+Murió Manuel González Espinoza; en una entrevista analizó el fracaso del PRI en el 2018, propuso desmantelar las instituciones que ya dieron de sí
La frase:
Es imposible no estar tristes… Su ausencia duele, pero sus conocimientos siempre nos lo recordarán.
PARA MANUEL GONZÁLEZ ESPINOZA
EL PRI Y SU FRACASO
Nacido en Zihuatanejo Guerrero, el 28 de agosto de 1957, el destacado abogado y político Manuel González Espinoza murió ayer en el hosopital de ISSEMYM en Tlalnepantla y será velado en Gayosso de Santa Mónica. Que en paz descanse. Quise recordarlo con una entrevista que me dio en el año 2018 a raíz de la pérdida del PRI en las elecciones presidenciales de julio de ese año.
González Espinoza fue presidente municipal de Metepec, diputado local y federal, subsecretario de gobierno estatal, subsecretario de desarrollo político a nivel federal y secretario del PRI estatal, entre otras cosas; también formó parte del llamado Grupo de los Siete.
Presidió la Comisión para investigar el asesinato de Luis Donaldo Colosio, por parte de la Cámara de Diputados y producto de las investigaciones y los datos que le proporcioné se logró un documento de mayor importancia en contenido, que el realizado por el fiscal especial Miguel Montes García, con datos que a su vez me dio a mí el gran amigo y destacado periodista Jesús Blancornelas, director del famoso semanario Zeta de Tijuana.
Charlé con Manuel González Espinoza acerca del PRI y lo que puede pasar con el Partido que hasta antes del 1º. de julio, era predominante primero, hizo un diagnóstico:
La derrota electoral del pasado 1º. de julio se debió, entre otras cosas, a la soberbia, la inexperiencia, las malas decisiones y hasta la falla histórica de los gobiernos emanados del partido, lo cual nos llevó a los resultados conocidos.
Se dio el deterioro de la imagen de éste y del gobierno, muy marcado, derivado de los actos de corrupción, solapados a los funcionarios de todos los niveles: municipales, estatales y federales. Durante mucho tiempo se dio la mala dirigencia del partido, pésimas coordinaciones de las campañas y una estrategia equivocada.
La corrupción y la impunidad, generaron inconformidad social que se expresó directamente en las urnas. Las profundas desigualdades e inequidades dieron origen a la inseguridad y a la desesperanza de los sectores sociales vulnerables.
Permitimos y practicamos una política que, en los últimos años, se ha organizado por la desmesura económica de un grupo, dejamos el poder en manos de un reducido número de familias.
La derechización de la política, fincada en el lucro, que no tuvo límites en los últimos sexenios, pese a la alternancia y a la pluralidad, sólo alcanzó a unos cuantos. Se permitió la ocasión de amasar fortunas; cometer todo tipo de faltas, e incluso, delitos y gozar de impunidad, se permitieron tramas y redes que se han tejido a lo largo de los años en nuestro país.
Todos los que han vivido como casta dorada, con remuneraciones que difícilmente ganarían en otro lado; sin contar las conductas indebidas que han generado que sólo han producido nuevos ricos. La galopante corrupción que ahondó la brecha entre los indigentes y los opulentos.
El pueblo se mostró harto del modelo político, las victorias no son eternas ni las derrotas para siempre, las mayorías pueden dejar de serlo y las minorías pueden convertirse en mayorías.
La incompetencia de las instituciones para atender eficazmente la desigualdad, además de la incertidumbre en cuanto a la forma de combatirla y transformar al país.
El abandono que hizo el PRI de las causas populares y el desprecio por la militancia fueron factores que propiciaron el resultado electoral. La gente está insatisfecha con el ritmo y el alcance de los cambios en el país, quiere más participación en la toma de decisiones del gobierno. Los excesos de eventos de enriquecimiento, la desigualdad, los intolerables privilegios de algunos y la desatención de las necesidades más apremiantes de la población, por parte de los gobiernos emanados de nuestro partido, nos arrastraron.
No pudimos poner fin al tramo político y económico, fueron de consecuencias devastadoras que llevó al pleno agotamiento. Pusimos un control territorial, sindical y corporativo al servicio de la industrialización, asumimos la protección de las empresas nacionalistas como estrategia para capturar rentas políticas.
El México actual tiene una descomposición social sin precedente ante la cual, poco efectiva ha sido la lucha anticrimen. El partido dejó de ver y atender las necesidades de los ciudadanos en el presente, sobre todo, resolver buena parte del pasado, la gente quiere esto, solución a los problemas del día a día, antes que ver los problemas del futuro.

LA NUEVA GENERACIÓN CORRUPTA
El pueblo votó contra el nuevo PRI y la renovación generacional, que terminó siendo una generación corrupta y saqueadora del presupuesto público. Ninguna autoridad hizo algo para detenerlo. En suma, obtuvimos un voto de castigo a lo que representan y representaron los gobiernos emanados de la revolución, continúa Manuel González Espinoza.
