Más sobre la estatua al profesor Carlos Hank González: Humberto Benítez
Como Presidente del Patronato me propuse lograr tres objetivos:
1º. Promover el acuerdo del ejecutivo para instituir el día 28 de agosto, como fecha para conmemorar en acto solemne de carácter oficial, el natalicio del profesor Carlos Hank González. Dicho acuerdo se publicó en la Gaceta de Gobierno el viernes 11 de agosto del año 2006 por el gobernador Enrique Peña Nieto y quien esto escribe, en su calidad de secretario General de Gobierno.
2º. La edición de tres obras que integramos bajo el impulso del Patronato Carlos Hank González, la primera con testimonios de historia viva, además de una sección fotográfica y documental; la segunda incluye las vivencias del maestro Hank logradas en su campaña como gobernador del Estado de México, referenciando su vida en la entrevista que le concedió a Fernando Benítez.
El tercer volumen integra testimonios de la actuación del maestro Hank en diversos cargos federales, algunos de sus discursos, una selección de su ideario y un disco de viva voz, gracias al ingeniero e historiador Pedro Martínez Narváez, quien nos proporcionó el material grabado para elaborar el disco testimonio correspondiente.
3º. La creación de la estatua que hoy adorna el monumento en su honor sobre el Paseo Tollocan. La obra la costeamos íntegramente los miembros del Patronato y el autor de la estatua fue el maestro Víctor Gutiérrez, extraordinario escultor que nos cobró un millón de pesos de honorarios; el primer anticipo se le dio el 20 de marzo de 2004 y se le finiquitó el total antes de la inauguración del monumento, el 28 de agosto de 2004.
Cuando le comenté el proyecto a mi amigo el gobernador Arturo Montiel Rojas, a quien le guardo un enorme respeto, lealtad y gratitud, le dije: Señor Gobernador, cómo ves si colocamos la estatua en la avenida Carlos Hank González de su natal Santiago Tianguistenco?. Ipsofacto me contestó: No Beto, esa estatua debe estar en el Paseo Tollocan, porque el maestro Hank lo construyó y queremos que todos los mexiquenses lo recuerden con el cariño que tú y yo le guardamos.
Arturo Montiel es el responsable de esa decisión acertada de que la estatua luzca hoy imponente en el Paseo Tollocan. Pero además, quiero reconocerle públicamente su disposición generosa para costear íntegramente el monumento alusivo.
Cabe destacar que todos los homenajes del natalicio del profesor Hank los hemos celebrado en su tierra natal, excepto el 28 de agosto de 2004, en que lo hicimos frente a la estatua del profesor en el Paseo Tollocan. En dicha ceremonia, a nombre del Patronato manifesté:
Nos hemos reunido hoy, y aquí, en un cato de profundo cariño, respeto y admiración, para rendir un justo homenaje al Profesor Carlos Hank González, en el septuagésimo séptimo aniversario de su natalicio, en esta hermosa plaza del Paseo Tollocan, que a partir de hoy sirve como amoroso asiento de la magnífica estatua que el patronato que me honro en presidir, mandó hacer.
Hank hoy está aquí entre nosotros, no sólo en esta bella estatua esculpida por la espléndida calidad artística del maestro Víctor Gutiérrez, sino por su añorada y señera figura y su palabra iluminada y generosa, para recordarnos, como él decía, que *el hombre es la riqueza más grande de un pueblo porque el hombre es, finalmente, la obra más perfecta de la naturaleza*.
Por esa convicción profunda fue un amigo excepcional, único. Para él la amistad fue una religión a la que le construyó un templo en el que todos los días practicó el culto de la amistad, a la que calificaba “como la forma más pura y transparente del amor”.
Hoy México, nuestro amado país, vive un momento de crisis económica, política y social, y de manera subrayada, la crisis de valores que amenaza con derruir los cimientos de la sociedad.
Hoy en México parece ser que se ha perdido el significado de valores como la lealtad, la amistad, la dignidad y la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Cuánta falta nos hacen líderes como Carlos Hank González, para recordarnos que es urgente edificar los cimientos de una nueva sociedad, donde el hombre se conduzca escrupulosamente bajo el imperio de la ley, donde pueda ejercitar sus libertades, cuidando que nunca degeneren en libertinaje.
Cuando mi amigo el profesor Francisco Estrada, distinguido cronista, historiador y escritor que honra con su inteligencia la cultura mexiquense, me pidió escribir sobre la estatua que le dedicamos al profesor Carlos Hank González, acepté de inmediato y lo hice con inmenso gusto, porque a Carlos Hank González le debo el impulso paternal que medio en toda mi carrera política, su confianza total y absoluta al hacerlo, su amistad única y generosa y el trato familiar que siempre le prodigó a mi esposa Rosalinda y a mis hijos, Bettyna, Beto y Andrea, a los que siempre trató como a sus hijos.

