Oficiales de tránsito y vialidad versus Los semáforos: pelea a 3 luces

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—¡Qué crueles!, nos ilusionaron con ser oficiales de seguridad municipal –gritó El Taquero cuyo apodo le quedó por usar un gorro clásico de cadete.

—¡Qué insensibles!, a cientos de jóvenes nos prometieron un trabajo bien pagado –lloró El Tamarindo, mote que le pusieron por usar camisa de color castaño claro y pantalones y gorra café.

—¡Qué inhumanos!, ahora sí que nos ponen “de patitas en la calle” –gritaron cientos de cadetes a sus mandos superiores del Ayuntamiento de Toluca.

Con crueldad neoliberal fueron despedidos en plena pandemia, cuando la solidaridad del gobierno municipal obligaba a seguir pagando salarios y dejar de gastar en arrendamientos onerosos y cosas superfluas, inútiles.

—Nos usaron para un show, fuimos un espectáculo realista llamado “Cadeteándonos” en Toluca –dicen cientos de jóvenes mujeres y varones con lágrimas escurriendo por sus cachetes enrojecidos.

Durante unos meses fueron exhibidos cientos de cadetes en las principales calles pues se trataba de mostrarlos como decoración de las aceras para un fin efectista, para la foto.

En medio del COVID 19, de la noche a la mañana ¡zas!, estaban despedidos, sumidos en la nada, sin mediar aviso, sin tres meses para sortear el lapso de búsqueda de una nueva ocupación, sin liquidación, sin finiquito, con los bolsillos vacíos y las rentas de los cuartos por pagar.

Cientos de cadetes despedidos han demandado una justa indemnización laboral y de la decisión de las autoridades en materia de conflictos relacionados con el trabajo, hoy depende la reparación del daño que les causó el Ayuntamiento de Toluca.

Los habitantes de Toluca miramos a los cientos de cadetes contratados, los transportaban como animales en las cajas de pick ups y en la plataformas de redilas de camionetas. Otros llegaban trotando desde diferentes puntos de la ciudad.

Vimos sus cuerpos jóvenes cambiarse el uniforme en plena calle pues no había vestidores ni instalaciones previstas para concentrarlos y formarlos como elementos capaces de lidiar con la inseguridad pública de la ciudad capital del Estado de México.

Hoy, los pocos cadetes u oficiales que quedan están en lugares de la ciudad donde son visibles, donde conviene que la gente los vea, aunque lo que hagan no contribuya en nada a la seguridad y pero aún, si todavía están en capacitación, llevan meses soplando silbato y manoteando cual viene viene.

Hoy, los pocos cadetes y oficiales que sobran están parados en los cruces de calles y avenidas compitiendo con los semáforos, es decir, hay semáforos automatizados para control del tránsito vehicular y peatonal, y además, varios oficiales haciendo lo mismo que los semáforos, controlando el tránsito vehicular y peatonal. Un sistema de hace 70 años y más.

El modelo de seguridad, tránsito y vialidad está agotado en Toluca. Reconocerlo es el primer silbatazo para dejar pasar la innovación y alcanzar estándares de calidad internacional reconocibles en otras corporaciones encargadas del orden vial, el tránsito y la movilidad urbana.