Y advierte, el hartazgo, la ira, el rechazo a la corrupción, fueron ingredientes de los que, como partido, no podemos soslayar. La inseguridad y las acusaciones de conductas indebidas, deterioraron seriamente la percepción ciudadana sobre la capacidad del PRI para seguir gobernando.
El que fuera diputado local y federal, afirma que vivimos, con todas sus letras, un rechazo de la ciudadanía a la partidocracia, a los que representan vicios y errores del sistema en su conjunto. En síntesis los factores sociales que determinaron los resultados adversos hacia el partido fueron:
El descontento social, la violencia, los escándalos de corrupción, miles de desaparecidos, dramática concentración de la riqueza, crecimiento desmedido de la pobreza, falta de un estado de derecho; asimetría social que terminó por generar crisis de inseguridad y violencia, exasperación ciudadana y pronunciado deterioro institucional, que, a través de los años, fuimos acumulando, sin pensar que vendría una conciencia ciudadana con expectativa de cambio, de enfoque en el ánimo nacional: la transformación positiva para el devenir con sentido popular y social.
Andrés Manuel López Obrador y su partido le arrebataron al PRI su narrativa de dominio. Nos recordaron que no pudimos resolver grandes problemas sociales como la marginación, la pobreza, la injusticia y la falta de oportunidades en educación, salud y empleo.
PROPUESTAS PARA LA TRANSFORMACIÓN
En esta etapa de reflexión, debemos mantener la serenidad y hacer un análisis, serio y constructivo, para definir el papel que jugaremos en los próximos años como oposición. Todos debemos hacer una profunda introspección autocrítica, madura y responsable, debemos respondernos por qué no merecimos el respaldo ciudadano. El primero de julio marca un punto de inflexión en la historia de México, es posible que nos reduzcamos a una mínima expresión política y, por consecuencia, al empequeñecimiento de nuestro aparato nacional.
Con tranquilidad debemos hacer los cambios, tomar las decisiones que beneficien al partido sin imposiciones ni exclusiones, esperar prudentemente que se calmen los ánimos y mantengamos la unidad del partido para poder lograrlo. Que nadie nos quiera dividir ni nos vamos a autoflagelar.
Instalemos mesas de análisis cuidadoso, honesto, profundo, con la finalidad de que llegaremos a salir unidos como organización partidaria, debemos reencontrarnos con nuestros orígenes, con los ideales y principios que permitan generar confianza y certidumbre en la sociedad.
Y sigue de largo:
Se trata de una renovación del partido. La tarea principal será encontrar su propio espacio político. Tenemos que regresar a lo básico; pongamos en práctica acciones que deriven en una nutrida participación de la sociedad, pues sólo así, conoceremos a fondo el problema y podamos diseñar, entre todos, una estrategia que derive en leyes y políticas públicas que nos lleven a una mejor forma de vida.
Vayamos por una Reforma a fondo, sin simuladores, advierte Manuel González Espinoza, para seguir siendo una oferta política atractiva para la ciudadanía.
Se trata de cambiar al partido para bien. En todo tiempo de nuestra vida institucional fuimos más gobierno que partido; ahora, como oposición, nos toca ser más partido que gobierno. Debemos entender que la ciudadanía no quiere en el PRI más de lo mismo, a fin de seguir siendo una opción válida para el ciudadano, crear un mecanismo de diálogo abierto y amplio y de reconciliación. Aportemos ideas para definir el papel de nuestra institución; proponer un nuevo modelo político que erradique la concentración del poder; preguntarnos y contestar qué papel debemos tener en esta etapa de México.
Quien fue presidente municipal de Metepec, argumenta: Debemos ser autocríticos profundos y exigentes, resolver nuestros problemas y plantear nuestras tareas. Tenemos que construir algo superior con otros sectores de la sociedad, iniciar un proceso de acumulación de las fuerzas progresistas de nuestro país. No habrá extinción, como no nacimos ayer, no vamos a morir mañana. Renovar al partido a través de un cambio generacional.

La democracia se impuso el primero de julio y en el camino, borró los contrapesos políticos que operaban para equilibrar un obsoleto sistema presidencial.
El rechazo de la gente a los partidos que ya gobernaron, es el epílogo de un fin de régimen. Por eso los liderazgos de las diferentes instituciones políticas, representantes de organismos autónomos así como las organizaciones de la sociedad civil, deben estar vigilantes ante cualquier concentración Ejecutivo-Legislativo. Los priistas debemos contribuir a consolidar un cambio de las instituciones que favorezcan a los altos intereses de la comunidad nacional.
En el trayecto de 89 años, hemos transitado de ser un partido de caudillos a otro donde las expresiones políticas deliberan, discuten en público y privado, siempre en libertad de conciencia. Las derrotas duelen, es cierto, pero siempre representan la oportunidad de analizarlas, entenderlas, de retomar decisiones y corregir el camino.
