No hay queja
No existen palabras que describan la alegría de vivir en paz y plenitud.
Vivir en paz es vivir en armonía en sosiego y sin disimulo. Vivir en plenitud descubre equilibrio y templanza, experiencias vividas y aprendidas, una vida que al fin ha sido saciada de bien y esperanza.
No hay queja en lo pasado sino lecciones aprendidas. Triste aquel que dejo pasar el tiempo y que al llegar los años viejos se encontró con los restos de lo no realizado, de lo no vivido.
Los mejores recuerdos llegan con cada logro, cada esfuerzo, cada decisión tomada para bien o para mal, pero al fin y al cabo, se enfrentó con determinación un objetivo que se logrará o no, sacudió el alma.
Mientras caminemos bajo la luz de la esperanza llegaremos, no así cuando entre las sombras escurrimos momentos fugaces y fútiles, verdades a medias que engañosamente parecieran aciertos y tan solo son descontento.
Lo que no nos edifica nos destruye, lo que no nos enriquece nos empobrece; pero ahí está presente en persistente movimiento la tentación, una constante en la vida de los seres humanos.
No nos equivoquemos al pensar que esta no nos dañará en la primer oportunidad, rastrera y tan certera cual serpiente, espera el mejor momento para confundirnos y entonces lanzar el mejor de sus golpes.
Al final del día no hay queja tentación o golpe, que importa mientras te levantes y lo vuelvas a intentar.
Rostro bien erguido, mente clara y corazón dispuesto, la mirada puesta con fe y esperanza en el lugar correcto. ¿Hasta donde deseamos llegar? A lo eterno y verdadero. Dios de paz y plenitud misma, Jesucristo.
Vivir en paz refleja el estado de nuestra vida, cuando hemos logrado acumular buenos tesoros de vida a lo largo de la vida, amor, paciencia, templanza, integridad, sabiduría y buen juicio, humildad y determinación, tesoros de vida que nos permiten dormir y descansar cada noche y levantarnos cada día dispuestos a ver la vida con alegría.
Vive en plenitud quién tomado de la mano de Dios es bendecido, su corazón está completo y satisfecho, ya no hay más prisa por buscar los satisfactores que este mundo ofrece y junto a su familia aprende a valorar cada logro, cada día, todo momento vivido le permite ser muy feliz.
¿Imposible vivir así? De ninguna forma, tan solo despojémonos de las culpas, los complejos, los temores y de todo aquello que arrastramos día tras día, lo que no nos deja caminar con libertad. “Si Jesucristo te liberta entonces serás verdaderamente libre”.
Cada día tiene algo que enseñarnos algo especial que comunicarnos, bajemos el volumen de todo lo que hace ruido alrededor de nuestra vida y lograr así escuchar la voz correcta, la que nos guíe a la verdad.
