NEPYNTAHIHUI
Reciba un saludo, querido y aguzado lector, llegó septiembre y vuelve a nosotros el sentido de pertenencia y el fervor patrio, que así sea siempre, que nunca nos falte el amor por México.
El pasado 8 de septiembre, la iglesia católica celebra la Natividad de la Virgen María, es común que algunas capillas e iglesias lleven esta advocación Mariana, tal es el caso de la capilla del Barrio de Santa María Zozoquipan en Toluca, Estado de México. Una construcción que data del siglo XVIII, y que fue edificada entre cuerpos de agua, que ya no prevalecen, y por los cuales, a los lugareños les dieron el nombre de cantarranas. Tierra Matlatzinca, de los nepyntahihui, los de la tierra de maíz.
Esta tierra por mucho tiempo conservó su labor agraria pese su cercanía con la zona urbana e industrial de Toluca, incluso sus tradiciones religiosas se mezclaban en el paisaje citadino y ni se diga ahora, que a unas calles pasa el tren suburbano.
Así es querido lector, existen comunidades que. por mucho. se resistieron a morir con la urbanización y lo sé de primera mano pues ahí crecí y, de tíos y abuelos supe un poco de ese lugar, su historia. pero fue hasta hace poco que pude develar ciertas peculiaridades de algunas vivencias que tuve y que escribí para un proyecto de historias de Toluca, que esperemos salga pronto a la luz.
Les comparto unos fragmentos que hablan de esta tierra, mi tierra, la tierra de nuestros antepasados…
Todavía no sale el sol, los árboles aún parecen dormir, mientras que los gallos ya cantan, los grillos y ranas también, empieza el despertar. Por fin llegan a los estanques, su papá les ordena correr un poco por el campo antes de bañarse, esas carreras eran como una danza a la tierra para que les permitiera entrar al agua y encontrarla calientita, porque después de que salía el sol, el agua se enfriaba.
No se explicaban, cómo al posarse los primeros rayos del sol sobre la tierra, el agua cambia su temperatura tan drásticamente, probablemente era agua de luna la que brota en aquel ojo de agua, por eso al aparecer el sol cambiaba.
Mientras corrían, el crujir del pasto, las ramas caídas y hojas secas, el piar de algunas aves y el rocío matinal besándoles la cara, despertaban los sentidos de aquellos hermanos, hijos del Sol y la Luna.
Al terminar el recorrido, por fin llegaban al venero que burbujeaba de agua limpia, en la que se podían ver a los ajolotes nadar junto a ellos, pequeños pescaditos y atepocates también.
Mientras ellos se bañaban, su papá recogía el pasto que había cortado para después irse a trotar por toda la huerta. Al regresar, ya habían terminado de bañarse y los mandaba a cortar pápalo y jaras para el desayuno, mientras él se refrescaba también en aquel estanque, regalo del dador de la vida.
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… cerca de la huerta; ese místico lugar, resguardado por árboles que cantaban con el viento y las aves que anidaban. Ese lugar que les proveía de alimento y vitalidad, en otros tiempos esos lugares eran considerados de cercanía al cielo.
[…]Los Matlatzincas, antiguos pobladores de estas tierras, bajo el reinado de Axayácatl, antes de que los mexicas conquistaran esta tierra, consideraban que las aguas venidas de la tierra tenían propiedades curativas, divinas, aunque también se dice que algunos usaban los “nacimientos de agua amarilla” para depositar a sus muertos, ahí los dejaban y se los comían los pájaros. Pero eso se cree sucedía en aguas sulfurosas. Además el que las tierras tuvieran este tipo de yacimientos de agua también tenía que ver con la proliferación de las cosechas de maíz.
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Cada amanecer les regalaba un renuevo en el agua de manantial que emanaba de aquellas tierras, regalo del dador de vida y de Tlalolanteuctli, que escuchan el llamado y a través de la naturaleza transmiten sus secretos.
… Nepyntahihui, los de la tierra del maíz: voluntad, pensamiento y memoria, amor, verdad, libertad, hermosura, kakehebi , hijos del buen amanecer.
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Mis abuelos paternos siempre me platicaron de los vestigios del lugar donde crecí: lo que hoy son calles pavimentadas, casas y edificios, en un tiempo fueron zanjas, caminos de tierra, pantanos, estanques, lugares llenos de flora abundante y milpas de maíz; todavía en mi niñez me tocó ver las últimas cosechas antes de que la urbanización deborara los restos de un pueblo que hoy llaman delegación, colonia, que perteneció a los matlatzincas, por eso ahora me hace tanto sentido muchas imágenes que tengo de mi niñez y tienen que ver con el simbolismo de ellos, por ejemplo, en primavera recuerdo el jardín con unos surcos de haba y frijol, árboles de pera, ciruelo, un manzano, el sol en cenit y muchas mariposas que llegaban a revolotear en el jardín. La mariposa, las flores, el sol, río grande, las flores, se consideran parte de la simbología de esta cultura mientras que el frijol, haba y maíz, era lo que más producían.
Queda aquí la provocación querido lector a indagar en la historia de nuestros pueblos y comunidades, los vestigios de lo que fueron. pero siguen siendo por sus historias, sus pobladores.

