Necesidades y desvíos

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Tras la reciente victoria de Javier Milei en las elecciones presidenciales argentinas, y a dos semanas de inaugurada la biblioteca nacional del Salvador, obra del mandatario Nayib Bukele, las conversaciones del Perú se han inundado de una muletilla, de una confesión, o simplemente de una expresión muy clara: Necesitamos un… Esto sucede por periodos de tiempo concretos, porque al común de ciudadanos latinoamericanos les suele invadir una suerte de narrativa pesimista en sus conversaciones acerca de política que evidencia y casi siempre desemboca en desinterés. Pero, la rara vez que este se rompe, solemos escuchar el mencionado Necesitamos un… ¿Qué se esconde tras él?

Detrás del Necesitamos un  hay una confesión, una pulsión, o simplemente una idea que se vive consecuentemente. Por una parte, podría decirse que le sigue una cierta melancolía de lo que el país podría ser, pero por otra se hacen claros algunos deseos que el ciudadano despierto levanta una ceja al escuchar. No porque sean malos sino porque estos vienen acompañados de una aspiración fundamentalmente enajenada. Ortega y Gasset, decía sobre esto: Europa, es vieja. Y no puede tener, no puede aspirar a tener las virtudes de los jóvenes. Los problemas de su vida se dan en altitudes de complicación que exigen también soluciones muy complicadas, porque de otro modo habría un anacronismo entre la complejidad de sus problemas y la simplicidad juvenil y sin memoria que quisiera dar a sus soluciones.

Tras esto el asunto es más claro: el hombre de a pie necesita comprender que la fisionomía de cada país es distinta y que una aspiración deja de ser buena en la medida en que se antepone al contexto en el que se la quiere ver en acción. Aunque parezca extraño, es cierto: hay que saber desear. Por obvio que sea, no se suele considerar que en cada contexto y nación existen condiciones concretas fundamentales para el desenvolvimiento de ciertas decisiones. Y por lo mismo, no veo muletillas más irritantes y casposas que el necesitamos un o el hace falta mano dura por su condición de analogías torpes y desubicadas.

Ante este tipo de casos mediáticos, el ciudadano común se da de bruces contra una pragmática desbordada que le impresiona, y aquél es el inicio de sus dificultades para entender que la viabilidad de las referencias extranjeras siempre es parcial y no absoluta. La historia del Perú republicano demuestra perfectamente que décadas de calcar modelos que funcionaron en otros lugares sin resolver o tener en cuenta los problemas nacionales condujeron a insurgencias reprimidas, conflictos abandonados por parte del Estado, y a opresiones intelectuales y culturales que hasta hoy aquejan profundamente al país. Dicho de la manera más clara posible: el jovencísimo Perú republicano no necesitaba calcar el código civil de Napoleón para constituirse como una buena República, sino incluir el problema del indio a dicha medida.

Creo que el contacto con este tipo de situaciones es favorable para los problemas propios siempre y cuando pasen por dos filtros muy concretos: entender y criticar lo que se quiere imitar, y dejar que la propuesta se luzca anteponiéndole la fisionomía del país al que se la quiere aplicar. Sobre el primero, puede decirse que debería llevarse a cabo entendiendo profundamente la propuesta hasta desnudarla y dejarla en su estructura más básica, para poder ver las luces y las sombras de aquél camino en el que se quiera dejar el futuro de una nación. Sobre el segundo, veo importante purgar la propuesta anhelada reconociendo qué cosas han sido propias de cada contexto y qué cosas no se pueden aceptar por ser incompatibles. Y es que, en estos casos, conviene recordar que poner por delante al contexto propio para que este vaya determinando y limitando la potencialidad de una solución no es etnocentrismo, sino evitar una torpeza intelectual y cognoscitiva de buenas intenciones, pero muy limitante.

Para terminar con un ejemplo: a mi juicio, el caso de Bukele sólo ha sido comprendido en su integridad por quienes han ido más allá de lo impresionante de la seguridad, la severidad extrema con que se trata a los reclusos y de la arquitectura brutal y agresiva de su mega cárcel, sabiendo ver que es tremendamente difícil sostener que al interior de sus paredes no existe el problema de derechos humanos más severo de los últimos años; y que en el futuro, sus condiciones serán reveladas y estudiadas, para terminar siendo juzgado severamente por la historia.