Mazahuas

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Pertenecen a la familia Otomiana los indígenas que a la fecha llamamos con cariño y fraternidad: Mazahuas. En el libro de Carlos Basauri, encuentro que son parte sustancial de añeja vivencia. Sus antecedentes, dice el autor: En la migración chichimeca hasta el sur y valle de México, que se efectuó desde el siglo VI al XII, aproximadamente, caminaban cinco tribus, uno de cuyos jefes, Mazahuatl, parece haber sido el caudillo de la familia mazahua, siendo los demás jefes de las tribus matlatzincas. Ocuparon el Valle de Toluca y lugares circunvecinos. Generalmente desde entonces, en las más antiguas relaciones, los nombres de los matlatzincas y mazahuas aparecen juntos, y así los vemos en casi todas las fases de su evolución cultural

Es necesario entender que la ciudad de Toluca tuvo una mezcla de culturas en el trayecto a ser lo que es hoy. Comprender esto, y no sólo pensar en los matlatzincas, nos enriquece pues más fuerte es una comunidad en la medida que participan en ella visones y propuestas culturales que en lugar de dispersarla la amalgaman. Cuenta Carlos: El notable historiador Manuel Orozco y Berra, que vislumbró con excepcional claridad numerosos aspectos de la historia prehispánica, a pesar del extenso horizonte que abarcó en su obra (Historia Antigua y de la Conquista de México) supone con acierto, que la situación geográfica de la tribu mazahua hace creer que es de la misma época, “si no más antigua que su congénere”, la matlatzinca. Antiquísima es la cultura Otomí, lo es después la mazahua y luego vendrían los matlatzincas según estos estudiosos en su texto de aquél lejano 1940.

Relata Basauri: Payón, en su obra citada, logra reunir una copiosa documentación acerca del pueblo que nos ocupa, y es posible seguirlo en sus principales lineamientos. Tanto los mazahuas como los matlatzincas y tlahuicas, juntamente con el resto de olmecas que quedaban, formaron con las poblaciones de Culhuacán, Otompan y Tullan, una triada destinada a reunir en una nación tres diferentes pueblos que ocupaban entonces el territorio a que nos referimos, y en que el imperio “joven tolteca” rendía culto preferente a Quetzalcóatl. Mesoamérica centro de decenas y decenas de culturas y lenguas, resulta difícil de seguir pues no hay una historia lineal con ninguno de los pueblos o culturas por más fuertes que sean. 

Por eso la violencia estaba presente de manera permanente en el Valle de México, primero y en el Valle de Toluca después. La barrera de la actual Marquesa de alguna manera o de muchas fue el límite que se opuso a la violencia que se vivía en el Valle que es ombligo de la Mesoamérica de grandes leyendas y hechos históricos. Un solo párrafo dice cómo era el ambiente allá: Estando los chichimecas ocupando varios sitios del valle de México, como Tenayuca y demás estancias, llegaron nuevos pobladores, entre los que figuraban los acolhuas, y pocos después los tepanecas, más propiamente acolhuas, de civilización y cultura muchos más adelantadas que las de sus contemporáneos, pues conocían la agricultura y la escritura jeroglífica. Ruta geográfica de las culturas en los años más brillantes de Mesoamérica son prueba de las grandes dotes que tenían los originarios antes de la llegada de los españoles. 

Son muchos los relatos o crónicas de la pasarela en que se hayan los mazahuas y matlatzincas, por ejemplo, cita Basauri: A la muerte de Techotlala (1409), señor acolhua, su hijo Ixtlilxóchitl le sucedió en el trono; pocos le eran todavía adictos, pues unos le habían desconocido y otros habíanse convertido en aliados de Tezozomoc, en tanto que los mazahuas estaban sujetos a los tepanecas. Con el aplastante triunfo de Itzcoatl, sucesor de Acamapichtli en el trono azteca, y su aliado Nezahualcóyotl sobre las fuerzas de Atzcapotzalco, comandadas por Mazatl, lugarteniente de Maxtla, se restableció el gobierno de Acolhuacán, volviendo a constituirse Texcoco su capital; se consolidó el poderío azteca, aumentando su territorio, y cuando fueron repartidas las posesiones del vencido, se dieron en Tlacopan “los pueblos tepanecas y la provincia de Mazahuacán (los mazahuas)”.  

