Los trabajos y los días

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Su incorporación al Instituto de Ciencias y Artes le hizo madurar rápidamente en su situación personal, pero también, en las responsabilidades para con su Estado y el país, cuenta: En 1829 se anunció una próxima invasión de los Españoles por el Itsmo de Tehuantepec y todos los estudiantes del Instituto ocurrimos a alistarnos en la milicia cívica, habiéndoseme nombrado teniente de una de las compañías que se organizaron para defender la independencia nacional. En 1830 me encargué en clase de sustituto de la cátedra de física con una dotación de treinta pesos con los que tuve para auxiliarme en mis gastos. En 1931 concluí mi curso de jurisprudencia y pasé a la práctica al bufete del licenciado don Tiburcio Cañas. Sólo once años de ese 1829, el adolescente de 12 años que llegó a Oaxaca en este tiempo recorrió mil vericuetos, senderos y calles para ser un ciudadano ejemplar, de los del progreso y la libertad, de los republicanos y federalistas: para vergüenza de Lucas Alamán, Antonio López Santa Anna o Comonfort. La comparación de biografías, derivadas de un movimiento que abarca de 1806 y hasta 1872, es la época gloriosa de un país que iba naciendo y a pesar de sus enemigos de dentro o de fuera, forjó un nombre que se conoce en el mundo: MÉXICO.

 

De no saber leer, ni escribir ni dominar el castellano, en 11 años el ciudadano de Oaxaca, venido de San Pablo Guelatao, era ya un mexicano que tenía su país en el alma y el corazón. En su intelecto como una vocación de vida. Escribe don Benito: En 1831 concluí mi curso de jurisprudencia y pasé a la práctica al bufete del licenciado don Tiburcio Cañas. En el mismo año fui nombrado Regidor del Ayuntamiento de la Capital por elección popular y presidí el acto de física, que mi discípulo don Francisco Rincón dedicó al cuerpo académico del Colegio Seminario. La vida de Juárez cambia de mes a mes y de año en año. No tuvo descanso, quizá por eso, es que su muerte tiene que ver con el corazón, que trabajó y trabajó siempre bajo la presión personal y de las circunstancias de todo tipo que tuvo en su existencia.

 

Dice el Benemérito: En el año de 1832 se inició la revolución contra la administración del presidente de la República don Anastasio Bustamante, que cayó a fines del mismo año con el partido escocés que le sostenía. En principios de 1833 fui electo diputado al Congreso del Estado. Estudioso del Derecho, cada vez más la vida le ha de ir llevando por ese camino para representar como pocos en América Latina la defensa de la Ley, de la Norma, por encima de todo interés ilegítimo. El haber salido niño aún de su tierra, escapándose a un mundo del que no tenía la menor idea dio resultados que seguramente a sus hermanas y tíos daría tanto orgullo en vida. El chamaquito sin destino ni fortuna que había escapado era ya un diputado de la entidad tan extensa que era y es Oaxaca. Hace bien el pueblo oaxaqueño al decir que en su tierra les nació un don Benito Pablo Juárez García, del cual el mundo tiene referencias de su grandeza. Por encima de las críticas que según los reaccionarios que no acostumbran valorar de manera objetiva lo que estudian, sería el enemigo de ellos, cuando su trabajo lo fue por todo el pueblo y por la consolidación de una nación: se dice fácil, pero insisto, pertenece al mundo de los clásicos su vida y su obra.

