Matlatzincas y vecinos de vida
En su libro Introducción a la Historia, del escritor Marc Bloch, aparecido en la colección Breviarios del Fondo de Cultura Económica en una decimosegunda reimpresión en 1984, la primera edición salió en francés y se publicó en 1949. En la Introducción el autor escribe: Papá, explícame para qué sirve la historia, pedía hace algunos años a su padre, que era historiador, un muchachito allegado mío. Quisiera poder decir que este libro es mi respuesta. Porque no alcanzo a imaginar mayor halago para un escritor que sabe hablar por igual a los doctos y a los escolares. Pero reconozco que tal sencillez sólo es privilegio de unos cuantos elegidos. Por lo menos conservaré aquí con mucho gusto, como epígrafe, esta pregunta de un niño cuya sed de saber acaso no haya logrado apagar de momento.
Algunos pensarán, sin duda, que es una fórmula ingenua; a mí, por el contrario, me parece pertinente. El problema que plantea, con la embarazosa desenvoltura de esta edad implacable, es nada menos que el de la legitimidad de la historia. Durante toda existencia del historiador y del educador seguramente esta cuestión planteada por un infante le es el rumor de preguntarse si lo que escribe y difunde como historia es cierto. La verdad a secas. Pero ello es imposible de resolverlo de una vez y por todas. En ello está la riqueza de toda incógnita que se desea saber o resolver. La lectura del libro de don Poncho nos plantea en cada párrafo la pregunta y a la vez, nos hace comprender aquello que los editores de libros, tipógrafos y diseñadores se terminan inquietando al ver el resultado. Si es lo que su mente planteó o le faltan otras cosas para quedar perfecta la impresión y el diseño.
Preguntas y nombres son materia de la Historia y de la crónica, que no sólo debe ver lo que ve, sino más allá el cuestionarse: ¿si es cierto lo que ve, para relatarlo tal cual? sin atender a detalles que se le escapan por instantes y, a gran carrera de los sucesos. Reflexiono en mi lectura: Aunque cazador en grupos, no es probable que el Hombre de Tepexpan ya estuviese organizado en tribus. Se trata más bien de hordas nómadas con la tendencia a dispersarse en nuevas hordas en caso de un crecimiento demasiado veloz, que pusiera en peligro la estabilidad de los cotos temporales de caza. De ahí surge otra pregunta de gran interés regional: ¿Las hordas de las que formó parte el Hombre de Tepexpan penetraron exclusivamente sobre la región lacustre del futuro Anáhuac, o también siguieron otros rumbos atendiendo al principio de su dispersión en busca de nuevos rebaños?… La historia está llena de preguntas y más preguntas.
Preguntas que no se refieren al simple chisme o banal charla. Sino a cuestiones que deben dar vitalidad a la vida al cuestionarse, en el sentido elemental del filósofo que piensa, luego existe siguiendo la conseja de René Descartes. Dice bien don Poncho cuando afirma: En primer término el relieve geográfico de la región, ha cambiado mucho desde aquellos tiempos. El sistema de lagos del valle de México, abarcaba todo ese territorio. pues en sus márgenes se había formado una enorme ciénega que los arqueólogos designan con el nombre de “El Pantano de los Gigantes” y que llegaba hasta las estribaciones montañosas, región provida en especies vegetales y de ahí su atractivo para las bestias herbívoras y las que no lo son, pero que siguen siempre a las primeras. Detrás venía el hombre.
El Hombre. Palabra que por sí sola expresa otro Aleph, cuya investigación debemos de hacer a partir de él, como ser originario que trae dentro de sí preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? Y por extensión social al ver el tipo de vecinos que tiene: hombres y mujeres iguales a él, pero diferentes, en caso del sexo y actitudes de comportamiento; no sólo los que parecen iguales a él, sino a todo aquello que en la naturaleza se presentan como diverso a su imagen y sus costumbres. Por lo que termina preguntándose: ¿Quiénes son? ¿Qué hacen ellos aquí?… Es necesario regresar a las lecciones de la escuela Preparatoria, y así atender, lo que fue aquellas tierras del Valle de México y las del Valle de Toluca, de ello escribe don Poncho: Por otro lado, tenemos referencias exactas en el sentido de que todavía en los tiempos coloniales los grandes bosques llegaban hasta Toluca. La Ciénega de Lerma, hoy desaparecida del todo, abarcaba una formidable extensión, posiblemente desde Tenango hasta Xonacatlán y desde cerca de Toluca, hasta el pie de Las Cruces.
