Mapas del Imperio en América
Registrar la historia de los pueblos tiene que ver con dos tipos de mapas, el del personaje en los hechos de su vida, y el mapa de territorios que hace abrir, en los voraces, las ansias de dominar todo lo que se encuentra en tales papales, que les llaman a buscar su dominio de lo humano y de las tierras, el agua y el aire. Así podemos ver a los españoles, portugueses e ingleses de aquellos siglos donde acaparar territorios era la tarea principal para enriquecer a los países dominantes. En la revista Aventura de la Historia publicado en España en estos años, leo la investigación titulada Los mapas secretos del imperio español, interesante documento para comprender aquellos tiempos del siglo XVII y XVIII. En la página 3 en texto de Presentación de Javier Redondo, director de dicha revista se dice: Mapas para dominar la Tierra / Son las joyas ocultas del Imperio, conservadas como oro en paño y auténticos secretos de Estado. Los mapas fueron un arma poderosa para dominar la Tierra. Y los españoles fueron pioneros en la materia. El Consejo de Regencia, en 1810, en plena Guerra de la Independencia, creó un organismo para proteger todos los documentos cartográficos desde 1711. Luego incorporó nuevas colecciones de origen más antiguo. Las rutas del comercio y las estrategias militares se diseñaban sobre estas cartas, que muestran la progresiva evolución del orden mundial.
Con éstos los reyes de España en sus distintos tiempos supieron cuánto tenían y cuánto les faltaba por dominar. Algo tan obvio que no se nos ocurre pensar. Mapas que se encontraban dispuestos sobre la idea del patriota Francisco Miranda, que si bien decía que: los lugareños de América Latina éramos más, también el mundo de la estrategia y de las tácticas de guerra les daba en la sabiduría de los mapas, la posibilidad de preparar los cercos al mundo insurgente en todo el continente. Es decir, los imperialistas europeos no es que fueran personas incultas sobre los terrenos que dominaban o deseaban conquistar. En la investigación denominada Dossier / Cartografía y Poder / Mapas / Las cartotecas del Ejército y la Marina atesoran los mapas que permitieron a la Monarquía Hispánica controlar su Imperio y que sus rivales espiaban, a veces con éxito, como muestra el atlas del turco Piri Reis. Cuánto sabían los insurgentes de este tipo de mapas, y cómo es que el ejército de Miguel Hidalgo y al morir él, José María Morelos llegó a utilizar este instrumento de sabiduría sobre los territorios que había que liberar o salvar de la presencia realista. ¿Cómo fue el Sitio de Cuautla en donde José María Morelos y Pavón tuvo que soportar más de 70 días y sus noches para no caer en manos de los militares españoles?
Ver en este Dossier las fotografías de los mapas que son ahora historia cierta maravillan, pues de alguna manera tenían mucho del conocimiento, que recordemos hasta 1492, a la llegada de Cristóbal Colón, no se tenían como prueba del nuevo continente. El mapamundi de G. Mercator (1512-1594) es prueba de lo mucho que en Europa se sabía ya sobre los territorios de la América de esos tiempos, leo: La cartoteca, heredera de los documentos trazados por los ingenieros militares a partir de 1711, reúne el trabajo de las sucesivas promociones que formaron parte del cuerpo de Estado Mayor. Entre las tareas que les fueron encomendadas estuvieron el levantamiento de planos de fortificaciones, campos de batallas y fronteras, así como la compilación de itinerarios descriptivos de los principales caminos adecuados para el avance o el repliegue de las tropas. Cuando pensemos en aquellos años no debemos ignorar por qué duró tanto —once años— el logro de la Independencia de hecho y por Ley. Pero mucho tiene que ver con el conocimiento que realistas e insurgentes tenían en cuanto a los territorios y cómo eran estos para lograr su liberación o el dominio del imperio sobre ellos.
