ORO

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“No hay invenciones baratas y fáciles que involucren solo al dinero para resolver todos o algunos problemas económicos”

Irving Fisher

En palabras muy simples, el patrón oro es, o era, un sistema monetario mediante el cual todo el “dinero” circulante (billetes, monedas, títulos), está, o estaba, respaldado en oro. Un mundo como este luce, siempre, maravillosamente seguro. Pero el hombre es, suele ser, tramposo por excelencia. Desde sus inicios alguien descubrió que podía quitársele “un poquito” de metal a las monedas y acumular “un poco más” de oro. Cuando la gente se daba cuenta, alguien pesaba el metal, venía una crisis económica.

Para bien o para mal, este esquema muere definitivamente en 1914, amparado por la primera Gran Guerra, o quizá fue su verdadera causa. El hecho es que termina la convertibilidad y se inicia la era de los bancos centrales, que emiten o retiran de la circulación a la moneda nacional para mantener un valor relativo contra otras monedas y para reflejar los precios, es decir, para regular la inflación.

Por cierto, uno de los últimos países en adoptar el esquema de Banco Central fue, precisamente, Estados Unidos. De hecho, hay quien afirma que aún no lo ha adoptado. Nuestros aliados-amados-odiados vecinos utilizan un esquema también temido, pero respetado que se conoce cariñosamente como la FED, el famosísimo Sistema de la Reserva Federal, que consta de 12 bancos centrales y un cuerpo de poder mal definido que opera en Washington y cuyo titular (Jerome Powell en la actualidad), hace las veces de Gurú en la economía capitalista.

FED: En realidad, aún hoy, nadie sabe quien domina el sistema FED: ¿será Washington, capital política, o Kansas, o San Luis o San Francisco? Para muchos es la FED de Nueva York, capital financiera del imperio. La verdad no es, en la era de la transparencia, muy transparente que digamos, se asemeja, pues, a nuestro sistema de información gubernamental (¿dónde estás, BANXICO?).

En los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, hubo un período de aguda especulación en los artículos y bienes raíces del campo, conocido como auge 1919-1920. Los bancos hicieron oleadas de préstamos que financiaron este auge. De ahí se derivó la bancarrota de 1920-21.

Entonces la FED reprimió los préstamos, como lo está haciendo ahora y, de hecho, generó la Gran Depresión (1929-33), mientras se gestaba el impresionante auge del mercado de valores y la proliferación del crédito (incluso para comprar esos valores). Esto hizo más grave el derrumbe de 1929, apuntalado por otros factores que ameritan el análisis actual.

Después del colapso, la FED seguía preocupadísima, como hoy, por controlar la inflación. Los bancos cayeron como soldaditos de plomo hasta sumar 9,000 y los ojos de la FED permanecieron, como hoy, fríos e indiferentes.

DÓLAR: Esta larga historia nos lleva al día de hoy. Los llamados “commodities” o bienes homogéneos como el petróleo, el oro, la plata, el platino, las materias primas (trigo, maíz, soya, café), alcanzan niveles históricos. La guerra y la pandemia son la causa última, el fenómeno se inició antes de 2019.

Estados Unidos enfrenta un déficit fiscal sin precedentes (gasta 2.8 billones de dólares más de lo que ingresa, ¿qué le pasaría a Don Pancho y a Doña Mariquita si hicieran lo mismo?) y la política monetaria de la FED y sus seguidores empieza a endurecer las tasas que dieron acceso, antes y durante la pandemia, a bienes de consumo y al mercado inmobiliario. Igualito que en la década de los 20’s del añorado siglo pasado. Ahora hay dos peligros más: uno, el dinero de plástico y el electrónico en un mundo global en que solo el 8% del circulante es tangible; dos, nadie controla la emisión de billetes por parte de los Estados Unidos.

