OCHO AÑOS

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Aunque cambien los escenarios y las armas, el alma y el comportamiento del ser humano no ha variado tanto: se sigue moviendo por la tríada compuesta por el poder, el reconocimiento y el temor.

Tal sentencia la conocía muy bien Winston Churchill, que tanta falta le hace al mundo en estos tiempos, escasos de liderazgo de altura moral y gran conocimiento de la historia, de la política y del poder. Traigo una frase de él para recordarlo: No puedo vaticinar las acciones de Rusia. Es un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma.

 

Gran historiador y estadista, el viejo león, siempre trajo en el radar y en alta consideración al pueblo ruso, lo que le valió vencer al dictador Hitler cuyo veneno sigue infiltrándose en algunos líderes mundiales. Con toda seguridad, repasaba la profecía de FiloteoBizancio es la segunda Roma; la tercera será Moscú. Cuando esta caiga, no habrá más.

Roma, Constantinopla hoy Estambul y Moscú, se encuentran emplazadas sobre siete colinas.

Desde hace casi sesenta años con la Crisis de los Misiles, provocada por el enfrentamiento entre Rusia y Estados Unidos, que el mundo no temblaba como ahora.

En ánimo de ampliar el contexto del conflicto, permítame recordar lo dicho por Henry Kissinger en 2014: Si Occidente quiere ser honesto, tiene que reconocer que ha cometido un error. Europa y EE.UU. no han entendido la importancia de los acontecimientos que empezaron con las negociaciones sobre las relaciones económicas de Ucrania y la UE y que luego desembocaron en las manifestaciones en Kiev. El ex jefe de la diplomacia estadounidense, añadió que las relaciones entre Kiev y la UE debían haber sido objeto del diálogo con Rusia. Al mismo tiempo matizó que no cree que la reacción rusa fuera la adecuada. No obstante, Ucrania siempre ha tenido una importancia especial para Rusia. No entenderlo fue un error fatal, afirmó con contundencia hace 8 años Kissinger, cerró su entrevista concedida a un diario alemán con esta sentencia: Existe el peligro de una nueva Guerra Fría, y no podemos no hacerle caso. Si esta amenaza no se toma en serio, puede llevar a una tragedia puntualizó el mítico diplomático que hoy está a un año de cumplir un siglo de vida.

También hace casi medio año, el profesor de Stanford, Francis Fukuyama, famoso por su libro lanzado en 1992, El fin de la historia y el último hombre, estudio clave para comprender la geopolítica después de la Caída del Muro de Berlín, declaró: Ucrania es un país clave en la geopolítica global actual y para el futuro de la democracia en todo el mundo. Si Ucrania logra construir instituciones democráticas y lidiar con la corrupción, algunos otros países de la región también podrán lograrlo. Por otro lado, Ucrania puede convertirse en una inspiración y un faro para otras personas que quieren vivir en sociedades libres y democráticas, como muchos lo hacen hoy en Belarús.

 

¿Qué tienen en común el amor, el ajedrez, la guerra y la política? Que todos ellos son juegos de estrategia y por supuesto, la pasión. En un primer análisis, la Unión Europea y la OTAN, no atendieron una regla básica del ajedrez: Apoya a tus piezas, para que tus piezas te apoyen. Soslayaron la problemática en Ucrania.

Como bien lo apunta en un Twitter el ex campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov: Esto no es solo Putin contra Ucrania, así como no fue solo Siria o Georgia. Putin estuvo hace días en Beijing con Xi Jinping. Esto no estaría pasando si no hubieran llegado a un acuerdo. China puede pretender neutralidad, pero las dictaduras se mantienen unidas. También deben hacerlo las democracias.

