Memoria y Tiempo
Tarea del cronista son la memoria y el tiempo. Sabiendo que nada de lo humano y del patrimonio natural le es ajeno. Siguiendo la huella de Enrique Florescano, cita: El núcleo de este mensaje era la historia del propio pueblo, los valores que lo constituyeron como nación y explicaban sus relaciones con los dioses, el cosmos, la naturaleza y los pueblos vecinos. El mito, los anales históricos, los cantos y la arquitectura de los centros ceremoniales fueron los transmisores de esos valores. Quizás el logro mayor de estos pueblos fue haber resumido esas tradiciones en una suerte de enciclopedia básica que aseguró su traspaso a descendientes. Esta enciclopedia fue el libro sagrado que atesoró la memoria de la nación. No negar nuestro pasado. Sí, atender sus estudios con el gozo de saber de nuestro árbol genealógico como país que existe en el siglo XXI con todas las de la ley. Dice bien Florescano: Este ensayo intenta dar cuenta de los orígenes de la memoria histórica mesoamericana, registrar algunas de sus innumerables transformaciones y explicar el papel que en su formación jugaron los lenguajes, que plasmaron esa experiencia en cantos, imágenes visuales, ritos y tradiciones históricas que hoy nos siguen conmoviendo y nos vinculan con los ríos profundos que transportan los valores de seres humanos distintos a nosotros. Reconocer nuestro mestizaje y por ello saber que sí, aquellos ancestrales habitantes del altiplano americano, fueron diversos a nosotros sólo en comportamientos, en hábitos de vida y sobrevivencia, pero como todo lo humano, también fueron iguales a nosotros, en el deseo de ser felices y vivir dentro de los marcos de familia en convivencia pacífica.
El último párrafo que cita en su Advertencia al libro, recuerda que hay una Memoria Indígena regada por todo este país. Sólo los colonizadores mentales y físicos la niegan. Ello, nos advierte, que no es posible seguir manteniendo la imposición etnocentrista de siglos XV y XVI, cuando llegó Cristóbal Colón, y más adelante el conquistador Hernán Cortés para negar la existencia de la Indiada, así llamada por conservadores y racistas de todo tipo para los cuales, nuestras mejores culturas prehispánicas con el sólo aparecer físicamente insistían en aparecer a pesar de todo. Cito al autor: Los dos capítulos finales intentan presentar una imagen de las variadas reacciones que asumió la memoria indígena desde el momento en que la invasión europea la convirtió en una memoria marginal, perseguida y, sin embargo, inquebrantable en su propósito de reproducir las tradiciones de los pueblos indígenas. Esta batalla de 500 años es lo que nos debe preocupar. Pues tiene un contenido ético y moral del cual nadie escapa. Ni Iglesia o poder político, ni milicia, o los que creyendo dominar para la eternidad —al estilo de Adolf Hitler—, insisten en que se sólo ha nacido la ciudad a partir del ser conquistados; visión y acción de los vencidos les recuerda que no es así. Y que la memoria histórica siempre retorna para contar la verdad de los sucesos. Retorna para que quién quiera escuchar y leer, pueda no cometer el mismo error, de los que en diversas etapas han llevado al cadalso a la humanidad.
Para comprender lo que pasó en el Valle de Toluca es necesario estudiar lo que sucedió más allá, en el Valle de México, y de manera general en lo que se llama Mesoamérica. Y no sólo eso, saber de lugares más lejanos cuya importancia para la investigación de culturas prehispánicas nos obliga a ir, por ejemplo, a culturas como la Maya. En el texto de Florescano, veo el capítulo 1. Los primeros relatos sobre la creación del cosmos y el principio de los reinos en él dice: Cuando se leen más de una vez los mitos que elaboraron los pueblos nahuas sobre la creación del mundo y el origen de las criaturas humanas (Leyenda de los Soles), inevitablemente se advierte su semejanza con el mismo género de relatos mixtecos (Códice de Viena) o mayas (Popol Vuh), y se llega a pensar que estos textos tuvieron una fuente común, un modelo. Tres poderosas culturas emparentadas en textos que descifran la importancia del pasado en estas tierras. Insistir en ello, en visibilizar lo que neocolonizadores insisten en borrar sin poder. Hay textos o documentos, restos arqueológicos, que comprueban la riqueza cultural sobre las que se fundó nuestra mexicanidad, si así se le puede decir. Una mexicanidad que toma en cuenta las etapas de nuestro desarrollo, sin negar ninguna de ellas, sin censurar a una, para hacerse más importante en lo que es un proceso de crecimiento: con lo bueno y lo malo, que ello trajo por siglos a sus pobladores.
