+Los chongos de la Feria del Alfeñique, rehenes de la mafia; Save ChildrenMx: Futuro Sin Empleo es un Presente sin Justicias
La frase:
Entre las dificultades se esconde la oportunidad.
ALBERT EINSTEIN
EL DETALLE: ¡Lamentable! Los malosos, los que cobran piso y extorsionan, ya llegaron a la Feria del Alfeñique. Resulta que, en los puestos que se localizan en Los Portales hay además de figuras de alfeñique, dulces de excelente manufactura entre ellos los llamados Chongos que no Zamoranos, sino hechos en Toluca.
En la feria del año pasado cada chongo costaba 35 pesos, en los primeros días, en la actual feria costaron 40 pesos, pero desde este fin de semana ya cuestan 45 pesos. La razón, es que la leche bronca con la cual se manufacturan, y está controlada por los delincuentes. Esa es la razón del incremento de cinco pesos más.
¿Qué hacen las autoridades policiales al respecto?
Respuesta: ¡No comen chongos!
Save ChildrenMx: Futuro Sin Empleo es un Presente sin Justicias
Uno de los principales retos que enfrenta la empleabilidad juvenil es la desconexión entre la formación que reciben en los sistemas educativos y las competencias que demanda el sector productivo. La currícula escolar, muchas veces estandarizada y descontextualizada, en pocas ocasiones responde de manera adecuada a las realidades económicas, sociales y productivas de cada región del país, sostiene Miguel Ramírez Sandi, coordinador de Incidencia Política en Protección de la Niñez de Save the Children México (@SaveChildrenMx), organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes.
Detalla que en México, adolescentes y jóvenes que se encuentran en la etapa de transición hacia la vida adulta enfrentan múltiples desafíos estructurales que dificultan su acceso a diversos derechos, entre ellos el de un empleo digno, sostenible y acorde con sus aspiraciones y potencial. Estos desafíos se vuelven aún más críticos cuando consideramos a las y los adolescentes en edad legal para trabajar —a partir de los 15 años según la legislación mexicana— quienes se ubican en una franja de alto riesgo del espectro laboral, ya que no son completamente escolarizados ni plenamente integrados al mercado formal de trabajo.
Uno de los principales retos que enfrenta la empleabilidad juvenil es la desconexión entre la formación que reciben en los sistemas educativos y las competencias que demanda el sector productivo. La currícula escolar, muchas veces estandarizada y descontextualizada, sociales y productivas de cada región del país en pocas ocasiones responde de manera adecuada a las realidades económica. En zonas rurales, por ejemplo, el potencial del sector agropecuario no se ve reflejado en programas de formación técnica pertinente; en contextos urbanos, las economías locales basadas en el comercio, los servicios o la industria tecnológica carecen de una retroalimentación constante con las escuelas de nivel medio superior y superior para actualizar planes de estudios de forma periódica. Esto genera un círculo vicioso: jóvenes con niveles educativos concluidos, pero con escasas oportunidades reales de acceder a un empleo digno y sostenible.

Además, existe una débil articulación entre instituciones educativas, gobiernos locales y actores del sector privado, lo que impide el desarrollo de rutas claras de inserción laboral para adolescentes y jóvenes.
Este fenómeno afecta de forma diferenciada a cada región del país. En estados con una base económica rural o agrícola predominante, las oportunidades de formación técnica especializada son limitadas o inexistentes, lo que margina a las juventudes rurales de los procesos de desarrollo económico local. Por otro lado, en regiones con vocación industrial, las y los jóvenes enfrentan dificultades para acceder a programas que respondan ágilmente a los requerimientos de industrias en expansión, como la automotriz o la aeroespacial.
Al mismo tiempo, el sector privado enfrenta sus propios desafíos. La identificación clara de los perfiles de recursos humanos que requiere es, con frecuencia, difusa e improvisada. Muchas empresas carecen de mecanismos internos para traducir sus necesidades en términos de habilidades, conocimientos y actitudes específicas requeridas para cada posición. Esta falta de articulación estratégica repercute en los procesos de reclutamiento y capacitación, y también en la retención de talento joven. En un país donde la informalidad es la norma para millones de personas jóvenes, esta desconexión profundiza la exclusión laboral y precariza el acceso a derechos como la seguridad social, el desarrollo profesional y un ingreso digno.
El desfase entre lo que se enseña y lo que se necesita no es sólo una falla de diseño educativo, sino el reflejo de una ausencia de visión estratégica compartida entre los sectores público, privado y educativo.
Precisa que, ante este panorama, Save the Children México ha hecho esfuerzos por construir puentes entre las juventudes y el mundo laboral. Impulsamos programas de orientación vocacional con perspectiva de derechos, formación en habilidades socioemocionales y laborales, fortalecimiento de capacidades emprendedoras, y mecanismos de vinculación con actores del sector privado comprometidos con la inclusión y la responsabilidad social.
El sector turístico, en particular, ofrece un terreno fértil para este propósito. México cuenta con una diversidad cultural, geográfica y gastronómica que lo posiciona como uno de los destinos más atractivos a nivel global. Sin embargo, la profesionalización del sector y la generación de empleos de calidad siguen siendo asignaturas pendientes. Capacitar a las juventudes en áreas como servicio al cliente, idiomas, tecnologías turísticas, producción audiovisual, marketing digital y gestión sostenible del patrimonio, puede no solo mejorar sus condiciones de vida, sino también detonar el atractivo turístico de regiones tradicionalmente excluidas del circuito económico nacional.

Para ello, será indispensable que los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) diseñen estrategias específicas de inclusión laboral juvenil con enfoque sectorial, territorial y de género. Estas estrategias deben incluir incentivos fiscales y normativos para que las empresas contraten jóvenes en condiciones dignas. Asimismo, se deben fortalecer los mecanismos de inspección y supervisión para garantizar que las condiciones en las que laboren adolescentes y jóvenes cumplan con lo establecido por la Ley Federal del Trabajo.
Concluye Miguel Ramírez Sandi: el tránsito hacia una empleabilidad juvenil digna y sostenible implica una transformación profunda de las estructuras que hoy limitan el desarrollo de millones de adolescentes y jóvenes en México. Esta transformación no puede aplazarse. La ventana de oportunidad que representa el Mundial de 2026 debe aprovecharse para consolidar alianzas público-privadas-sociales que apuesten por una inclusión laboral con derechos, por una educación pertinente y de calidad, y por un sector productivo que reconozca el valor de las juventudes como agentes de cambio y desarrollo. Veremos si tiene eco, ¿no le parece a usted, estimado lector?