Dice la máxima, problema que se soslaya… estalla. El pasado 22 de febrero, se cumplieron ocho años desde que la población mayoritariamente de jóvenes, a base de manifestaciones en la simbólica Plaza Maiden de Kiev, librando cruentas batallas cuerpo a cuerpo que me hicieron recordar la película de El Gladiador,  logró ganarle la partida al tirano, mentiroso y pro ruso Viktor Yanukovich quien les había prometido integrar a Ucrania a la Unión Europea y no les cumplió.

 

Echado a los pies de Putin, dispuesto a todo con tal de mantenerse en el poder y para no despertar la ira del ex espía de la KGB, frenó el 23 de noviembre de 2013 el proceso de integración con la Unión Europea, entonces grupos de derecha jalaron el gatillo para incitar el inicio de manifestaciones masivas hasta de más de un millón de personas en Kiev y Ucrania occidental, movimientos que finalmente depusieron a Yanukovich el 22 de febrero de 2014.

Hace siglos que Ucrania es el eje entre Oriente y Occidente. Ante su ubicación, a las puertas del territorio ruso, es vista por Estados Unidos y la Unión Europea como un aliado estratégico y militar. Pero justamente, la furia de Putin estalló ante los planes de Kiev de unirse tanto a la OTAN como a la Unión Europea (UE).

Siendo el principal eslabón que une al continente Eurasiático, Ucrania ha sufrido en su historia el impacto de ondas expansionistas, circunstancia que motivó una fuerte identidad y anhelo de libertad de los Ucranianos. Esta es la tierra que vió nacer a grandes músicos como Serguéi Prokofiev, escritores como Nikolái Gógol y el también pintor, símbolo global de la lucha por la libertad, Tarás Shevchenko quien es venerado en todo el mundo. Su personalidad es inmortalizada en 128 monumentos erguidos en 35 países extranjeros.

Shevchenko dominó la acuarela, el óleo y el grabado y fue un consumado retratista y un magnífico paisajista que intentó plasmar, a través de sus creaciones, no sólo pictóricas sino también poéticas, la Historia y las costumbres de su Ucrania natal.

De ahí que la labor de Tarás Shevchenko fue importante en su época y también en la nuestra ya que la suya es la voz de la Ucrania libre, la voz que manifiesta que Ucrania es consciente de ser un país libre y que quiere seguir siéndolo pese a los ataques pasados y actuales.

 

En 1991, se declaró independiente de la Unión Soviética. En 2004, el candidato pro-ruso Viktor Yanukóvich, fue elegido como presidente. Pero hubo fraude en las elecciones, y, como resultado, el pueblo salió a la calle. En una manifestación pacífica conocida como la Revolución Naranja. La protesta triunfó, y las elecciones se anularon.

En los años siguientes, Ucrania luchó por la prosperidad económica. En 2010, regresó Yanukovich que apoyado incondicionalmente por Putin, finalmente logró que las elecciones se ratificaron, y asumió el control total del país. Mientras prometía al pueblo que se sumaría a la UE, Yanukóvich negociaba en secreto para alinearse con Rusia.

Esta epopeya de la población Ucraniana, conocida como la Revolución de la Dignidad, quedo documentada en 2015 por Netflix en Winter on Fire Ukraine’s for freedom (Invierno en llamas, Ucrania lucha por la libertad)  narra  los sucesos de aquellos 93 días de alzamiento popular, cuyo epicentro fue la plaza Maidan de Kiev, capital ucraniana.

La escalada bélica de Vladimir Putin ha disparado las alarmas en todas las capitales europeas, incluidas las que más simpatizan con Moscú, como es el caso de Berlín, Roma y Budapest.

Quedan muchos hilos por jalar para entender a plenitud el conflicto y construir posibles escenarios para superarlo. ¿Cuál será la postura de China? ¿Hasta dónde seguirá interviniendo George Soros con sus estrategias detonadoras de revoluciones de colores?¿Qué papel jugará el mundo occidental encabezado por Estados Unidos? ¿Estará gestándose una Ucrania dividida cómo lo fue la Alemania de la postguerra?