Mesa de postres

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El inicio de año pinta en blanco, en dulce, en chocolate, con los últimos gritos y fiestas de las semanas pasadas, con las metas trazadas, mal dibujadas y con aires de grandeza, se despejaron más de diez ideas que hasta comezón me provocaban, firmé mis propios decretos en plumón negro sobres las estrías de mis rodillas, y eliminé de mis descargas la música que me ponía de malas, la mesa de los dulces del 2020, que permaneció cerrada, porque quería verme empezando todo desde cero, pero ya la abrí, ya pueden pasar y llenar las bolsas con destreza de los sabores que quieren guardarse para todo este veinte-veinte, gracias a que los dulces me gustan pude llenar una bolsa para cada mes del año, con metas simples, hábitos sanos y un margen de error brutal.

Pagarme mis propios errores y dejarme ser imperfecta. Anoche me acordé que mi meta de lectura libre, era de 30 libros (2019), y no llegué ni a la mitad, leí solamente 13 libros, no me entristece, simplemente me pone de buenas saber que pude hacer mil y una cosas más, y que esos 13 libros los disfruté, y los tengo bien presentes, no conté mis amados audiolibros, que –Uff, cómo hicieron  mis tiempos en el tráfico más ligeros. Ahora vengo con todo, pero propondré un número más real, para no hacer panchos, 24, ¿va?, dos al mes, de todo, y por mis calzones–.

También hice una lista para pegarme en la frente:

Quiero dejar de:

Quiero aprender a:

Quiero intentar:

Quiero tener:

Quiero empezar:

Quiero continuar con:

Quiero ser:

Les iré contando con cuáles palabras llené los espacios, pero esa lista involucra: tiempo conmigo, tiempo para mí y mi cuerpo y tiempo para hacer feliz a mi alma, buena falta me hace. El año pasado dediqué el tiempo a los demás, a que todos estuvieran bien, a que todos encontraran paz y bienestar, pero me olvidé un poco de mí, así que agarré –sin desdén– postres, y me fui meramente por su apariencia, así tomaré el año, con lo dulce y lo salado, con el mantel o sin él y dejándome siempre un espacio para saborear más.