MUÑECA LELE, PUENTE ENTRE EL PASADO ANCESTRAL Y EL PRESENTE EN TOLUCA
Por Fátima Chávez
En el corazón de la delegación de San José Guadalupe Otzacatipan, en Toluca, las manos de Margarita Macías Hernández transforman el trapo y el hilo en verdaderos guardianes de la identidad otomí.
Como integrante de la tercera generación de una familia dedicada por completo a este oficio, Margarita ha convertido la elaboración de la muñeca Lele en un puente entre el pasado ancestral y el presente de la capital mexiquense.
Lo que comenzó como un aprendizaje en su infancia es hoy su sustento económico y una forma de resistencia cultural que se niega a desaparecer, pues cada pieza que sale de su taller es un testimonio de paciencia y precisión, ya que el proceso de creación puede extenderse por un día completo por cada ejemplar.
Desde el bordado minucioso de las expresiones del rostro hasta la confección de vestuarios vibrantes adornados con listones de colores, el trabajo de Margarita es mayoritariamente manual con la esencia de la cultura otomí que permanece intacta en los rasgos característicos de las muñecas, las cuales son reconocidas como una de las expresiones artesanales más emblemáticas de nuestro país.

La artesana radica también en su capacidad para innovar sin perder la tradición y las manos de Margarita han sabido adaptarse a la icónica Lele a los ciclos del calendario festivo mexicano; durante las fiestas patrias, el Día de Muertos y las festividades navideñas, vistiendo atuendos alusivos que capturan la mirada de visitantes.
Sin embargo, es en la época decembrina donde su creatividad alcanza un punto culminante con la creación de nacimientos estilo Lele. En estas representaciones, figuras sagradas como la Virgen María, San José, el Niño Dios y los Reyes Magos son recreados íntegramente en trapo, fusionando la fe y la costumbre con la estética indígena.
El legado de Margarita Macías Hernández no solo se mide en la belleza de sus costuras, sino en la versatilidad de una artesanía que evoluciona. Al establecerse en Toluca, ha logrado que la muñeca Lele se integre a contextos contemporáneos, demostrando que el arte popular es un ente vivo.
Su labor asegura que cada puntada sea un recordatorio de que la identidad otomí sigue vigente, adaptándose a las nuevas celebraciones mientras preserva el valor histórico de una herencia familiar que ha pasado de generación en generación.

