MADRES
Querido y aguzado lector, le saludo con el gusto de siempre, en vísperas de la celebración del Día de la Madre en nuestro país; una celebración polémica tras los estudios recientes acerca del machismo y el patriarcado, y el centrar la valía de la mujer en su capacidad procreadora, exaltarla.
Sé que aún faltan tres días para la celebración por el 10 de mayo, a las mamás, pero quise retomar esta alusión por un comentario que escuché en la calle y que me hizo recordar, además, que el mes pasado se descubrió a un feminicida en Iztacalco, Ciudad de México; y que hace unos días se hizo viral el vídeo que muestra cómo una chica sufrió acoso en el transporte público, en el Valle de Toluca.
Y usted se preguntará, qué tiene que ver todo esto. Tiene que ver porque en estos acontecimientos se involucran mujeres y la participación masculina.
El comentario que escuché en la calle fue entre dos hombres que caminaban y al pasar junto a ellos, alcancé a oír de uno de ellos: Pinches viejas, no dejan nada bueno.
Dirán algunos, un comentario al azar, grosero, vacío, banal, no lo creo. Es mucha coincidencia que en un país, en un Estado con dos alertas de género, con varias localidades señaladas como foco rojo de violencia a las mujeres, se escuchen comentarios violentos y misóginos, acciones en contra de las mujeres. No tan descabellado, no cree usted.
Por muchos años la cultura machista de nuestro país ha sido objeto de estudio, a fin de comprender por qué de la violencia a las mujeres, a cualquier edad y estrato socioeconómico, sin importar nivel educativo, ¿sólo por el hecho de ser mujer?
Esta última interrogante también ha sido una constante los últimos años, en que se ha estudiado si el género es una detonante, al parecer el subordinamiento de las mujeres en el machismo ha escalado al victimismo e incluso revictimización.
A últimas fechas, el degradar la figura femenina a un género débil, víctima ante las leyes, ha resultado en una contradicción a la visibilización que se pedía en las primeras luchas feministas; reconocer la figura jurídica de ellas para poder acceder a la justicia, pero ahora, el implantar la idea de que las mujeres son objeto y sujeto de violencia, la reduce a un ser débil y que debe ser protegido; resultó contraproducente el utilizar esta idea de indefensión. Por lo que ahora se reafirma la idea machista que se quería derogar.
Entonces no es de extrañarse que sigan prevaleciendo estas ideas de subordinación de la figura femenina, y si a esto le agregamos los bombardeos de los medios de comunicación con mensajes de sexualización de la mujer o el reducirla a un objeto, y ya ni decir de las nuevas tecnologías, donde aún está más desvirtuada la figura femenina e incluso se puede decir que hasta una guerra entre sexos, géneros se ha desatado.
Así es, lo que pensamos un día nos podía unir en varios sentidos, terminó por separarnos; Chimamanda Ngozi, escritora nigeriana, decía: Nos han condicionado tanto con que el poder es masculino que una mujer poderosa nos parece una aberración.
De esta idea comprendo que tantos hombres se sientan amenazados ante no el poderío o empoderamiento femenino, sino de la libertad que ha logrado la mujer; su poder a elegir, decidir, de ser quien ella quiere ser, de estar con quien ella prefiera, por desafiar la cultura machista. Por eso tanta violencia a la mujer que ya no se somete, que no obedece a los cánones patriarcales.
Y esta desfalocentralización, si me permiten la expresión; pues iba a generar miedo, entre otros sentimientos, y no lo digo yo, en algún momento en este espacio mencionamos los estudios del investigador británico Richard V. Reeves, que mencionó: Muchos hombres se sienten dislocados y desorientados, y tiene que ver con que han perdido su rol tradicional y no han encontrado uno nuevo.
Y es que han perdido su rol a consecuencia de algo similar a lo que pasó con las mujeres y la victimización, pues critica el masculinismo casi cómico de varios líderes y asegura que tachar muchos comportamientos de masculinidad tóxica es contraproducente.
La guerra de sexos que decía, la trampa en que cayeron los machistas con sus propias imposiciones patriarcales.
Ay querido lector, ¿de pronto un comentario al aire, esconde mucho más, no cree usted?
Olvidamos que ciertamente nuestro origen es a partir de un hombre y una mujer, ¿no podría ser que a ambas figuras debemos respeto?
Querer exaltar o sobreponer una figura sobre otra ya vimos que es peligroso, para ambos sexos e incluso para los géneros de la diversidad, porque hasta en aquellas minorías también les ha afectado este debilitamiento, linchamiento de los sexos.
Lo mejor que podemos hacer las mujeres para evitar la guerra es no repetir las palabras y los métodos de los hombres, dijo alguna vez la escritora británica Virginia Woolf, y no me va a negar, querido lector, que algo de razón tiene. Lo acabamos de constatar. En la Cumbre Judicial Iberoamericana, la Comisión Permanente de Género y Acceso a la Justicia, reconoce al patriarcado como al dominio sistemático de los hombres sobre las mujeres, en el cual los hombres ostentan el poder y dominan en los papeles de liderazgo político, autoridad moral, privilegios sociales y control de la propiedad.
Algo complicado, no cree; política, moral, privilegios sociales, lo que nos mueve como sociedad.
Ay querido lector, de esta provocación reiterada de reconciliación del hombre y la mujer veamos que poco o nada hemos avanzado, que al contrario nos está cobrando una cara factura tanto unos como a otras.
Y desde mi posición como mujer replico lo dicho por Adrienne Rich, escritora y activista estadounidense: Las mujeres sólo estamos empezando a descubrir nuestras propias verdades: la política que vale la pena tener, las relaciones que valen la pena tener, [y éstas] exigen que escarbemos aún más profundo.
Todavía tenemos mucho que hacer como sociedad para lograr una equidad.
Para despedirme y haciendo alusión a esa frase que detonó todo este pensamiento quiero citar las palabras de la filósofa y activista francesa Simone de Beauvoir:
Nadie es más arrogante hacia las mujeres, más agresivo o desdeñoso que el hombre que se siente ansioso respecto a su virilidad.

