MULTIVERSOS DE LA CIBERSEGURIDAD
El mes de octubre enmarca la sensibilización en torno a la ciberseguridad con motivo de las iniciativas generadas en Estados Unidos y la Unión Europea en las que este mes se realizan una serie de actividades para promover un ciberespacio confiable, el cual constituye una de las expresiones más avanzadas de la civilización humana que ha logrado virtualizar su actuación y crear un hábitat digital en el que se logran materializar grandes obras a partir de las ideas cimentadas sobre constructos intangibles que tienen una existencia cierta sólo en el entorno digital. El ámbito mexicano si bien no cuenta con una iniciativa o declaratoria similar hasta el momento, aprovecha esta coyuntura para impulsar las iniciativas y esfuerzos nacionales sobre el tema en las cuales es posible destacar diversas fortalezas de su contexto.
No obstante, a pesar de la aparente simplicidad del concepto de ciberseguridad como elemento principal de una política de socialización en el marco de dichas actividades, constituye una de las barreras para su asimilación en la cultura popular, que si bien se reconoce como cibernauta y de manera cotidiana interactúa con dicho entorno, cuenta con pocos elementos doctrinarios que le permitan entender el alcance de sus actos en dicho medio etéreo.
Por ello, como punto de partida una de las definiciones más completa es la de la Unión Internacional de Telecomunicaciones que refiere: “La ciberseguridad es el conjunto de herramientas, políticas, conceptos de seguridad, salvaguardas de seguridad, directrices, métodos de gestión de riesgos, acciones, formación, prácticas idóneas, seguros y tecnologías que pueden utilizarse para proteger los activos de la organización y los usuarios en el ciberentorno. Los activos de la organización y los usuarios son los dispositivos informáticos conectados, los usuarios, los servicios/aplicaciones, los sistemas de comunicaciones, las comunicaciones multimedios, y la totalidad de la información transmitida y/o almacenada en el ciberentorno. La ciberseguridad garantiza que se alcancen y mantengan las propiedades de seguridad de los activos de la organización y los usuarios contra los riesgos de seguridad correspondientes en el ciberentorno. Las propiedades de seguridad incluyen una o más de las siguientes: disponibilidad; integridad, que puede incluir la autenticidad y el no repudio; y, la confidencialidad”.
Un concepto que si bien pudiera resultar complejo, en la práctica más bien constituye un fenómeno observado desde diversas aristas en el que el ciberespacio es el contexto y la ciberseguridad es el enfoque por el cual se preservan las actividades que realizan los cibernautas, y, que al igual que en un espacio físico y los conceptos de seguridad (jurídica, pública y nacional) representa un mecanismo de gestión de actividades ante supuestos determinados, en los cuáles los elementos del Estado confluyen para alcanzar los fines de su propia creación desde la vertiente de una de dichas columnas; es decir, en concreto la ciberseguridad podría traducirse como la expectativa de seguridad que tienen las personas en torno a su calidad de cibernautas respecto de sus actividades en el ciberespacio, y, por ende, bajo los mismos límites de tolerancia y eficacia, por lo que la ciberseguridad en un plano inicial, se puede entender como la seguridad de los cibernautas en el entorno digital.
Hablar de seguridad en el entorno físico de por sí constituye un elemento complejo en el ámbito de los derechos y libertades de las personas, como para considerar que puede existir una aproximación única del concepto de ciberseguridad, sobre todo si consideramos la concepción lúdica que todavía predomina en migrantes, nativas y nativos digitales, primero que vieron en las tecnologías de la información y comunicación un nuevo entorno con algunos aplicativos curiosos que permitían explorar una serie de herramientas que poco a poco empezaron a predominar el entorno, sobre todo laboral, en el que el internet empezó a volverse la plaza principal de intercambio del ámbito profesional, y, por otra parte respecto de los segundos, que su aproximación inicial a estos entornos se dio a partir del juego y, que dificulta la comprensión de límites e ideas de tratamiento respecto del ciberespacio, puesto que constituyen las primeras generaciones que viven en estas condiciones.
Posiblemente, constituye una de las razones por las cuáles ha tardado en consolidarse una nueva exigencia de derechos digitales, puesto que eventualmente, los hechos, virtudes y vicios del entorno físico, contrastados con la optimización de actividades derivadas del uso de las tecnologías en el ciberentorno, han generado una nueva serie de resistencias propias de la adaptación de las personas, que eventualmente solamente se volverán imperantes en el momento en el que se rompan los nuevos límites, los cuales están siendo puestos a prueba durante este periodo de digitalización ante el confinamiento.
Es por ello que para facilitar la conceptualización de la ciberseguridad puede asemejarse el ciberespacio a un multiverso o multiuniverso en el que cada enfoque de aplicación constituye uno de los aspectos a preservar para gestionar la seguridad de los cibernautas en el ciberespacio. Mención aparte merecerá en otra colaboración sobre las implicaciones del concepto “ciber”, a pesar de que en esta colaboración se use de manera indistinta para referirnos a entornos digitales o virtuales conectados o interconectados al internet o a diversos entornos virtuales.
Sin embargo, para establecer el punto de partida el enfoque tradicional de ciberseguridad se asocia con el de la sanción de las irregularidades, es decir, a partir de los delitos en dicha materia, que como en el caso del concepto de “ciber”, también implicará un análisis diverso las connotaciones entre delitos informáticos, cibernéticos y/o ciberdelitos, entre otros; y, por tanto uno de los principales instrumentos en el ámbito internacional se constituye a partir del Convenio de Budapest, así como su protocolo adicional, el cual principalmente hace referencia a los diversos tipos de ilícitos en entornos virtuales y los mecanismos de cooperación entre autoridades para tales efectos, así como en específico a la criminalización de actos de naturaleza racista y xenofóbica especialmente a través de entornos virtuales.
No obstante, como puede advertirse el ámbito de ciberseguridad no puede estar limitado a la persecución de los delitos en el entorno virtual, sino de manera integral de los elementos que van vinculados con la gestión de la seguridad en dicho entorno y por ende, relacionados con la prevención, control, disuasión, sanción y combate de la ciberdelincuencia de la cual se logra identificar una amplia gama de autoridades y materia vinculadas, que al igual de los multiversos hasta el momento coinciden en un momento y lugar determinados pero que trazan su curso de manera separada, y que seguirán en dicha mecánica, mientras no se aterrice una estrategia integral que permita atenderlos a todos en la misma dimensión.
Es así, que la ciberseguridad, tratándose de las vías de comunicación como en el ámbito real son carreteras y espacios públicos, requiere una infraestructura física y lógica sobre la cual se orienten las reglas de la convivencia, lo que se da en el ámbito de las telecomunicaciones; tiene su enfoque de prevención y control a través del patrullaje que realiza la policía; requiere mecanismos de coordinación para cumplimiento a través de decisiones judiciales firmes, y, aquí destaco el ámbito de la protección de datos personales, como el conjunto de reglas que posibilitan la interacción de cibernautas en el ciberespacio, entre otras materias que posibilitan gestionar espacios de seguridad que en su conjunto dan dimensión a la ciberseguridad.
Por ello, este mes en el cual se realizan diversas actividades e iniciativas en materia de ciberseguridad, uno de los primeros conceptos que debemos tener como usuarios del entorno digital, es que la ciberseguridad tiene diversas aproximaciones que en su conjunto, posibilitan un ciberentorno seguro.
Hasta la próxima.

