Nuestro siglo XIX

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Desde el Ilustrador Nacional fundado por José María Cos en Sultepec, estado de México, o por la obra del Periquillo Sarniento de José Joaquín Fernández de Lizardi, son voz de los independentistas surgida en Nueva España que está en agonía. La presencia de nuestros libertadores a través del periodismo surge apenas se realiza oficialmente la independencia de México, en fecha del 28 de septiembre de 1821. Lectura de publicaciones en esas décadas del naciente siglo XIX es toda una epopeya, por lo peligroso que resulta editar. Al venir el movimiento vencedor y nacer los Institutos liberales surge una literatura que trata de consolidar el amor a la lectura, y a la difusión de lo mejor de la cultura extramuros y de la comunidad mexicana.

En Toluca todos conocemos los esfuerzos que el poeta cubano José María Heredia y Heredia hizo al publicar revistas, escribir su historia universal y dejó un legado que se hace bien, al señalarlo como primer editor y escritor de la capital del estado de México en los años del 1828 y 1836; cuando hace su visita a las lagunas del Volcán de Toluca; a las que canta y dice, que sólo ha estado en momentos de grandeza ante la naturaleza y sus mayores bellezas, al referirse a las Cataratas del Niagara y las lagunas del Volcán en Toluca. Retorno a pensar que el estudio de estas cuatro décadas del siglo XIX, nos deben dejar enseñanzas, sobre la riqueza que se comienza a crear en quienes son padres de las letras mexicanas.

Así es como aparece el Santo de la Reforma don Ignacio Ramírez El Nigromante, quien con la riqueza y profundidad de la cultura hace que se le considere el más sabio de los reformistas en aquel siglo. Fue un extenso personaje en muchas áreas de la cultura humana. Sabio en: ciencia, economía, filosofía, historia, educación, jurisprudencia, literatura y tantas más, por eso es tan respetado, sobre todo por su mejor alumno: Ignacio Manuel Altamirano, otro de los que fundaron el periodismo cultural a través de su revista magnífica llamada Renacimiento. De Ramírez siempre se recuerda que: En la Academia de San Juan de Letrán se revela en circunstancias recordadas por Hilarión Frías y Soto, al pronunciar su discurso de ingreso, con ideas positivistas que, al trascender, escandalizan a la sociedad conservadora. Sócrates en sus letras y en sus cátedras ante los alumnos, es un académico vivo, palpitante, que está ante una sociedad que lo mismo en México que en Toluca le hace la vida imposible.

Su labor editorial destaca en la revista que funda llamada Don Simplicio, siempre en la pasión de divulgar la cultura hacia todas partes. De ello dan muestra sus discursos inacabables, entre los que destacan el pronunciado el 16 de septiembre de 1861, en la Alameda de México, en memoria de la Proclamación de la Independencia. En este tema, destacan como oradores dos periodistas José María Heredia e Ignacio Ramírez.

Ignacio Manuel Altamirano, es de los periodistas que más aportan en el siglo XIX a la cultura literaria de México, fue dice Myriam Laurini: Hijo de Francisco Altamirano y Gertrudis Basilio, indios chontales puros que tomaron el apellido de un español, padrino de bautismo de uno de sus ancestros, habló en su lengua madre hasta los catorce años y fue entonces cuando aprendió el castellano y a leer y escribir. Como estudiante aventajado ganó una de las becas que otorgaba el Instituto Literario de Toluca para niños de escasos recursos. Fue ahí donde conoció al que sería su más querido e influyente maestro: Ignacio Ramírez El Nigromante. Altamirano al ser encargado de la biblioteca del instituto devoró tanto a clásicos como modernos, empapándose también en el pensamiento enciclopedista y en los tratados juristas liberales, tal vez esto influyó para que se decidiera por el estudio de leyes en el Colegio de San Juana de Letrán. Nuestro mejor periodista y editorialista al fundar la revista cultural crea una revolución, y funda puentes para que todo aquél que escriba participe de este renacimiento de alta política: unir al país fue su utopía en el México bárbaro que se vivió en el siglo XIX.