Escribe Florescano: Algunas pistas sugieren que desde tiempos remotos los pueblos sedentarios elaboraron un canto que explicaba el origen del cosmos y la relación de los seres humanos con los dioses, la naturaleza y las tribus vecinas. Primero fue el apenas vivir al día, sin necesidad de reflexionar, una cualidad del hombre en épocas más avanzadas. Reflexionar de ¿dónde venimos? ¿por qué estamos aquí? Al pensar en la propia existencia se pasó de la animalidad venida de la naturaleza y sus exponentes; a ser un individuo que veía su vida personal, pero también la de su familia, y sus vecinos. Pensar en esta proeza de la humanidad es otro de los milagros de la cultura en todos los tiempos. Al comprender esto, sabemos que por ello no podemos negar hechos del pasado, sin rechazarnos a nosotros mismos. Dice Enrique: Aun cuando siempre es importante precisar cuándo se originó este relato y quiénes fueron sus autores, el objetivo de estas páginas es dar con los mecanismos que transmitieron esos cantos de una generación a la siguiente, o de los pueblos a otro. Se trata de indagar cómo trabajaba la memoria indígena: ¿Qué conservaban esos pueblos del pasado? ¿Qué instrumentos usaron para heredar a sus descendientes los conocimientos adquiridos? ¿Qué mensaje querían transmitir? Para responder a esas preguntas seleccioné cuatro mitos sobre la creación del cosmos procedentes de distintas culturas de Mesoamérica e intenté descifrar contenidos y mensajes.
Labor de un estudioso que nos enorgullece a mexicanos de este tiempo y da el consejo, de cómo enfrentar en la Crónica y en la Historia, el trabajo de saber de nuestro pasado y aun del presente sin negar nada. Es decir, en su consejo: estudia mucho y a toda hora, el tema sobre el cual quieres saber o escribir. Mientras más a profundidad y seriedad lo hagas, más sabrás y entenderás lo que lees para tu gozo, ese gozo del que habla Jorge Luis Borges en el tema de por qué leer el Libro como forma de felicidad.
¿Tenemos pasado los mexicanos contemporáneos? Sí, es la respuesta, y por ello, ponemos atención a las palabras de Enrique Florescano en su escrito El texto maya más antiguo sobre la creación del cosmos y el principio de los reinos. Leo siguientes párrafos: Al comenzar la década de 1990, en un libro que cambió la concepción que entonces se tenía del mundo maya. Linda Schele descifró el mito acerca de la creación del cosmos escrito en jeroglífico más antiguo que conocemos. En este libro innovador, Schele advirtió que Kan Balam, el sucesor del poderoso Pakal, rey de Palenque, intentó superar los problemas de legitimidad que habían perturbado, su acceso al trono mediante la construcción de tres magníficos templos en el centro ceremonial de Palenque: el Templo de la Cruz, El Templo de la Cruz Foliada y el Templo del Sol. Quizá Kan Balam pensó, si los dioses protectores de Palenque tenían su propia casa en el corazón de la ciudad, más fuerte sería su vínculo con ésta y mayor el prestigio del reino. El estudio de la mitología americana de la época prehispánica a lo largo y ancho del continente, son prueba irrefutable de la inteligencia y talento que existía en estas tierras antes de los españoles.