Cuando recordamos la presencia de Pedro Ascencio de Alquisiras en ese siglo bárbaro del XIX, sabemos que el conocimiento de los terrenos que en él, era parte del instituto de guerra y de sobrevivencia. Pero este tipo de estudios que en los nuevos tiempos nos llevan a pensar cuán difícil fue recuperar la libertad para el pueblo de México, cuando sus riquezas hicieron tremendamente poderosos al imperio de España, estas riquezas y las del Perú podrían darnos una idea de lo que no estaban dispuestos los realistas de aquellos tiempos a perder. Dice el artículo referido: Los mapas de esas rutas estratégicas, trazados para conocer el terreno y sus medios de subsistencia, incluyen topónimos y puntos señeros, el vecindario de los pueblos y su capacidad de alojamiento, las distancias para asegurar una marcha regular, los rumbos de las principales alineaciones y una descripción detallada de los recorridos. Parece un tema inútil, pero si entendemos que aquellos españoles no eran el imperio poderoso nada más porque sí, lo prueba este tipo de conocimientos, que en este año 2020, nos viene a dar luces sobre la guerra de independencia, que no fue un motivo sin importancia. Hecatombe como lo fue, desde más allá del Río Bravo y hasta la Argentina y Chile en sus partes más profundas del sur de nuestro planeta.
En el tema Un arma para los Estados leo: El espíritu ecuménico siempre ha sido esencial en la naturaleza de los mapas. Un anhelo de representar la totalidad del mundo conocido y aún de atisbar el recóndito. Su diseño es un trabajo de omisión. Su lectura, un ejercicio de selección. La función de un mapa es un atributo del poder, de manera que cartografía e imperio siempre han ido de la mano. La Monarquía Hispánica, convertida por los Austrias en un poder global, se valió de los mapas para conquistar el Nuevo Mundo. Pero los imperios que le fueron a la zaga también hicieron de la cartografía su ciencia secreta. Los cambios radicales que trajo a la América, desde la liberación de las 13 colonias del imperio de la Gran Bretaña, desató en los territorios del continente ese deseo que lo nuestro, fuera nuestro. Y todo ello tenía que ver en una de las grandes salas donde estaban los mapas del Nuevo Mundo, para que los reyes en sus distintos lugares, fueran estos España, Portugal, Inglaterra o Francia, pusieran en jaque las posesiones que ahí, en la Gran Sala de las Mapas aparecían; que preguntaran en pocas palabras lo que, en minas por el oro y la plata, en el trabajo artesanal, o la tierra de cultivo, por las posesiones de mares, ríos o montañas, estaban a punto de perderse. De eso se trató el 1810 en México y desde 1806 por los textos de Francisco Miranda levantando con su oratoria libertaria al sur del continente.
Es buena la cita que aparece en este artículo: Como decía el emperador Tamerlán en una comedia de Christopher Marlowe: Dadme un mapa; entonces sabré cuánto me queda para conquistar el mundo. Sigue siendo vigente en este siglo XXI tal y como se puede entender cuando se habla de Donald Trump, Vladimir Putin, o aquellos tiranos que parecen pequeños, pero hacen sufrir a su pueblo lo indecible. Todo es un asunto de mapas, cuánto tengo en mis dominios, y cuánto me falta para hacer grande a mi imperio como seguramente lo siente el tirano de Rusia para recuperar lo perdido en el siglo XX. El texto titulado Plano geográfico de la mayor parte de la América septetrional española, de José Antonio de Alzate y Ramírez (1772) es otra prueba de que a cada paso los imperios, sobre todo el español iba haciendo mapa de sus dominios con meticulosidad. Ese conocimiento es lo que le dio fuerza para soportar tantos años de guerra en todas sus posesiones. Se dice: Este mapa es una representación de los territorios de la Nueva España, que incluye por el norte, los actuales Estados norteamericanos de California, Arizona, Nuevo México, Texas, Luisiana y Florida, y que, por el sur, llega hasta Honduras y Nicaragua.

