Oposición al sacerdocio

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…pero antes tuve que vencer una dificultad grave que se me presentó y fue la siguiente: luego que concluí mi estudio de gramática latina mi Padrino manifestó grande interés porque pasase yo a estudiar Teología moral para que el año siguiente comenzara a recibir las órdenes sagradas. Esta indicación me fue muy penosa, tanto por la repugnancia que tenía a la carrera eclesiástica, como por la mala idea que se tenía de los sacerdotes que sólo estudiaban gramática latina y teología moral y a quienes por este motivo se ridiculizaba llamándolos Padres de Misa y olla o Larragos. Un joven negándose a seguir las indicaciones de su segundo padre. Un hombre que ya había visto en su corta edad lo que el clero hacía al pueblo, y como bajo su mano férrea dominaba lo mismo la vida del alma que la de la tierra. Nadie podía morir que no debiera pasar por su administración para poder ser sepultado. Ellos daban la llave para entrar al cielo por el camino de la tumba real.

 

Los panteones que años después de la Reforma son ya motivo civil. Lo que es de la tierra en la tierra se debe resolver por autoridades civiles. Al quitarle con los años que vendrían en el futuro por la acción de nuestros políticos de la Reforma, es una conflagración de carácter social, religioso, económico y político. Por ello el México bárbaro no se detuvo hasta que llegó la oprobiosa dictadura de Los científicos al mando de Porfirio Díaz, paso doloroso que tuvo que vivir el pueblo de México, sufriendo como nos lo cuenta Juárez en el campo de la educación que era pobre, dispersa, sin una política educativa que pudiera hacer pensar que este era un país unido.

 

De esa búsqueda de unidad es que en el siglo XX, nos convirtieron en un país monolingüe, siendo que la vocación de esta nación multicultural era precisamente ser políglotas por venir de une herencia riquísima de la Mesoamérica que dio pie a las culturas más grandes de América junto a la Maya en Centroamérica y con la Inca en el Perú. México violento y cruel por la política en el siglo XIX, México perdido en su idea de hacer una nación de hombres y mujeres cultos desde sus primeros años: cosa que ignoraban los ambiciosos de aquellos tiempos. Por culpa de ellos el país en ese siglo pasaría de más del 90% de analfabetos. Pocos los letrados. Pocos los ejemplos que como Sor Juana Inés ya a los 15 años era una sabia reconocida por propios y extraños, o por don Ignacio Ramírez, del cual nos cuenta Emilio Arellano: El linaje de Ignacio Ramírez Calzada, El Nigromante, es complejo y poco común. Heredó lo mejor de dos mundos ya que poseía la templanza, el carácter y la fortaleza del pueblo mexicano y, por voluntad propia se labró una sólida formación académica, intelectual y legal, además de un inquebrantable deseo de servir a su país: desde las cámaras legislativas, desde los tribunales populares, los periódicos, los ministerios, las escuelas e institutos que fundó, patrocinó o en los que estudió; desde la prisión, a donde fue enviado por sus adversarios políticos; desde el exilio o como juzgador, jefe político de Tlaxcala y del Distrito Federal y congresista. Seguramente fue un adolescente metido hasta el fondo con los libros. Bien se dice que no había materia que no dominara, en un ejemplo que muy poco podemos revisar y encontrar en nuestra historia patria. Sólo Sor Juana Inés de la Cruz puede compararse con este jovencísimo que en esa edad ya era un viejo odiado y respetado por su enorme sabiduría.

 

El Santo de la Reforma, quien fue un ateo decidido, negado a toda idolatrización fuera de las leyes de la naturaleza: así por una persona, por un dios o ídolo. Lo de santidad el pueblo se lo puso porque era hombre de ética pura e incorruptible, dentro y fuera de los puestos de gobierno en que estuvo. Porque siendo la generación de la Reforma la expresión más ética y moral de nuestros políticos siempre por el lado liberal; recordémoslo en su disciplinada honestidad y respeto por la Norma. Los conservadores venían de la parte de las grandes riquezas y propiedades: los mismos que hacían entonces andar por debajo de la banqueta a campesinos e indígenas, pues no se querían cruzar con ellos: eran las grandes mayorías de la población en ese entonces y hasta la revolución de 1910, pues fueron campesinos los que hicieron la gesta.

