Manipulación digital vs libertad neuronal

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Realmente no existe una fuente cierta respecto de que una persona promedio solamente llega a utilizar cuando mucho, el 10% de su capacidad cerebral, cuando en realidad, todas las personas ocupan sus recursos fisiológicos al máximo continuamente y éstos se adaptan y desarrollan a la par de las circunstancias que se les presentan durante su ciclo vital. Sin embargo, el hecho de que cualquier persona utilice todas sus capacidades a lo largo de su vida, por el momento, no necesariamente significa que se conozca con certidumbre la forma en que dichas capacidades puedan llegar a un punto limítrofe de su potencial, y, en la mayoría de los casos, se desconoce el verdadero potencial físico, mental y espiritual del ser humano y, como se dijo previamente, no se cuentan con datos de valor ante la tendencia científica de encontrar parámetros de normalidad.

Las posibilidades técnico – fisiológicas se traducen en los requerimientos de la interfaz cerebro – mente – percepción – realidad a partir de las cuales se dan las interacciones de los seres vivos con su entorno y su interpretación del mundo físico, como un presupuesto fenomenológico para la aproximación de su versión sintética y su desarrollo en el entorno digital, que podremos abordar un poco más en la siguiente, la última parte de la serie de colaboraciones en torno al amor sintético y las garantías que debemos preservar en el ámbito de los derechos digitales, a fin de respetar la libertad fundamental a amar, con la preservación de la dignidad como condición para llegar a la felicidad; aspecto en el cual, se hace necesario tocar aspectos que actualmente se encuentran en debate como lo son la neurociencia, las neuro tecnologías y, la crítica en torno a la viabilidad de la construcción de la figura de los neuroderechos.

La vida privada como fenómeno y la privacidad como cualidad constituyen de manera general los mecanismos a partir de los cuales la personalidad interactúa en el entorno social marcado con el atributo aristotélico denominado como zoon politikon, a partir del cual, surge la civilización a partir de la integración política de un Estado, la cual a su vez, se encuentra basada por el núcleo familiar que integran una comunidad, y, que conforme en un Estado se reconocen elementos en común, a nivel comunitario o regional, encontramos las diversas sociedades. Análisis aparte, merecerá la revisión de la individualidad y la trascendencia de la conciencia individual en cada una de esas capas de la privacidad.

Sin embargo, el ámbito social y familiar cuentan con parámetros comunes que dan lugar a su cohesión, marcados a partir de los elementos que dan lugar a la socialización, misma que a su vez, dan lugar a una responsabilidad afectiva exigible en el marco de un núcleo poblacional y, que del ámbito familiar, empieza a generar intereses de tipo económico para permitir que esta serie de vínculos, dependencias y acuerdos, conforme las principales relaciones sociales y políticas.  As su vez, los vínculos generados en este tipo de relaciones responden a distintos grados de apego que originalmente se conforman en el entorno doméstico – familiar.

Es ahí cuando, con independencia del proceso formativo educativo que esencial y genuinamente brindan a los individuos el camino hacia una plena libertad de consciencia, el proceso formativo del entorno familiar tiene principalmente como objetivo preparar a las personas para la supervivencia y eventualmente la inserción en el entorno social, por lo que, constituye el primer módulo modelador al que se enfrentan las consciencias, a los sesgos y prejuicios generados en el entorno familiar en el cual crecieron.

Es así que, cuando se analizan las series de creencia nucleares en torno a la interpretación de la realidad encontramos que dichas creencias, en muchas ocasiones se encuentran limitadas a los entornos a los cuales se circunscriben, entornos que, vale señalar cuentan con brechas multifactoriales de gran escala, entre las cuales, sirva de ejemplo la distancia de creencias entre las personas que pertenecen a los estratos socio económio culturales altos, con aquellos que pertenecen a los bajos.

Dejando de lado los factores materiales y económicos que deben ser base para que un ser humano tenga las condiciones básicas de autonomía de pensamiento (puesto que el problema al que se enfrentan las personas de estado económico bajo es la pérdida de autonomía basado en una necesidad permanente de supervivencia que les requiere dedicar sus esfuerzos a todo menos que la reflexión), como podría ser un ingreso mínimo vital ¿qué es lo que justificaría que aquellas personas que cuentan con mayores logros que las otras definan los parámetros a seguir en el trayecto de una vida? ¿acaso resultaría obligatorio que todas las personas, a pesar de contar con la libertad para usar sus capacidades y ser estas suficientes a lo largo de su vida, mejoren sus capacidades? ¿realmente existiría una necesidad o formaría parte de los sesgos de quienes por condiciones circunstanciales se encuentran en un estrato superior? ¿hasta que punto el seguimiento de estas pautas por parte de las personas de estrato superior podría dar lugar a una involución?

