Mujeres hartas

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Es innegable que en México, ser mujer significa ir contracorriente; la cantidad de agresiones, abusos, injusticias, laceraciones y muertes que se presentan todos los días dan cuenta de una situación que ha sido atendida poco y se transforma en una asignatura pendiente.

 

Es penoso tener que reconocer que este país no ha sabido dar el lugar que un número altísimo de mujeres ha sabido ganarse con su esmero y dedicación; doblemente doloroso saber que, muchas de esas inconsistencias hacen del trato a la mujer un asunto de sensata atención.

 

Lo es porque a lo largo de los años la autoridad ha fungido como mudo testigo de una realidad que no parece cambiar, entre otras cosas, porque el endeble sistema de justicia que tenemos tarda más en capturar a los agresores que en dejarlos salir so pretexto de carpetas de investigación mal integradas, o por la lastimosa falta de pruebas.

 

Lo es porque, en un país donde no pasa nada, todos nos hemos convertido en cómplices de estas conductas por nuestra inacción, nuestra apatía, nuestro egoísmo o nuestra inmensa estupidez.

 

Lo es porque, ante la problemática, muchos varones somos buenos para apoyar en el discurso, en las redes sociales o incluso en las marchas; pero incapaces de poner un alto a sus compañeros o amigos que denostan a las damas frente a nuestras narices y lejos de molestarnos, hasta festejamos las ocurrencias.

 

Lo es porque, en el día a día, preferimos asumir una conducta pasiva, y no damos cuenta a las autoridades de que tal o cual sujeto se divierte haciendo mofa de toda mujer que encuentra a su paso. Dice el refrán, tanto peca el que mata a la vaca, como quien le ata la pata.

 

Lo es porque, ante la evidente desesperación, hay quienes ironizan y se burlan de una iniciativa cuya única intención es hacer reaccionar a una sociedad permisiva y omisa ante tantas y tantas situaciones violentas.

 

Imposible no sentir empatía, imposible no reconocer que tenemos mucho que trabajar como sociedad; simplemente para ser congruentes, también debemos dejar claras algunas posturas:

 

No matan todos los hombres, lo hacen los asesinos (sin importar género); no roban solo los hombres, lo hacen los malandros. No es un asunto de hombres contra mujeres; es un tema de gente mala versus gente buena.

 

Entiendo y legitimo el hartazgo femenino, lo que no puedo entender es el oportunismo de algunas damas que, ante la crisis, pretenden capitalizar ese movimiento legítimo y oportuno para valerse de la violencia para exigir que no haya violencia.

 

Cuando alguien, sea quien sea, tiene que ocultar su rostro, es señal de que no hay verdad en su decir y hacer. Las personas que nada deben, se muestran como son y hacen valer sus derechos; el que se oculta, tácitamente reconoce que no anda por buenos pasos.

 

Plausible la solidaridad de muchas instituciones, públicas y privadas, que comprenden que la manifestación del próximo lunes 9 de marzo es, no sólo necesaria, sino obligada en un contexto como el nuestro.  Ojalá esa solidaridad sea comprendida por todos; de nada va a servir si las afectadas, mujeres, toman ese día como asueto y aprovechan para ir a tomar el café, hacer compritas o salir a divertirse.

 

Eso significaría que, aún en el hartazgo femenino, hay quienes prefieren ponderar su ventajosa realidad sobre un reclamo legítimo y necesario.

 

¿De qué lado estamos?

 

horroreseducativos@hotmail.com,

davidalejandrodiaz.blogspot.com