Padres intimidadores

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Las cosas en su justa dimensión; en este mismo espacio he sostenido que éxitos o fracasos de los hijos son, de facto, éxitos y fracasos de los padres, esto debido a que, con la atención adecuada, dando seguimiento puntual de sus actividades y apoyándoles socioemocionalmente, las probabilidades de logros positivos son más cercanas. En muchos de los casos basta con verdaderamente conocer a los niños y jóvenes para ayudarles en su proyecto formativo.

 

Y así cómo es erróneo andar por la vida justificando hijos prepotentes, flojos o irresponsables, también lo es irse al otro extremo y en aras de convencerles de hacer ciertas cosas, presionarles al punto de la intimidación. Tan incongruente es seguir solapando a quien ni trabaja o estudia, como amenazar al menor para hacer lo que nosotros pensamos, autoritariamente, que es lo mejor  para ellos.

 

El punto de partida para una relación padre-hijo o madre-hijo es la comunicación; pero esta debe ser frontal, honesta y asertiva; lo cual significa establecer los argumentos precisos para el logro de la meta propuesta. El acuerdo debe construirse de manera conjunta, por convencimiento y convicción, nunca por mandato.

 

Recordemos que la casa es el sitio donde los hijos deben encontrar el mayor confort y la mayor seguridad; técnicamente ahí se deben construir lazos de confianza tan fuertes que cualquier situación adversa se solucione con el apoyo de los padres.  Cuando un pequeño (o no tan pequeño) tiene que recurrir a cualquier persona fuera de su núcleo cercano para solicitar apoyo, algo anda mal de origen.

 

Por ejemplo, acaban de pasar los exámenes de ingreso para los distintos niveles educativos; muchos padres advierten a sus tutorados que, o pasan el examen o no tendrán posibilidad de estudiar porque no están dispuestos a pagar una escuela particular.  Entendiendo la razón económica, pero, ¿por qué someter a tal presión al niño?, ¿no es mejor apoyarle, darle confianza e incentivarlos para que haga su mayor esfuerzo?  Lo único que logramos es generarles un grado de ansiedad tal que acaba por carcomerlos desde su interior. ¿Cómo para qué?

 

En otros casos, padres que deciden que sus retoños deben estudiar tal o cual carrera porque es una tradición familiar o porque son áreas en las que se puede hacer mucho dinero. ¿Y las vocaciones?, ¿y el libre albedrio de cada ser humano?  Por la fuerza, ni los calcetines; que poca ma…nera de enfocar las cosas.

 

Finalmente, otro grupo de jefes de familia que arman todo un escenario futuro de los hijos sin siquiera platicarlo antes: Mija, tengo un terrenito en el que podemos construir una escuela; estudia Pedagogía para que tú seas la directora y todos tengamos ingreso, Ah, y me tienes que decir ahora porque si no, en este mismo instante vendo el terreno y te quedas sin nada. Argumentación interesante, pero transmitida a una pequeña de ¡16 años! ¿Bien lógica la propuesta, verdad?

 

En países como el nuestro, parece un mandato que los jóvenes tienen que estudiar una carrera profesional; ¿de verdad debe ser así?  Para hacerlo se deben conjuntar muchos factores: vocación, gusto, disposición, compromiso, trabajo, cumplimiento, actitud.  Con una sola que falte es suficiente para que ese profesionista no egrese con la calidad necesaria.

 

Con padres en ambos extremos del absurdo, permisivos o intimidadores, no vamos a llegar muy lejos.

 

horroreseducativos@hotmail.com