LOS QUE PASARON LA RAYA

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La historia se repite. Ese es uno de los errores de la historia.

Charles Robert Darwin

Nuestra historia es rica en personajes que lo dieron todo por una causa, una presea, un motivo que para muchos pudiera ser cuestionable o simplemente inválido. A veces, la h de héroe es en realidad la h de humanidad y, si la mirada del historiador –en especial el biógrafo– se atreve a otear en el alma como lo hace el marino desde la atalaya, buscando  tierra firme donde atracar, será posible avistar a los protagonistas detrás de los hechos.

Al alma humana, la animan el bien y el mal que conviven en ella. ¿Recuerdas lo que ocurrió alguna vez entre Batman y Superman en el universo DC? Batman juzgó la compasión y los principios de su compañero justiciero Superman, como debilidad: Si Clark quisiera, podría usar su supervelocidad y aplastarme contra el cemento. Pero sé cómo piensa. Incluso más que la kryptonita, tiene una gran debilidad. En el fondo, Clark es una buena persona… y en el fondo, yo no lo soy.

 

Fuera del universo DC, los hechos son observados de manera menos profunda. Solemos juzgar en forma ligera: ¿Opuesto a nuestros intereses? Sin duda, ¡es malo! ¿Coincide con nuestro deseo o conveniencia? Por supuesto, ¡es un héroe! La opinión de cada uno es su propia verdad y debe ser respetada. Comoquiera, en la práctica, vemos cómo discrepar suele levantar pasiones, desencuentros y es capaz de poner a un mundo, en llamas.

¿Qué hace que pasemos a la posteridad –a los ojos de otro humano– como malos o buenos?

El historiador José Antonio Del Busto era un apasionado de los protagonistas; él, sabía que los humanos somos seres interpretativos y que nunca dos personas, con diferentes características y antecedentes, podrán interpretar del mismo modo, un hecho. Amante de la verdad como era, reconstruyó los viajes de los actores de la historia ¡en los seis continentes! para acercarse a sus motivos, pensamientos y sentir, en cada momento clave.

Una de las figuras que investigó durante cuatro décadas fue el español Francisco Pizarro. Polémico por donde se le mire, ¿verdad? Del Busto, escribió: No vamos a hacer la pintura del monstruo, tampoco vamos a mostrar a un ángel; vamos, sencillamente, a hacer el retrato del hombre. Pizarro, hijo de un hidalgo español y una humilde labradora, ha avivado mucho viento en contra y poco a favor; con todo, cabe resaltar que su gran poder de convocatoria, significó una vuelta de tuerca para el destino de los pueblos americanos.

LA COPLA ACUSADORA Y LOS TRECE DEL GALLO

En 1523, Pascual de Andagoya(*) había regresado con un poco de oro de lo que él llamaba el Pirú (o Perú), nombre que provenía de Birú –un cacique panameño, rico en oro, de quien  los españoles habían escuchado en sus primeros viajes a las costas del Pacífico– lo que  originó la ambición de los exploradores europeos. Sin embargo, en 1527, los soldados que partieron de España en busca del dorado país empezaron a dudar de su existencia y reclamaron a Pizarro, el retorno inmediato. El conquistador, prefería perecer a volver sin éxito y se negó de mala manera. Comoquiera, la enfermedad, el hambre y algunos nativos hostiles lo obligaron a pedir refuerzos a Panamá. Y desde aquel lugar, llamado Isla Del Gallo (actual Colombia) partió el socio, Don Diego de Almagro a cumplir el encargo.

Lo que no sabían los conquistadores es que, la tropa –al borde del motín– había encargado  al soldado Juan de Saravis, paisano de Pizarro, escribir y esconder dentro de un ovillo de algodón –regalo para la esposa del gobernador Pedro De los Ríos– la siguiente copla:

Pues señor gobernador

Mírelo bien por entero,

Que allá va el recogedor

Y aquí queda el carnicero.

 

La firmaron colectivamente. Una nota adjunta detallaba los abusos de Pizarro (el carnicero).

Poco después, llegó un navío desde Panamá. Pizarro pensó que eran las vituallas solicitadas pero la algazara de la tropa evidenciaba su traición. Continuar en solitario, sin embargo, no estaba en sus planes y decidió jugar su última carta. Así lo describe Del Busto:

El trujillano debió echar fuego por los ojos. Pero no se dejó ganar por la pasión y, desenvainando su espada, avanzó con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a todos y evitándose una arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena. Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere.

 

Un silencio de muerte rubricó las palabras del héroe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir la arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes, que, en número de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio cruzar la línea, no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello...

 

¿Cómo logra alguien que trece hombres que no creen en él, agotados moral y físicamente, se embarquen otra vez, bajo su liderazgo, incluso cuando el riesgo de muerte es elevado?

 

El comunicador y actor peruano Gianfranco Brero en su imperdible libro: ¿Cómo lo digo? Convence a tu audiencia antes de la primera palabra, esboza una respuesta:

 

En resumen, Pizarro sabía lo que quería, conocía a sus hombres y puso sus emociones, a su favor. Dejó en claro que estaba en control de la situación, se valió de un discurso corto y bien estructurado y miró a todos a los ojos. Sus ayudas visuales no fueron slides que los hombres iban leyendo: fue una línea trazada con una espada.

El resto ya lo conocen.

 

Brero explica que trazar la línea en la arena fue un buen efecto dramático para evidenciar la separación de los valientes que se quedaban, de los cobardes que se iban.

 

¿Qué determina que confíen o no, en nosotros? Conocer a nuestra audiencia y hacer el mejor uso de nuestras habilidades emocionales y racionales para comunicar adecuadamente y relacionarnos eficazmente con ella. La confianza allana el terreno en un 50%. Esto funciona en toda relación humana. Nos permite comunicar un objetivo y eso ayuda al fluir de los hechos. La ética exige respetar la opinión, el interés y el deseo de los comunicantes, por supuesto. Se espera que un líder recoja y desarrolle las bondades de cada opinión para inspirar, convocar, unir, construir y desarrollar, no lo contrario.

La antigua estrategia romana, de conquista: “Divide y Vencerás”, no fue necesaria para conquistar el Perú. Pizarro llegó detrás de la viruela, que había diezmado la población nativa y en medio de una guerra fratricida entre Huáscar y Atahualpa, lo que facilitó las cosas.

Es una pena, que la historia se haya repetido tantas veces: países ricos en cultura, ingenio y recursos naturales separados y debilitados por oportunistas que se aferran al poder y a la riqueza, quienes polarizan y azuzan la voluntad de un pueblo que –como todo pueblo– ignora algunas causas y consecuencias, pero conoce bien sus propias necesidades.

Es una pena, que esta no sea sólo la historia del Perú. ¿Aprenderemos un día? Lo espero.

 

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Bibliografía:

1.Busto, José Antonio del (1978). Francisco Pizarro.El marqués gobernador.

2.Miguel Maticorena Estrada (1979). El vasco Pascual de Andagoya, inventor del nombre del Perú.

3.Brero, Gianfranco / Bruce, Patricia (2013). ¿Cómo lo digo? Convence a tu audiencia antes de la primera palabra.