Mitología hermanda
Me encantan los títulos de los libros antiguos: maya, mixteco, nahuas y k’iche’ escritos en el enorme territorio prehispánico. Los propios españoles no podían imaginar todo lo que iban a dominar con su barbarie y genocidio. En contra de poblaciones que desde Nayarit y hasta Honduras, por sólo citar el territorio que es más destacado por centros urbanos, o sitios al que le pusieron: La Nueva España, en siglos del XVI al XIX, Son grandes conquistas las llevadas en vida por pobladores —vencidos y vencedores— que siguen guardando miles de incógnitas, lo que hace necesario ir descubriendo con pasión del amante. Interesante es leer: El Libro K’iche’ más antiguo sobre la creación del cosmos y el principio de los reinos. Dice Florescano, en el libro Memoria Indígena: Veamos ahora el contenido de otro libro original, elaborado por el pueblo K’iche’. Que se asentó en las tierras altas de Guatemala.
El Popol Vuh, el libro más notable de la antigüedad americana, como lo llamó Adrián Recinos, ha sido objeto de numerosos análisis y de las interpretaciones más diversas. Con todo, faltan estudios que iluminen la lógica que mueve las acciones de sus personajes, y aún carecemos de una explicación satisfactoria sobre la naturaleza de esta obra fundamental. Así como hablamos de La Biblia, por la importancia en dos rubros por lo menos: religioso y literario. Bien recuerdo a dos poetas, el primero Jorge Luis Borges, ensayista, cuentista y expresión de la Literatura en sus gamas más relevantes, contestando que para él, el libro más importante de los que había leído, era La Biblia; igual lo fue para el poeta y gran lector mexicano Alí Chumacero —de igual manera que Borges—, señalaba con afecto que el libro más importante era La Biblia.
Por ello, los mexicanos debemos tener particular atención, por los libros escritos en época prehispánica. Pues con el conocimiento, que bien puede acercarse por pasión y respeto, a lo que hace la religión musulmana por El Corán, nacidos en Arabia y su península, los cuáles en diversidad de naciones y regímenes políticos, hacen de este texto admirable su principal lectura. Cito de igual manera el caso de los judíos en el texto: El Talmud. Como vemos cada cultura, de las grandes que hay en el mundo, tienen en un libro, su identidad religiosa, política o literaria.
En el caso de los mexicanos, evangelizados por las buenas o las malas durante tres siglos de Colonia Española, deberíamos, amando La Biblia, saber que muestra de respeto por el pasado, es haber leído ya los cuatro libros, tal cual sucede en Guatemala por el Popol Vuh; La leyenda de los Soles, en el centro del país, o El Códice de Viena, para entender pluralidad cultural de Oaxaca y sus etnias a partir de los mixtecos o zapotecas; al final, el texto más antiguo de los mayas que llama a comprender que el lenguaje antiguo en estas tierras viene de lejos, tan lejos, que pocos sabemos de los mismos.
Recordemos a Florescano en su libro Imagen del cuerpo… en la página 186, dice: La escritura proporcionó a los gobernantes un código de identidad unificador y un instrumento idóneo para comunicar mensajes a distintos públicos. Los mayas le otorgaron a la escritura y a la imagen un significado sobrenatural, pues consideraron que era creación divina. La invención de la escritura se atribuyó a Itzamnaah, que para los mayas de la época Clásica era el “soberano de los dioses”, el creador de la cultura y el dios civilizador. Por su carácter sagrado, el acceso a la escritura quedó limitado a los gobernantes, y su aplicación a los escribas, el Ajtzib, “el de la escritura”, “el sabio” o “el conservador de los libros sagrados”. Escribir y leer fueron conocimientos exclusivos de la nobleza maya. Michael D. Coe y Justin Keit resumieron en letras, fotografías e imágenes el arte de los escribas y nos brindaron un retrato representativo de los artistas que dibujaron el imaginario maya.
