MARIO COLÍN Y EL MAESTRO

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Guillermo Colín Sánchez y José Luis Alanís Boyso, entregan en el año de 1992 un texto titulado Mario Colín / Ensayo Biobliográfico, publicado por el Gobierno del Estado de México, material imprescindible para comprender la importancia de quien ha sido el mejor promotor de la cultura en tierra mexiquense en las últimas seis décadas, las que incluyen fin del siglo XX y el actual, como líneas que siguen imperando por sus propuestas que pasan por la creación de los cronistas municipales, los museos regionales, las casas de cultura, la edición de múltiples colecciones que dan serio prestigio a los mexiquenses, la puesta en muros y casas de placas de bronce para significar un hecho histórico o el nacimiento de poetas, héroes o científicos, así como la creación de bibliotecas municipales y talleres de todo tipo. Este texto preparado por Colín y Boyso, reflejan la riqueza intelectual y de vasta cultura que le fue reconocido a Mario Colín, sin duda patriarca de la cultura oficial en la entidad.

En página 153 del libro referido, encuentro una portadilla que dice: Mario Colín / Isidro Fabela / Gran mexicano del siglo XX / Atlacomulco de Fabela / Estado de México / 1962. Del texto, los autores que revisan el trabajo de por vida en escritos y labor editorial del autor dicen: Don Mario Colín, en vida, consideró al licenciado Isidro Fabela como su maestro y guía espiritual y le llegó a profesar una gran admiración, la cual se tradujo en permanente homenaje. El licenciado Colín supo de Fabela desde su tierna infancia, según el mismo nos lo cuenta: “Siendo un niño había escuchado el nombre de Isidro Fabela de labios de doña Jesusita Sánchez, mi madre, quien reiteradamente me hablaba de él, como un ejemplo que había que imitar. El mundo de buena leyenda venida del municipio de Atlacomulco, pues tanto don Isidro Fabela Alfaro como Mario Colín Sánchez, representan lo bueno de una tierra en el altiplano que dejó su huella en el siglo XX dentro del mundo de la política en particular por parte de Fabela, como por el lado de la cultura y las artes que vienen de Colín Sánchez. En el recuento que hacen los autores del libro refieren: Las palabras de su madre, sin duda alguna despertaron un gran interés sobre tan insigne figura, el cual se acrecentó una vez que le reconoció personalmente: “El 30 de abril de 1940, llegué a la Plaza de San Jacinto en San Ángel, en busca de la ‘Casa del Risco”, residencia del Lic. Fabela; en cuanto llamé a la puerta y me anuncié, me hicieron pasar a la sala-biblioteca o donde me encontré con un hombre sencillo, bondadoso y afable; había otras personas en la habitación y en cuanto se marcharon, platicó ampliamente conmigo inquiriendo sobre mis aficiones, así como sobre mis antecedentes familiares… En esa ocasión me obsequió sus libros La tristeza del amo y Arengas revolucionarias. Jamás olvidaré mi entrevista de ese día. Una honda impresión me causó la persona de Isidro Fabela en el ambiente de su casa palaciega y hermosa, llena de obras de arte y de una rica biblioteca, magníficamente encuadernada”.

El trabajo de Colín y Boyso es magnífico documento que permite comprender una de las relaciones político-culturales más positivas para el pueblo del estado de México. Los resultados en recuperación de acervo patrimonial por parte de Colín Sánchez junto a colaboradores como don Agapito Jaramillo, y más adelante con la colaboración de cronistas de ciudades primero y, después al nombrar a los cronistas municipales de los 121 municipios de aquellas décadas finales del siglo XX, probaron lo buen alumno que fue Colín Sánchez en seguirle el paso a las preocupaciones de Isidro Fabela Alfaro como gobernante de 4 años que lo fueron de 1942 a 1945, etapa en que se crearon los dos primeros museos emblemáticos de toda una instalación museística, que puso a la entidad entre las más ricas del país: primero el Museo de Arte Popular a entrada de ciudad de Toluca, en el año de 1944 y, después, el Museo de Bellas Artes, en el año de 1945. En los dos casos, fue un hito de amor por el arte del gobernante.

