Martes con M de Mito: Consigue un buen empleo Continuación

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La semana pasada empezamos a desmitificar este paradigma. 

Vimos que ya no es un logro conseguir un título universitario, porque las universidades –escuelas– se han convertido en simples fábricas de títulos. Estamos ante un fenómeno llamado comercialización de profesiones, ante el cual, como un gran mercado, le gente se va por la que le deja o piensa que le dejará mas dinero; olvidándose por completo de su vocación. 

Dice un viejo adagio consíguete una actividad que te guste y no tendrás que trabajar el resto de tu vida, pero esa sentencia no encuentra cabida en el mundo capitalista, donde lo único que importa es producir dinero. Y así, es como encontramos mucha, mucha gente frustrada, que hace su labor día a día con la peor de las actitudes, y se lamenta cada lunes porque se tiene que parar para ir a trabajar. Esperando impacientemente el viernes social, para ir a desestresarse con las amistades; tanto es su deseo de que llegue el viernes que se han inventado frases y rituales como el famoso ombligo de semana, refiriéndose al miércoles, el tradicional juebebes o viernes chiquito para llamar al jueves; y haciendo toda una fiesta y celebración cuando llega el viernes, se ama con locura el sábado y el domingo entra la nostalgia por los días que pasaron y también la angustia porque al día siguiente será lunes… entonces ¿qué días se trabajan en México? Al parecer sólo los martes. 

Al salir de la escuela, la gente necesita empezar a trabajar, pero también parece, y será tema de otro articulo, la necesidad de casarse –otro mito– para vivir el sueño americano que se vendió en los 60, a saber: Tener una buena esposa, hogareña, que cuide a los hijos, en una casa en los suburbios con un carro amplio para toda la familia y una mascota. Y todo ello, claro, sustentado con un solo ingreso, el del hombre trabajador. 

Con la idea de mantener esa idea o sueño, la gente se aferra a su empleo, mal pagado, que no le permite vivir, no podemos solo vivir para trabajar, tenemos que sacar algún provecho de la vida también. Y entonces la gente trabaja todos los días, no por gusto, no por vocación, sino porque de otro modo ¿cómo podría mantener a los hijos?, ¿cómo podría comprar todas esas cosas, muchas veces innecesarias que el sistema le hace creer que necesita, pero que realmente es el propio sistema que lo necesita para seguir manteniéndose?, ¿cómo podría aspirar a un mejor nivel de vida, si no es trabajando duro?

Conseguir un buen empleo no se refiere, sólo al sentido monetario, se refiere realmente a tener una actividad que, además de remuneración, de espacio y tiempo para desarrollar otros aspectos en el ser humano. Una vez me dijo un sacerdote, si el trabajo no te permite descansar y pasar tiempo con tu familia, maldito es ese trabajo.

Pero en este mundo de apariencias donde se ve mal y se juzga a la persona que descansa, –también será otro mito a derribar–  parece que la gente seguirá trabajando hasta morir, sin haber disfrutado tiempo para su familia y amigos… tiempo para sí.