 

Nos cuenta Juárez: Con motivo de la ley de expulsión de Españoles dada por el Congreso general, el obispo de Oaxaca, don Manuel Isidoro Pérez, no obstante de que estaba exceptuado de esta pena, rehusó continuar en su Diócesis y se fue para España. Como no quedaba ya ningún obispo en la República, porque los pocos que había se habían marchado también al extranjero, no era fácil recibir las órdenes sagradas y sólo podían conseguirse yendo a la Habana o a Nueva Orleans, para lo que era indispensable contar con recursos suficientes, de que yo carecía. Esta circunstancia fue para mí sumamente favorable porque mi Padrino conociendo mi imposibilidad para ordenarme de sacerdote me permitió que siguiera la carrera del foro. Respetuoso, pero astuto, Juárez sabía dar a quien respetaba y quería las razones para no ser sacerdote, es decir, el destino o diosito que lo ponía en tales condiciones. Su destino y Dios lo conducían hacia la carrera de abogado, hacia el estudio y la especialización, cuando es honesta la carrera, de la norma que va respetada por encima de cualquier otra sinrazón legal y humana.

 

Así que sus memorias, que son una joya de nuestra vida nacional en el siglo XIX, quedan ahí. Hay de aquellos que para nada estudian estos Apuntes para mis hijos siendo docentes o políticos. Deberían de ser libros de bolsillo y personales los Apuntes… y La carta de respuesta a Sor Filotea de la Cruz de nuestra Sor Juana Inés, lo he de repetir múltiples veces, pues son dos textos mexicanos que hablan de la comunidad, la entidad y el país en el primero, y de las relaciones culturales y filosóficas de carácter universal en la segunda. La vida de dos mexicanos que hablan de quiénes somos dentro y fuera del país como cultura que se bebe en los orígenes griegos y latinos por las artes y las leyes. Por el afán de contar con igualdad, fraternidad y legalidad.

 

Los trabajos y los días que se vienen uno a uno sin descanso: … Desde entonces seguí ya subsistiendo con mis propios recursos. En el mismo año fui nombrado Ayudante del comandante general don Isidro Reyes, que defendió la plaza contra las fuerzas del general Canalizo, pronunciado por el plan de Religión y fueros, iniciado por el coronel don Ignacio Escalada en Morelia. Todo conocía sólo con tener 27 ó 28 años. Han sido 14 años de ajetreos cotidianos, para un alma que se está forjando en el acero de los sucesos, en un país que a cada momento parece desmoronarse y terminar en el fracaso más terrible en la América Latina.

 

Y todo ello bajo condiciones de presiones venidas de donde menos debería de ser. Hay esa tremenda contradicción cuando del siglo XIX se habla del clero. Fue el Padre de la Patria don Miguel Hidalgo y Costilla, y su segundo y más aventajado alumno, don José María Morelos y Pavón, curas que fundaron el orgullo de este país, que en su mayoría ciudadana quería ser independiente y capaz de gobernarse por sí mismo. Pero muchos en el otro clero, el del amor por las cosas del César, hacían lo contrario a nuestros próceres de la independencia. Cuenta Juárez: Desde esa época el partido clérigo-militar se lanzó descaradamente a sostener a mano armada y por medio de los motines, sus fueros, sus abusos y todas sus pretensiones antisociales. Lo que dio pretexto a este motín de las clases privilegiadas fue el primer paso que el partido liberal dio entonces en el camino de la reforma, derogando las leyes injustas que imponían coacción civil para el cumplimiento de los votos monásticos y para el pago de los diezmos. Uña y carne, fue Benito Juárez, de lo que vivía el país y su patria chica en ese siglo de terribles momentos, pero él aprendiendo día a día, preparándose, sin saberlo, para forjar una personalidad que aún hoy asombra por su reciedumbre. Cómo comprender que Juárez haya sido el líder de tanto genio de la política, historia, ciencia, arte y economía. Paso a paso vamos con el palpitar de la República en ese siglo: En enero de 1834 me presenté a examen de jurisprudencia práctica ante la Corte de Justicia del Estado y fui aprobado expidiéndoseme título de abogado. A los pocos días la Legislatura me nombró magistrado interino de la misma Corte de Justicia, cuyo encargo desempeñé poco tiempo. Seguramente su Padrino se preguntaría ¿cómo es que el niño zapoteca había llegado en 16 años tan lejos, y siempre humilde?