Mi paso por un film
Resulta que soy cinéfilo desde que tengo memoria. Por mis ojos han pasado muchos de los films que han hecho historia, prolijo sería contarles los nombres: Desde Lo que el viento se llevó, a la mexicana, Nosotros los pobres y así casi mil más, hasta los de esta Pandemia.
Lo que nunca soñé es que yo, Pancracio Pérez, humilde servidor de ustedes, cuando frisaba los 25 años saliera al final de una película.
Les juro que es cierto, aunque fugazmente estoy impreso en una película y ese film es Hannibal que estelarizó Anthony Hopkins.
Sucede que, en ese venturoso año, andaba de vacaciones –por cierto, sería la única vez– por lo estudios que funcionaban en Hollywood. Entonces noté movimiento de cámaras desde las alturas. No le di importancia y seguí caminando por una ancha rúa que colinda con una playa. Alguien comentó en champurrado inglés que era el final de la película Hannibal Lecter.
Ahí quedó. Obvio, cuando la cinta se exhibió fui con mi media naranja y como casi todos los cinéfilos asistentes a esa salita de cine, me encantó.
Ah, pero al final, cuando Lecter se pasea libre en atuendo vacacional, el fotógrafo, tal vez por instrucciones de él mismo, alargó la escena y se ve a Lecter con, vestimenta vacacional revuelto en la multitud, entre las letras de créditos de la película y, ahí, ¡ohh, que me descubro! Así es, en el medio centenar de gente que curioseaba, ahí voy yo, mi pantalón corto, mi sombrero Panamá, ¡Yo! Un poco antes del The End yo, un extra involuntario, ahí –en el chispazo final– voy caminando, estoy impreso en el film, sin decir nada ¿para qué?, anónimo entre la multitud en la que se pierde Lecter.
Se apagaron las luces y al ir saliendo la gente común, yo Pancracio Pérez, siguiendo la ruta de Anthony Queen, Pedro Armendáriz, Dolores del Río, etc., aunque sin notarme tanto como ellos ya salí en un film gringo y eso, me lo llevaré a la tumba.