 

El Santo de la Reforma se formó a través del estudio y el más estudio. Su talento y su inteligencia la preparó en esa pasión del que todo desea saber, del que aprende para saber, que cada vez sabe menos. Nos cuenta Emilio Arellano: Siempre presente, siempre combativo, nunca se rindió ante la adversidad o a la enfermedad. Sobrevivió a dos atentados perpetrados por el clero y los conservadores; al paredón de fusilamiento durante el imperio francés; a las administraciones de Santa Anna; a San Juan de Ulúa; a la deportación a Yucatán; a la guerra de 1847, a la invasión norteamericana; a la prisión por órdenes de Comonfort; a la excomunión papal y a interminables vicisitudes. Su vida fue azarosa y compleja y estuvo marcada por la época y las circunstancias de un país recién nacido. México apenas se estaba acostumbrando a su independencia, a su precaria libertad, sujeto a las ambiciones de grupos sociales y económicos y a la depredación extranjera.

 

Por eso en el estudio de las biografías viene a resultar de gran enseñanza hacerlo leyendo ya una, o revisando la otra y una más por allá. Es decir, hacer el estudio de las vidas paralelas que ya en el pasado nos cuenta Plutarco. Para comprobar cómo uno solucionó sus problemas de vida, y cómo otro logró resolverla de manera diferente. Ramírez y Juárez son de varias maneras vidas paralelas, todos nuestros grandes hombres y mujeres del siglo XIX comenzando con doña Leona Vicario y la generación de la Independencia, nos enseñan todo lo que debieron sufrir, batallar, estudiar y escaparse de la muerte una y otra vez, para lograr levantar un país que hoy se llama México.

 

Pero don Benito Juárez, el alumno que aprendió a leer y escribir y el idioma Castellano, viene de largo peregrinar para ponerse a la altura de Ramírez o Altamirano, de Sor Juana Inés de la Cruz, en otros tiempos imaginarios o de doña Leona Vicario. El Benemérito nos cuenta: Padres de Misa y olla o Larragos: se les daba el primer apodo porque por su ignorancia sólo decían misa para ganar la subsistencia y no les era permitido predicar ni ejercer otras funciones, que requerían instrucción y capacidad y se les llamaba Larragos, porque sólo estudiaban Teología moral por el padre Larraga. Por eso creo que cuando está uno ante genios, estos saben más de lo que aparentan. Juárez ya se había hecho un marco de referencia de lo que era la carrera del sacerdocio, y cómo sus expectativas tenían más que ver con el mundo terrenal, con los problemas de su pueblo, que bien se resumía en los campesinos y sus indígenas. Aunque el tiempo nos dirá que su pasión fue la Norma, la Ley, el marco en el que todos los mexicanos y no sólo de aquellos, donde provenía: El país sufre en el siglo XIX la guerra constante de sus clases sociales. Se destruye a sí mismo.

 

Dice Juárez: Del modo que Pude, manifesté a mi Padrino con franqueza este inconveniente, agregándole que no teniendo yo todavía la edad suficiente para recibir el presbiterado nada perdía con estudiar el curso de artes. Tuve la fortuna de que le convencieran mis razones y me dejó seguir mi carrera, como yo lo deseaba. Bienaventurados sean los padrinos que cuando aman y apoyan al ahijado le dejan hacer lo que él desea. Así se forjó Benito, en las duras y en las maduras. Quienes no sabemos de sus sufrimientos, para ser el político que llega a ser, no nos damos cuenta, de cuán ignorantes somos al juzgarlo. Sus cualidades son mil veces más, que aquellos defectos que le achacan.