Preguntas que llaman la atención puesto que en el entorno digital, gran parte de las aplicaciones requieren crear comunidades virtuales, marcadas por los sesgos de la visión de los creadores y desarrolladores, que tienen como base una la visión parcial de la realidad y una intención permanente de dominación para cohesionar la comunidad a la que pertenece, que a su vez, de manera implícita en el contenido del desarrollo de las plataformas reconoce incentivos basados en prejuicios. Es decir, la conservación de la preferencia de los usuarios, como la propia construcción de comunidades, se construye a partir de la manipulación de las consciencias y la creación de narrativas que fidelizan a las personas, por lo que, se vuelve imperante incluir como factor en la construcción del ciberespacio el cuidado que debe tener la industria que gestiona perfiles de usuarios.

Esto es así, puesto que la construcción de entornos digitales conlleva de manera implícita la manipulación de las personas usuarias como parte del control digital del grado de influencia que permite la socialización a través de los vínculos y apegos, en el entendido de que la manipulación implica distorsionar o adaptar la realidad y explotar a la persona, lo cual produce un escenario de desigualdad y provoca brechas, a la vez, anula, disminuye o controla la fuerza de voluntad de las personas a partir de la información disponible y busca que el usuario mantenga los patrones de consumo de servicios, de la misma forma, impacta en la autoestima de las personas a partir de la construcción de una reputación que se vuelve un yugo, y, que eventualmente puede provocar además de enfermedades mentales, estados de disminución de consciencias y voluntades, a partir también de la pérdida de autonomía al permitir que terceros gestionen las culpas; a su vez, generan alteraciones de conducta a voluntad cuando ocupan la información en contra de los intereses de los usuarios, y, eventualmente en la gestión de la realidad, pueden cambiar escenarios sin previo aviso dejando no sólo en estado de indefensión a los participantes de una percepción, sino inclusive, pueden quebrar completamente la individualidad al no respetar un piso mínimo para su desarrollo, generando una esclavitud moderna que se puede volver una cárcel perfecta en función del uso de tecnologías inmersivas o de la gestión automático permanente de la inteligencia artificial.

Es así que, la artificialidad y el control generados por las plataformas tecnológicas en el ciberespacio, pueden generar un verdadero vértigo emocional si no se colocan candados en torno a lo que las empresas pueden hacer para fidelizar a sus clientes y mantenerlos, pautas que darán lugar a una libertad verdadera de consciencia que a su vez, debe dar lugar al respeto y protección de las diversas capas de las cognición, ya que, como se señaló, el objetivo de la manipulación es ejercer influencia, pero, en el ámbito neurotecnológico y digital, dicha manipulación puede llevar a la dominación.

Entre los aspectos psicológicos que deben ser respetados por la tecnología y tutelados por el derecho se encontrarían los derechos a ser tratados con respeto y también el respetar la voluntad de evolución y crecimiento, así como desarrollo cognitivo cerebral, así como conocer su posición dentro de los estratos sociales, así como las prerrogativas relativas a expresar sentimientos, opiniones y deseos, aunque difieran de los de los demás; el derecho a establecer prioridades; derecho a decir “no” sin que existan represalias, así como a revocar y oponerse en torno a decisiones; derecho de la protección frente a las amenazas físicas, mentales y emocionales; así como de la planificación de una vida feliz y saludable.

Es así que en el entorno digital, la manipulación puede tomar muchas formas, que viene desde la explotación de los sesgos de las propias plataformas, así como de la codificación de la inteligencia artificial, misma herramienta que a su vez puede también, crear sesgos y prejuicios en otros a través de la manipulación y dosificación de la información; estrategias de marketing para aprovechamiento de emociones y estados de ánimo; uso de personas cercanas, imágenes y sus datos personales para crear realidades sintéticas que generen confianza.

De manera más peligrosa se encuentra la manipulación dirigida, como en el caso de Cambridge Analytica, y la generación de patrones oscuros, que en principio afectan a la libre competencia al permitir que los usuarios consuman sólo los productos y servicios a los cuales se les dirigen, temática que abordaremos cuando veamos la manipulación en la interfaz inicial, como lo es en la capa neurológica, lo que servirá para ahondar en el análisis de la privacidad cuántica y sintética. Hasta la próxima.