Dice Myriam Laurini: Asimismo es justo recalcar que su labor más importante fue la que desarrolló a favor de la cultura y la literatura mexicana. Maestro de dos generaciones de pensadores y escritores. Altamirano se preocupó por que la literatura mexicana tuviera un carácter verdaderamente nacional, que llegara a ser un elemento activo para la integración cultural de un país desgarrado por las guerras, dos intervenciones extranjeras, un imperio venido desde Austria y con poca identidad como nación. La mente de Ignacio Manuel Altamirano es la expresión de un humanista en todo el rigor de la palabra, en ese sentido se extiende lo que vivió en vida, siendo alejado por ser indígena por aquellos que, criollos, mestizos o de otra índole, pensaban que por la piel o el dinero eran superiores a su inteligencia. Por ello se le ve en toda su vida de profesional y de luchador por la libertad de la patria llevar adelante una guerra, que en la cultura, es decir, con la pluma, más que con la espada, sea capaz de dar lección de unidad y no de división entre los mexicanos.

Dice Laurini: Y esto no quiere decir que despreciara la cultura de otras partes, Ignacio Manuel fue quizá uno de los primeros mexicanos en investigar la literatura inglesa, alemana, estadounidense e hispanoamericana, que en su tiempo eran desconocidas por la mayoría de los hombres de letras. Humanista en todo el rigor de la palabra. No hace sus batallas en el mundo de la Jurisprudencia, aunque participe de ello, tampoco es alguien que desea alcanzar el poder político, Como sí sucederá con uno de sus principales enemigos: Porfirio Díaz, que prácticamente lo exilió del país como cuentan en su biografía, por eso es que muere en San Remo, Italia el 13 de febrero de 1893. A la edad de 59 años. Ahora me pregunto, ¿qué odio le tendría Porfirio Díaz a Ignacio Manuel Altamirano, sería el que nace de la espada en contra de la pluma, que sería mucho menos sangrienta al parecer, pero más cruel porque le gana la batalla a la violencia vestida en un militar, pues al paso del tiempo impone sus reglas sin necesidad de derramar una sola gota de sangre.

El periodismo cultural y educativo. El periodismo de divulgación ya maduro en el siglo XIX. Dice Laurini: Fundó en 1897, con Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto, el Correo de México. En 1859 apareció el primer número de su revista El Renacimiento, un hito en la historia de la literatura mexicana. Desde aquellas páginas, Altamirano se propuso reunir a los escritores de todas las creencias, sumando inteligencias en esta primera gran obra de reconstrucción nacional. El estudio de la historia debería poner atención en aquellos que son constructores: no sólo de edificios o monumentos, de estadios o de iglesias, sino de aquellos que crean desde la nada —al parecer—, espíritus grandes de lo humano. Ignacio Ramírez El Nigromante es recordado como un Sócrates que en Toluca subvertía a los jóvenes, para que pensaran y estudiaran mucho.

Altamirano se convierte en referencia para quienes alcanzaron su cátedra y disfrutan de su cercanía. Leo en la biografía citada: Su espíritu de tolerancia, en el campo de las letras, quedó expresado en la exhortación que hizo, desde su revista, para conciliar a los intelectuales de todos los bandos. Fue así como logró que escribieran románticos, neoclásicos y eclécticos, conservadores y liberales, juaristas y progresistas, figuras consagradas y novatos de las letras, bohemos poetas, sesudos ensayistas, solemnes historiadores y hombres de ciencia. ¿Cuántas veces hemos encontrado un editor así en la historia nacional, me pregunto? Pues aparece en un siglo que, por violento y faccioso, hizo desilusionar al cubano más culto que pisó estas tierras a principio del siglo XIX, el poeta José María Heredia. La obra periodística de éste, da luz a la vida cultural de lo que hoy es la entidad mexiquense.