Los chelos diabólicos del metal, la batuta entre orquestas y cuartetos, violines, pianos, baquetas y metales
Valdría la pena comenzar a charlar un poco del instrumento como protagonista de grandes creaciones musicales, primero en la música docta y luego en el metal como un invitado poco común aunque cada vez más honrado por diferentes grupos y géneros del metal. Así es que habría que contar que este personaje nació en la primera mitad del siglo XVI, como el bajo de las violas de braccio. Cabe destacar para deleite de muchos escuchas que se ha mantenido con vida desde 1572.
No olvidemos la aportación de Stradivarius en el sentido de lograr mayor proporción en sus dimensiones. Desde entonces fue usado por quien a juicio de muchos músicos y estudiosos de estos temas, y por supuesto de la insignificante R, es el más grande compositor de todos los tiempos, sin duda alguna por el virtuoso Johan Sebastian Bach. Claro ejemplo son los cantares de Leipzing y más aún impresionante cuando nuestro invitado de esta charla era utilizado por el compositor en la suite para chelo número cinco.
Finalmente con algunas modificaciones logró un lugar como instrumento musical de cuerdas en una orquesta sinfónica y se consolida como camerístico. Así que podemos definir a nuestro invitado especial como de cuerda frotada y podemos situarlo entre la viola y el contrabajo dado su registro –tres octavas y un poco más– y tamaño, además lo podemos considerar que se aproxima a la línea de voz. Cabe también comentar que es el arco –algunos pensarían un simple accesorio– la pieza de más relevancia ya que es el protagonista de las grandes hazañas mágicas en su técnica convirtiendo al sonido en algo utilizable y deleitable. Con el solo hecho que puede pasar de un matiz a otro en mucho menos que un instante.
Una vez presentado nuestro anfitrión, hay que decir que la música docta siempre ha tenido un fuerte lazo con el Heavy Metal, no hace falta insistir en aquella incursión de Deep Purple, sumándole melodías a su Hard Rock. Por ahí también se asomaban Yngwie Malmsteen y Jason Backer recreando las esencias de Paganini y Bach con la magia de sus manos guitarras alocadas. Y más aún la sublimación del riff entrecortado de la quinta de Beethoven. Valdría también señalar a aquellos músicos de conservatorio que, sólo tal vez, aterrizaron en una banda de death metal progresivo.
Pero más apetecible aún para nuestro anfitrión fue la creación por allá en Finlandia de un parteaguas en la hermandad sonora. No fueron los primeros, ni serán los últimos, pero llegaron Eicca Toppinen, Paavo Lötjönen, Perttu Kivilaakso, todos ellos músicos con diploma universitario, incluyendo al baterista Mikko Sirén. Entraron en escena para honrar a las bandas más grandes del metal interpretando a algunos trascendentales de manera sui generis únicamente mostrando la proyección del anfitrión tocando temas de Metallica, Pantera, Sepultura, Slayer, por mencionar algunos.
Así es que sin duda en 1996 cuando sale al mercado Plays Metallica by four Cellos, tal vez, sólo tal vez, se generó una conmoción al no estar preparados los escuchas para digerir que la música corrosiva y pesada de Metallica pudiera ser interpretada sin disminuir un ápice su brutalidad por un instrumento clásico como el que hemos presentado aquí.
Cómo era posible que tan inocente anfitrión tocara sonidos semejantes a los de una guitarra eléctrica y sonar deliciosamente en piezas ya clásicas del rock como el reconocido Enter Sandman. Más tarde lanzan también al mercado Inquisition Symphony. Incluían covers de Pantera, Faith no More y Sepultura, inclusive graban tres rolas de la autoría de Toppinen, líder de la banda. Quien de manera magistral en Cult interpreta diez rolas originales de su autoría. Y además sorprende con la inclusión de Fight Fire With Fire, Until it Sleeps amabas de Metallica. Pero llama más la atención el regreso a sus orígenes clásicos con Hall of The Mountain King, de Eduard Grieg.
Ahora bien, les cuento lo comentado por un miembro de la. Banda en alguna entrevista con la intención de que se comprenda más esta sui generis propuesta que cada vez más bandas están adoptando. El mismo músico nos da elementos de como es posible esto y también para entender el éxito que va más allá del vanguardismo y hacer algo diferente. Nos explica Paavo Lötjönen que hay varias cuestiones que se utilizan para una aproximación al sonido pesado de Apocalíptica. Una tiene que ver con la forma de tocar que puede ser comparada con una técnica clásica, sin embargo no pierden el poder que, sin duda, es muy físico. Por ejemplo, hay ocasiones en que tocan riffs con dos cuerdas a la vez lo que provoca un sonido pesado y brutal.
Es fundamental la forma de interpretación, se combina también tocando solos, –sólo tal vez lo más complicado respecto a la técnica docta– pero también melodías con alto contenido clásico. Sin embargo, los riffs y las partes de bajo son creadas con la técnica apocalíptica. Otro elemento serán los micrófonos y efectos como la distorsión y los delays, así como los amplificadores de guitarra. Todo se conjunta como en una caja de herramientas con todo lo necesario para rockear, para generar heavy metal. Entonces al parecer la magia está en el amalgama con el elemento clásico, en el metal todo pasa más rápido, pero tiene las mismas emociones.
La música de Wagner es más romántica pero al final de la noche resulta bombástica. Nos dice Lötjönen que a veces llegan a ese nivel de las mismas emociones, pero es más masculina que la música de Wagner que es todo un desafío su verdadera escucha, tal vez más de cuatro horas de ópera que podría resultar brutal con la rapidez del metal y misma carga emocional.

