+ “Palos de Ciego”; los Riesgos de Gobernar al País sin Planeación; alerta, roban computadores de vehículos en el centro de Toluca

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La frase:

A fin de cuentas, los objetivos son simples: seguridad y protección.

Jodi Rell

 

DELINCUENCIA DESATADA

 

Este domingo, por ahí de las 11:30 de la mañana, la tranquilidad de los vecinos de Juan Aldama, en Toluca, se vio rota por la presencia de tres sospechosos, que permanecían, dos de ellossentados sobre la banqueta de ambas aceras y un tercero que fue el que orilló al llamado a la policía.

De inmediato llegaron alrededor de 6 patrullas, tanto de la Policía Estatal como de la Municipal e indagaron, los sospechosos se dieron a la fuga, ante el sonido de las sirenas.

Sin embargo, los vecinos indicaron que llamaron, porque el viernes se robaron la computadora de un vehículo, a plena luz del día y el sábado por ahí de las 20:00 horasrepitieron su hazaña con otro vehículo.

Los agentes policiacos tomaron nota y dejaron por lo menos 4 números de teléfono celular para avisarles, en caso de otro incidente de sospechosos.

La movilización fue impresionante, lo que habla de que hay nueva opción de visos de seguridad con el sistema policial implementado conjuntamente entre la policía estatal y la municipal.

Los sospechosos visten de marcamejor que muchos ciudadanos.

¡En pleno domingo llegaron tantas patrullas!

Alerta en la calle de Juan Aldama, por tres sospechosos, que se dieron a la fuga ante la llegada de la policía estatal y la municipal.

“Palos de Ciego”; los Riesgos de Gobernar al País sin Planeación

         

Cuando un país se gobierna apresuradamente, cuidando la popularidad personal, a base de impulsos ideológicos, de momentos electorales, por venganzas políticas, por instinto o capricho personal, lo más probable es que se haga dando palos de ciego, sin una planeación estratégica, sin considerar prioridades nacionales y oportunidades internacionales; y ocasionando graves retrocesos en urgencias nacionales: seguridad, salud, educación de calidad, y empleo formal.

De muy poco ha servido que el gobierno de la Cuarta Transformación se esté distinguiendo por su altísima capacidad recaudatoria en materia fiscal, si de inmediato dilapida miles de millones de pesos en decisiones equivocadas, sin contar con estudios técnicos y científicos que avalen viabilidad, como la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la construcción del de Santa Lucía; o la construcción del Tren Maya sin estudios de factibilidad ambiental para luego tener que ir haciendo costosísimas modificaciones sobre la marcha, y daños irreversibles al medio ambiente; y la refinería de Dos Bocas sin proyecto ejecutivo en mecánica de suelos ni estudio serio de mercado sobre demanda petrolera hacia el mediano y largo plazos, solo como botones de muestra del derroche.

Un error de pérdidas incalculables, y lo que falta, es querer rescatar financieramente con recursos fiscales, a las empresas estatales como Petróleos Mexicanos (Pemex) y Comisión Federal de Electricidad (CFE), cuando su ineficiencia presagia únicamente pérdidas cada vez mayores, sobre todo con la terquedad presidencial de concentrar todo el mercado nacional de estos energéticos en ambas empresas públicas, sin someterlas previamente a procesos de capacitación, desarrollo tecnológico e investigación científica.

El irresponsable derroche de los recursos económicos de la nación se ha visto también en el capricho presidencial de destruir el sistema de salud con su columna vertebral del Seguro Popular y su programa de compras y distribución de medicamentos, para crear otro sobre las rodillas vendiendo la ilusión de que se llevaría al país, en un año, a niveles de calidad en salud pública como los de Dinamarca o Canadá, cuando en realidad lo que se tuvo fue un nuevo fracaso que arrojó cuantiosas pérdidas económicas, y lamentables muertes, por miles, de niños, mujeres, adultos mayores y población en general por falta de medicamentos, personal médicos, equipo técnico e instalaciones hospitalarias, para finalmente echarle la responsabilidad al Instituto Mexicano del Seguro Social.

El delirio de destruir todo para inventar soluciones mágicas se ha reflejado con iguales pérdidas multimillonarias en todos los programas sociales vinculados al Banco del Bienestar que no acierta a construir instalaciones adecuadas para su operación, ni siquiera en la adquisición de insumos básicos e indispensables como son los cajeros automáticos, o los sistemas informáticos que le permitan funcionar con la mínima comunicación y seguridad de cualquier sistema bancario.

En materia de seguridad se destruyó a toda una institución especializada en la materia, como lo era la Policía Federal, para crear un nuevo sistema de Guardia Nacional, endosándole a las Fuerzas Armadas una responsabilidad para la cual no cuentan ni con la preparación, la vocación ni la responsabilidad, privilegiando el costosísimo programa de construcción de cuarteles militares por toda la geografía nacional, como quien coloca espantapájaros en las parcelas, en lugar de anteponer la capacitación, la inteligencia policial y militar, la coordinación estratégica con los municipios, las entidades federativas y la sociedad civil; la compra y manejo profesional del armamento adecuado para enfrentar y bloquear financieramente a organizaciones del crimen organizado que crece y se desarrolla indiscriminadamente por todas las regiones del país, ante la complacencia presidencial que no cesa en enviarles abrazos, saludos y felicitaciones.

Otro signo del gusto presidencial por la destrucción institucional, a un altísimo costo presupuestal y democrático, lo tenemos en el afán por eliminar todas las instancias que sirven de contrapesos al Ejecutivo: los poderes Legislativo y Judicial, los gobiernos estatales y municipales, los Congresos Locales, los órganos autónomos como la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el Instituto Nacional Electoral (INE), el Banco de México (Banxico), el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información Protección de Datos Personales (INAI), el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Comisión Reguladora de Energía (CRE), el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), al costo que sea, lo más rápido posible y sin medir las consecuencias contra la nación.

El elevado costo presupuestal de un gobierno populista ya lo están pagando todos los mexicanos al observar a un presidente que maneja el país a su antojo con todo un aparato propagandístico e ideológico que lo placea permanentemente por todo el país y lo exhibe cada día en larguísimas transmisiones mediáticas de manipulación de masas, como distractores para mantener su alta popularidad y credibilidad, cosechando porras, vivas y aplausos sin fin, en medio de los muertos.

Pero destruir un país, cual Nerón o Atila, mientras se disfruta en la Corte de la lira, de las canciones de Silvio Rodríguez, de Serrat o de Los Tigres del Norte, es solo echarle más gasolina al fuego, ¿no le parece a usted, estimado lector?

Palos de ciego.