Estudio preciso, siguiendo huellas al leer a Mario Colín dedicado a don Isidro, dicen los investigadores: Ese fue el inicio de una estrecha relación, la cual perduró por muchos años, pues en 1962 don Mario escribió: “…han transcurrido veintidós años y en ese lapso, la admiración y el cariño que siento por Isidro Fabela se han hecho más recios, hasta vincularme a él en una amistad y adhesión perdurables” (las citas anteriores fueron tomadas del Epistolario de Isidro Fabela a Mario Colín). Es seguro que pocos conocieron a don Isidro Fabela como le conoció Mario Colín. Alumno destacadísimo, dicen los autores: “El Licenciado Fabela durante todo este tiempo logró inculcar en el espíritu de su discípulo todas sus ideas en torno a la cultura, de las que sería a la postre su más fiel interprete. Y es que Fabela, parafraseando a Antonio Uroz, perteneció a esa pléyade escogida de maestros que justamente consideramos como auténticos sembradores de ideas y de forjadores de caracteres”.

Insistir en la escuela Socrática que pertenece al legado pedagógico venido desde Grecia, lo que hace a los occidentales de Europa y América, herederos en personajes que resumen el llamado de quienes integran el Ateneo de México, creado en 1909; un año antes de que la revolución mexicana venga a cambiar el panorama que se vive por 30 años en el porfirismo, por el dominio ideológico de Los Científicos y, la educación positivista, que no deja al pueblo ver más allá de la ‘razón’ como ente todopoderoso. Vicente Riva Palacio en pleno siglo XIX diría que más allá de la razón estaba el mundo de las letras: la literatura como expresión de la compleja espiritualidad que en lo humano se da a toda hora. Los autores de este texto sobre el que fuera director de Patrimonio Cultural en la entidad dicen: Mario Colín, después de abrevar en la fuente de sabiduría que le representaba Fabela, se fijó como una de las metas más importantes como escritor conocer y difundir la obra de su maestro, lo cual manifestó en 1945 en la introducción de su obra Isidro Fabela. Apuntes para una biografía: “Tengo el firme propósito de escribir una vida de Isidro Fabela y este acopio de datos y notas, constituye un esfuerzo que me permitirá un fácil desarrollo cuando se haya agotado el material informativo…” Imaginemos aquél año en que a fines del mismo el gobernador constitucional del Estado de México, Isidro Fabela Alfaro dejó la gubernatura para dar paso a Alfredo del Mazo Vélez, ciudadano de experiencia en el conocimiento del mundo político de aquellos años; perteneciente a una generación en la que ha de destacar Adolfo López Mateos, mismo que ha de ser presidente de la República de 1958 a 1964, y con el que fue colaborador dentro de esa administración reconocida por su brillantez. Dicen bien: De aquí en adelante, éste sería el derrotero que seguiría el licenciado Colín en torno a Fabela, de quien comenzó escribiendo en 1944 y continuó hasta 1982; todo ello motivado por el gran cariño y reconocimiento que sentía hacia su maestro, al que dedicó siete trabajos… los cuales se describen de manera objetiva para darnos la idea de un personaje emblemático de la vida cultural, educativa, constructiva y regenerativa de lo que debe de ser la política en el siglo XX. No más la del pistolerismo que hacía destacar el comportamiento de aquellos que teniendo el poder político y económico sabían que la pistola se traía para ser utilizada. Así, por motivos aún no claros, fue asesinado el gobernador Alfredo Zárate Albarrán El 8 de marzo de 1942: lo que llevó al presidente de la República Manuel Ávila Camacho, a proponer a don Isidro para ocupar el cargo, ante condiciones incivilizadas sobre las cuales pendía la entidad al pasar —se creía—, las peores épocas sangrientas de la revolución. La historiografía mexiquense reconoce que tal cambio trajo nueva era al Estado: ajeno a cacicazgos que vienen de años anteriores a la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR), nacido el 4 de marzo de 1929. La renovación de la patria pedía otro tipo de políticos, ajenos al militarismo y a las fuerzas regionales violentas que aún generaba la postrevolución en la década de los cuarenta, años en que se definirá el tipo de República que hemos de tener.