No se olvida…

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En 1968 tenía apenas cinco años, a punto de cumplir los seis, con la nula conciencia social, con nada de conciencia política. En realidad, vivía en una inconsciencia que iba más allá de preocuparme por la proximidad de ir a la escuela, de enfrentarme a un diferente tipo de niños que, aquellos a los que el jardín de niños (ya en la memoria del olvido) me ofertaba.

 

No recuerdo gran cosa de aquella época, si acaso algunos retazos de imágenes que se me quedaron en la memoria por la importancia, o por la impresión: una granizada que, a mí, se me hizo enorme, un perro que cambiaba de color según el sol de la mañana, un juego inocente en el patio de la vecindad, la música que todavía a estos años me sigue como un recuerdo de familia en donde nada teníamos, pero estaba bien.

 

En 1968, el país no existía como tal, como un ente político repleto de conflictos y necesidades, con ganas de cambiar, con deseos de ser más modernos. No recuerdo manifestaciones en la ciudad, pero es obvio que si hubieran existido, mi familia no se habría acercado al sitio ni por equivocación.

 

Para mí, los días transcurrían entre las mañanas queretanas, el ruido (supongo) del jardín de niños, los disfraces (uno en particular del cual existe una fotografía que no sé en dónde andará), y ese camino que muchos años después, con la ayuda de mi madre y sus recuerdos, recorrí un par de veces.

 

En realidad, la conciencia social creció en mí muchos años después. Y todo empezó cuando, en mi búsqueda por la información de Avándaro se hizo primordial. una cosa llevó a la otra, un documento me llevó a otro, la lectura de Elena Poniatowska y su Noche de Tlaltelolco, esa conferencia en el Museo Regional con un grupo de escritores cuando iniciaba en ese mundo: todos, pero todos, hemos mamado del 68, diría José María Espinasa esa noche.

 

Ahora es necesario volver a la memoria, cada año, cada 2 de octubre, cada vez que se pueda y se necesite, que los que murieron ese día no sean olvidados, porque al parecer, en estos tiempos de la ignorancia mediática, todo es factible de olvidar, hasta aquello que alguna vez representó la forma de nuestra vida.

 

¿Que ya somos mayores? ¿Qué ya no es nuestro tiempo y tenemos que evolucionar? La memoria no es evolución, es el sentido de  nuestra sociedad y si la perdemos, perderemos parte de nuestra historia. Por eso, y sólo por eso, el 2 de octubre… no se olvida.