Podemos imaginar la belleza de lo que fue el mundo prehispánico de todo un valle que tenía en su riqueza lacustre los mejores florilegios que hoy son sólo triste memoria por todo lo perdido a mitad del siglo XX en que la Ciudad de México absorbió todo lo que encontraba a su paso, en un centralismo que es una pesadilla para la convivencia humana. El centro del país como la zona más contaminada en tierra, agua y aire. A eso destinaron el darle todo el poder a la capital del país, y a negar que el desarrollo sostenible y paritario debería de tener en cuenta el respeto por las riquezas ecológicas y culturales de cada entidad.
Ubicar el contexto en sus condiciones físicas y humanas. Hacer esto es atender que el nacimiento de ciudades no se dan por obra del espíritu santo, como dice el pueblo, en sus instantes de reflexión, atendiendo la realidad: todo surge de un largo proceso y es bueno que sepamos ello, pues sólo así se es justo con el esfuerzo en sudor, sangre y lágrimas que ofrecen los buenos líderes y los pueblos en su lucha por afirmar la presencia de sus hogares en el sustento de tener vestido, alimento y casa para todos los que componen el núcleo familiar. Sólo así se puede pensar cómo es que se construyó esta ciudad en el altiplano mexicano. Viendo a través de historiadores, cronistas, arqueólogos, antropólogos, etnolingüistas y demás científicos, lo que permite tomar en cuenta todo, y no sólo un árbol del frondoso bosque que es la creación de ciudades de las más importantes del país.
Cuenta don Poncho: Restos fósiles de mamuts y otros mastodontes han sido encontrados en casi toda la extensión estatal, ya no digamos en el fabuloso Pantano de los Gigantes, puesto que en Ixtapan de la Sal existe todo un cementerio. Y se han encontrado precisamente ahí donde nuestros poderosos volcanes escupen sus albuferas y solfataras, ahí donde está el salitre. ¿Acaso es que los mamuts preferían las aguas sulfurosas?… No es buena compañía para el ser humano la debilidad de la flojera. Por ese defecto es que los mexicanos preferimos estudiar sólo de la Revolución de 1910 para acá. Jamás ponemos atención en serio al estudio del siglo XIX, que es el más importante porque forjó la patria que tenemos. La guerra civil de 1910 fue una guerra contra la dictadura de Porfirio Díaz y sus secuaces: el chacal Victoriano Huerta. Sin embargo, en el siglo XIX se plantean posiciones políticas y culturales del tipo de país que deseaban los nuevos mexicanos.
Los mejores políticos y hombres y mujeres de cultura los legó el siglo decimonónico. Es deber atender estas realidades. Por ejemplo, el saber reconocer que algunos de los postulados de quienes forjaron la patria, venían de la Constitución Política de la Monarquía de España. La lectura de la misma es prueba de ello, las propuestas principales de reformas políticas, económicas, sociales y jurídicas son: Libertad de imprenta; Supresión del régimen señorial, aunque la nobleza mantuvo la propiedad de casi todas sus tierras; Abolición de la Inquisición; Libertad económica, comercial, de trabajo y de fabricación. Eliminación de gremios; Una pequeña desamortización de algunos bienes de la iglesia. Esta novísima legislación dentro de un régimen neomedieval, catalizó las fuerzas políticas en el fin de modernizar a España. Dicha Constitución al ser publicada en América confirmó el deseo de independencia en el continente. Ir de una época a otra ayuda a comprender mejor la historia de los pueblos. No es fraccionándola como mejor se estudia. El estudio de los Matlatzincas no se ve sólo atendiendo el pasado, sino comprendiendo las etapas que siguieron a su presencia como cultura y época indígena. No busquemos un estudio lineal, es necesario comprender que la vida es complejidad cotidiana y plena.