Para nadie es un secreto que uno de los «misterios» de la economía, es el real valor de la moneda americana. Uno de los hechos que evidenció el poco valor del dólar, ocurrió cuando EE.UU. de manera unilateral decidió declarar la inconvertibilidad del dólar por oro en 1971. Ello, a raíz de la exigencia de los países europeos (Francia y Rusia, en particular) por requerir que sus altos superávits comerciales con EE. UU. fueran cancelados con oro. Hoy, esa posibilidad no existe. ¿Qué hacer con tanto dólar?, ¿Qué hacer con los billetes verdes que cotizan y liquidan las posiciones del petróleo, de las materias primas e incluso del rublo en guerra?

 

Breton Woods, cuna del Fondo Monetario Internacional, estableció en 1944 al dólar como la moneda mundial de reserva. 78 años después, circulan muchos miles de millones de dólares más que el respaldo que los sustenta, en oro o en bienes y servicios. Su valor (del dólar, claro) está tan adulterado como en 1929. Entonces se generó la mayor depresión económica (y moral) de la historia. ¿Hacia dónde vamos ahora? ¿Un nuevo ciclo de estanflación, como lo anuncia ya Europa?

 

Los llamados “déficits gemelos” hacen que la economía norteamericana arañe un déficit en cuenta corriente (más importaciones que exportaciones) cercano al billón de dólares (un millón de millones) y que el déficit público rebase para este año los 3 billones de la divisa universal.

 

¿Cuál es el riesgo? Los estudiosos de la economía no liberales presagian una devaluación que llevaría los tipos de interés a niveles altísimos (como en 1929), la escalada ya empezó y continuará, por lo menos 6 veces este año). Los liberales dicen que Estados Unidos tiene la capacidad para atraer 2,500 millones de dólares diarios para cubrir su déficit, esto solo es posible aumentando los impuestos (ojo: México), pidiendo prestado o imprimiendo billetes.

 

Lo cierto es que los altos precios de las materias primas y de los energéticos y su relación con el dólar son ya un foco rojo que hay que seguir con atención. La base monetaria en dólares —circulante + reservas bancarias— creció desde alrededor de $600 000 millones en el año 2000 a los actuales $6 billones, es decir, un incremento de 10 veces o 900 % en 20 años.

 

Estas alteraciones económicas han creado innumerables efectos críticos en Europa, Asia y Latinoamérica, porque Estados Unidos “vigila” la ortodoxia que imponen el FMI y el Banco Mundial. Como Estados Unidos se controla (o se descontrola) a sí mismo, la gran pregunta es ¿cuándo sucederá y de que intensidad será la tercera gran caída económica del siglo 21?  Mientras, es muy peligroso jugar con el dólar.

 

DE FORMA: ¿Por qué los “espontáneos” que hicieron barricadas para impedir el acceso al H. Congreso de la Unión a los diputados (as) que no iban a apoyar una (des)reforma eléctrica, defendida por sus promotores y seguidores SIN UN SOLO ARGUMENTO de peso, no se han manifestado de igual manera (bueno, aunque sea menos beligerante) contra la violencia, el crimen (organizado y del otro, que también es crimen), la falta de medicamentos, la opacidad en el gasto público, la corrupción de “arriba abajo”, etc.? ¿Será que hay patrocinadores de la espontaneidad? Es pregunta.

 

De Fondo: Hoy toca el turno al litio: Extraer una tonelada de sales de litio requiere 2 millones de litros de agua, ¿alguno de los consejeros de palacio habrá informado que seremos unos riquísimos muertos de sed?

 

DEFORME: Parte de la narrativa sobre la (des)reforma fue contra los extranjeros y sus contratos para generar energías limpias y baratas. Existe un Tratado de Libre Comercio que integra a la región de Norteamérica para esos fines y genera economías irrefutables. Obvio, en el TLC, refrendado por la presente administración participa, legalmente, Estados unidos. ¿Alguno de los (des)reformistas tomará su Cuba Libre (que en sí es un contrasentido) sin Coca-Cola? También es pregunta.