La larga y procelosa historia de los indígenas antes de la llegada de los españoles astutos y voraces. Carlos dice: Durante el reinado de Moctezuma Ilhuicamina (1449), tropas “mercenarias matlatzincas y mazahuas” acompañaron a la expedición azteca hacia el sur, y al terminar la expedición de la alianza azteca-acolhua-tepaneca de la provincia Huaxteca se trajeron numerosos prisioneros, y tantos éstos como los matlatzincas y mazahuas, fueron empleados para “dar la última mano” al teocalli mayor, correspondiente a los últimos, a quienes llamaban también cuauhtlaca, “acarrear la arena”. Frente al poderío de las culturas del Valle de México mucho seguramente sufrían los mazahuas, matlatzincas y los otomíes, aunque vemos en estos relatos que los otomíes no eran pueblo que se pusiera a las órdenes de los mandantes del valle de México. 

En esa incógnita, de las muchas que hay alrededor del comportamiento que las culturas indígenas tuvieron entre sí. Se dice que: Para la inauguración del templo, se hizo labrar una piedra redonda llamada Temalacatl, en 1459, a fin de iniciar la nueva manera de sacrificio ideada por Moctezuma. A estas ceremonias fueron invitados no solamente los señores de los poblados aliados y los de los vecinos, sino también los de lejanas provincias, entre los que se contaban los matlazincas y mazahuas. Culturas bisagras o culturas supeditadas a los caprichos de los crueles y poderosos gobernantes aztecas. ¿Cuándo llegaron los matlatzincas y cuándo fueron conquistados por los aztecas?… esas preguntas son fundamentales para dar posesión de los territorios primero a la cultura que débil tiende a desaparecer a más de 500 años que anduvo y se posesionó de los territorios que ahora se llaman Toluca. 

Cuenta Basauri: El rey Axayácatl llevó a feliz término la conquista definitiva del territorio matlatzinca y mazahuas, haciendo que sus moradores pagaran tributo a Tenochtitlan y acompañaran a las fuerzas de la confederación a diversas expediciones, especialmente la emprendida contra los tarascos. Tanto los matlatzincas como los mazahuas venían a Tenochtitlan a renovar su obediencia cada vez que por la muerte de un monarca azteca asumía el poder el que era elegido para sustituirle, trayendo presentes cuantiosos. Se les invitaba igualmente como a los aliados, en las festividades que se efectuaban con motivo de la renovación o ampliación del gran teocalli. Más de cinco décadas vitales para lo que habría de venir. La llegada de los españoles con sus nuevas armas y su adelanto tecnológico, además de la gran astucia del conquistador Hernán Cortés, y sin duda de varios más que le acompañaron en la aventura más relevante que se haya vivido, en aquel nuevo continente que los conquistadores no sabían descifrar todavía en su totalidad ni en su complexión.

La bibliografía de tres tomos del libro La población indígena de México me da luces sobre la tarea que el historiador y cronista tiene ante sí, para comprender el vastísimo territorio que significa estudiar a matlatzincas, otomíes, mazahuas y nahuas: en sus diversas variedades y nombres con el que se les designaba en el Valle de México; por ser la lengua dominante que termina siendo la que de nombres a muchas comunidades, villas y ciudades del estado de México. 

Los textos lo dicen, por igual, cito: Carlos Basauri Apuntes etnográficos sobre los indios otomíes del valle del Mesquital, 1930; Francisco Belmar Lenguas indígenas en México, 1905; Beuchat Manual de Arqueología, 1918; Biart Les azteques, histoire, moeurs, coutumes, Paris, 1985; Roque Ceballos Novelo Las Instituciones aztecas, México 1935; Carlos R. Méndez Historia del infame y vergonzoso comercio de indios, 1923; Manual Orozco y Berra Geografía de las lenguas y carta etnográfica de México. Así, en el tiempo estudiar libros, viene a ser escuela segura para poder encontrar la esencia sobre nuestro pasado.