Imaginación, fantasía, realidad, gozo o tristeza, miedos y batallas, todo queda en letras, en lenguaje antiguo del jeroglífico o de aquellas formas, que viniendo del medio oriente comenzaron a fijar la memoria de los pueblos originarios; al crear el mundo de mundos que es la explicación en una u otra cultura de la aparición del hombre en la tierra. Conocemos por el catolicismo o cristianismo cómo sucede en La Biblia. Los mexicanos de este tiempo ignoramos los cuatro libros más antiguos que desde la patria en Mesoamérica, hablan de lo mismo con diverso lenguaje y diversos escenarios: obligación es estudiarlos, pues son documentos de nuestros antepasados que esperan revivir en las letras, dibujos e imágenes la herencia que nos dejan.
Recurro a lo escrito por don Ángel María Garibay, en su texto sobre Mitología Griega, publicado en la editorial Porrúa en la colección Sepan Cuantos, en el año de 1964. En él dice el Padre de la Crónica en México: Tienen los mitos el don de darnos las ideas religiosas de los pueblos, por bajas y aun degeneradas que parezcan en muchas ocasiones. Sin indicios de como ideaban y creaban los poetas de antaño. La sustitución del poema en la antigüedad o lo que es mejor, la incorporación del poema a la historia, es una de las mejores aportaciones. No sabemos quién crea el mito, pero sí sabemos de qué pueblo procede.
Y en esto vemos los juegos de las fantasías individuales y colectivas, que dan fruto de creación. Individuales, porque cada mito es creación de un hombre, y colectivas, porque cuando el hombre ha forjado su poema, lo da a los demás y ellos lo rehacen, lo modifican y al correr por bocas y memorias son los ríos: al correr crecen. Se enriquecen a veces, se empobrecen en otras. Pero en tiempos en que no había la tiranía del alfabeto y del libro, su hijo, la boca y la memoria hacían todo. Y en eso está un nuevo valor de la mitología. Esto es, para todas las culturas y mitologías que hay en el mundo, en diversas lenguas y en distintos pueblos que los fundan. Al estudiar los cuatro textos que Enrique Florescano pone como expresión de nuestras mitologías más inquietantes y magníficas que tenemos desde Guatemala el Popol Vuh; pasando por Yucatán, Campeche y Quintana Roo, en los textos mayas más antiguos.
Desembocando en Oaxaca en la zona mixteca con El Códice de Viena; y transitar hasta el centro de Mesoamérica en Tenochtitlan y Teotihuacan con La leyenda de los Soles. En ese recorrido, encontramos cuatro textos que definen la mitología de tales culturas, con su poder que enriquece el lenguaje, la imaginación y la magia, sobre la que sustentaron como origen de sus culturas. El transitar inventando hombres y mujeres excepcionales: metafísicos en valores y fortalezas. Por eso para el griego Hércules, nos basta en México: Nueve Viento. Así refiere don Ángel María Garibay: Zeus es una deidad de origen netamente indoeuropeo y acaso la única que con certeza absoluta puede atribuirse a los pueblos derivados de este tronco. Como tal tiene un carácter que debemos tomar en cuenta. Más tarde su figura se identifica y enlaza con los númenes del pueblo inválido y da origen a una gran multitud de leyendas y de mitos que tienen gran variedad de concepción, de los más altos a los más rastreros. Exige este doble aspecto tratar en dos partes el tema.
Cierto, hay mitologías que logran una mayor influencia en vida de los pueblos y actualmente, de las naciones. La mitología griega es admirable en múltiples aspectos. Pero al hacer comparaciones entre los griegos y su manera de pensar, imaginar y crear, lo que aportan libros del Popol Vuh, Códice de Viena, La Leyenda de los Soles y textos de la cultura Maya, es que son prueba de que elaboración de conceptos, personajes, es un juego de la naturaleza con el hombre, plantea la visión cosmogónica que tanto hemos admirado en otras literaturas. Tal cual sucede con autores que imaginaron El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien o Crónicas de Narnia de C. S. Lewis. Los nombres de sus autores les conocemos; el cine se ha encargado de volverlos tema que en todo el mundo se ha regado, para hacer de la crónica y la imaginación, los supuestos sobre los que la nueva realidad ha de transitar en escenarios cinematográficos. La magnificencia de las grandes pantallas lleva a la magnificencia del guion según sea el costo de las grandes producciones de Hollywood.

