eso? Yo le pregunto ¿Usted sabe cuándo se va a morir? No ¿verdad? Nadie lo sabe. Y es por eso que debemos estar preparados. Deje de lado esas absurdas ideas de que si uno hace el testamento está llamando a la muerte, o que, si uno habla de la muerte, se va a morir pronto.

Si eso fuera cierto, un servidor habría muerto hace varios años.

Yo recomiendo sentarse con su familia y hablar claramente respecto a qué se debe hacer en caso de fallecimiento, cuál será el proceder. Dejar bien claro dónde se encuentran guardados los papeles importantes, tarjetas de banco, seguros, claves, etc.

Dejar bien entendido a quién se debe avisar en caso de ese acontecimiento. A quién se le va a dejar qué cosa. Y aquí entra el testamento ya que, para bien o para mal, la palabra no tiene valor en las leyes mexicanas, papelito habla. De nada sirve que, llorando clame por la casa que le dejó su pariente, o el automóvil que jura, le fue otorgado en su lecho de muerte. Si no está por escrito y firmada por un notario, la voluntad del difunto no tiene valor.

Y ya no hablemos si los deudos están de acuerdo o no. Aún existiendo una excelente relación entre, los familiares, y sin ninguna avaricia de por medio, si no hay testamento, todos los trámites se complican. Porque, por poner un ejemplo: Qué tal si el finado dejó algún hijo sin reconocer. La Ley debe asegurarse de que no hay otro interesado en los bienes del difunto. Y eso, permíteme decirle, lleva tiempo.

Y si tiene todo su dinero en el banco, ¿quién va a tener la autorización para sacar ese dinero?, el banco también se protege y siguiendo el mismo principio, no va a permitir que se vacié en su totalidad la cuenta del difunto.

Y así, una larga lista de dolores de cabeza que se pudieron evitar, planeando y platicando…

Nos vemos después de Muertos, si Dios quiere.