Sin duda, afirma, es tiempo de recoger experiencias, de hacer un alto en el camino, escuchar a la militancia y a la sociedad, repensar nuestras tareas a través de valores y principios, esto debe ser parte de la recomposición que viene. Hoy el PRI está ante una crisis insuperable o ante la inmejorable oportunidad de cambiar, reestructurarse seriamente, como debió hacerse hace tiempo. No podemos seguir la misma estrategia de autocomplacencia, buscando que otros resuelvan lo que debemos resolver los militantes y dirigentes, con la convicción de que hay que hacer las cosas de otra manera, bajo elementos básicos: trabajo, formación, lealtad, valores y principios. Escuchar a la militancia y escoger a los mejores candidatos con un solo objetivo, mejorar los niveles de vida de la gente. La premisa: menos aire y más territorio.
Y precisa: el ejercicio de las decisiones personales atropellan los principios. En 89 años del PRI, se dio oportunidad a diferentes liderazgos que fueron capaces de hacerle daño. Los hombres se van, se quedan los principios, hay que abrir el espacio al relevo que está ahí, en las nuevas generaciones. No hay pretextos, la historia nos alcanzó.
El PRI debe transformarse sin renunciar a su historia y orígenes. Mirar al futuro con la convicción de que una visión auténtica de centro izquierda, liberal, puede ayudar a la transformación del país. Como partido, debemos generar un cambio en las mentes de los ciudadanos, convencerlos de que continuaremos luchando para que haya oportunidades para mejorar sus vidas.
DESMANTELAR LAS INSTITUCIONES QUE YA DIERON DE SÍ
Tajante, Manuel González Espinoza, sentencia:
Debemos desmantelar las instit
El PRI en su nueva condición, tiene que aportar una actitud responsable, estar alerta ante decisiones que vayan en contra de los principios de la Carta Magna. Vienen tiempos desafiantes para las instituciones democráticas. Si queremos fortalecer el apoyo social, es necesario que los gobiernos, que hoy tenemos en el país, y a todos los niveles, ofrezcan resultados concretos a la ciudadanía pronto.
Quien fue secretario General del PRI estatal, afirma: es urgente recuperar el estado de ánimo entre la militancia, buscar el optimismo entre nuestra gente, fortalecer a los comités seccionales, municipales y estatales donde está la acción de la militancia que ahora está desalentada y en otros casos, se fue a otras fuerzas políticas fortaleciendo la unidad y generando acuerdos internos.
La campaña presidencial se abocó a defender al gobierno y eso no le corresponde al candidato, su obligación es ofrecer un discurso para ganar, actividad y giras para ganar, no para defender actos de gobierno.
Nos faltó constituirnos como un partido moderno, continuamos con mecanismos oxidados de representación y dominio.
La exigencia de la ciudadanía, es modernizarse, abrir el sistema político, realizar cambios estructurales que guíen la transformación mexicana. El paso de un país rural a uno urbano. Un tránsito definitivo de la dominación corporativa de partido dominante a un régimen de partidos competitivos, que permita la alternancia política del poder. El régimen de partidos competitivos traerá lo demás. La reforma del presidencialismo, el equilibrio de poderes, el freno del autoritarismo y la impunidad. El control del gobierno por la sociedad y el reencuentro de la política profesional con la voluntad del país expresado en las urnas.
Hay que pensar en desmantelar las instituciones corporativas del estado mexicano para que no sigan siendo base del control estatal de las organizaciones laborales. Una nueva política encarnada por la ciudadanía libre. Estamos ante la necesidad de gobernar un cambio en aras de un país más igualitario, justo y pacífico. Construir una cultura de la honradez, cultivar confianza y certidumbre de que podemos lograrlo. Los ciudadanos votaron contra los partidos políticos tradicionales, incapaces de cumplir sus promesas.
Debemos reconocer que en la pasada contienda electoral, existió un anhelo constante y sonante de la ciudadanía que tradicionalmente votaba por el PRI, de la clase media y de los jóvenes que vieron en Morena y particularmente en López Obrador, una alternativa diferente.
Y pone énfasis Manuel, por todo lo anterior, existe un reclamo entre los priistas que siguen creyendo en el partido y que son algunos millones, que uno de los acuerdos nacionales a los que tenemos que llegar en los próximos tiempos, es el referente al modo de cómo elegir a nuestros dirigentes y candidatos. Un acuerdo nacional debe ser:
En todas las definiciones, ya sea para cargos del partido o para la representación popular, se hace indispensable como único método consulta a la base militante, para cohesionar y lograr fortalecerla frente a las oposiciones y ante la sociedad. Debemos llevar a la práctica una auténtica y real democracia interna. Debemos desterrar de nuestras prácticas el arribismo, el compadrazgo, el nepotismo y el grupismo, entre otras malas formas de decisión interna. Que los únicos méritos sean el trabajo, la comunicación, la militancia y el compromiso con la comunidad a la que se pretende representar.


