Pasos de lluvia de María Guadalupe Carbajal

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Toda escritora se enfrenta a la difícil labor de construir su “Yo” a partir de una voluntad, de su mundo subjetivo y del espacio público al que llamaremos entorno. Sin saberlo, cada una va tejiendo un entramado textual de cuyo centro emerge el “Yo textual”.  A veces frágil, indeciso, otras veces seguro e identitario, casi siempre fuerte, eso sí, porque cada mujer aporta un tono distinto a la sinfonía de la conciencia femenina.

En Pasos de Lluvia de María Guadalupe Carbajal Martínez (Cuadernos de la Comuna 24, Nueva Serie,  editado conjuntamente con Casas del Poeta AC y la Editorial Comuna Girondo) la perspectiva del Yo se percibe a través de un velo, un filtro imaginario que terminará por caer ante la mirada de la poeta, apropiada de su espacio, su territorio y su lengua: “Miro a través del cristal/y encuentro el horizonte/donde atardecer/despliega su última belleza,/acompañada aún de juventud./Luz matizada inunda/el valle de la vida,/el tiempo se desliza/y al atardecer le siguen/tinieblas, y a ellas, la muerte.”

Existe la necesidad de comunicar una destrucción inminente, un desprendimiento de los ciclos naturales que ya no acompañan a los seres vivos en su tránsito terrenal, entendiendo como entidad todo aquello fecundo y múltiple; los astros, los niños, las mujeres, “La dama vespertina sonríe/mientras acaricia/su perfumada cabellera./A su lado camina/ el enamorado sol/que recita poemas de amor./Con deleite ella escucha/el suave canto/del maíz, mar dorado.  Animales,  sembradíos, ríos y mares, todo cuanto le permite reapropiarse brevemente  de ese mundo idílico que ya no puede sujetarse a la modernidad: “Dicen que contigo rieron/que eras hermoso y extenso,/que los pececitos te hacían/cosquillas y tu risa cristalina/salpicaba las bellas flores/que alegres te contemplaban./ …/ ¡Pobre de ti,/río moribundo!/¡Pobre pueblo mío!/ Tu muerte estás cultivando.”

Ese rasgo sentimental, doliente, pone en evidencia el distanciamiento entre el destino de la Humanidad como congénere y la construcción de la voluntad autobiográfica: “Me miro en el espejo de la vida/donde el autógrafo del tiempo/me adorna con libertad.”/…”A veces llega el fantasma/silencio-olvido que se roba/mis sonrisas y las vuelve/gotitas de cristal que abrazan/a mi dolorido corazón.”

La estrategia es llana y directa, no hay comprensión ante los actos sin sentido de los otros: “Me duelen/los árboles muertos,/consumidos por el fuego voraz,/hazaña de manos criminales;/los olores putrefactos/ que despedazan el aliento matinal/gracias al progreso industrial;/ las canciones que le aplauden/al machismo y a las armas,/pregonando el odio y la muerte;/ las acciones disfrazadas/que defienden la paz/ y van manchadas con sangre inocente;/ las palabras maltratadas/que brotan de tu equivocado caminar/ y de tu confundido corazón”.

Una presencia que escapa de lo testimonial, que se constituye casi onírica, es la de un “guerrero”, acaso la posibilidad de dignificar el comportamiento humano, ese significado de estirpe que lucha por no desaparecer: “Los guerreros dorados/yacen silenciosos/ en el suelo frío/ que los abraza respetuoso”/…/”Suenan los cascabeles/del guerrero milenario,/vuelan los secretos/de las damas viajeras/se desgranan las carcajadas/del caballero dorado,/se esparce la alegría/de las hadas multicolores,/y el milagro brota/ al liberarse mi corazón./…/Cuando te marchaste,/ había un caballero,/montado en veloz corcel/que recorría valles y montes,/llevando los cantos/ que arrullan los sueños”. Más allá del temor de la aniquilación espiritual por los celulares y más lejos aún del mero carácter afectivo, reside una mujer amorosa, conciente y ciudadana: “Al mirar y escuchar/ a mi dolorido México,/la locura ríe a carcajadas/ y la cordura tiembla./Es condenatorio ser niña, es aterrador ser mujer/ es criminal ser joven/y es peligroso ser anciano”

Esta es la entrada inaugural del trabajo de María Guadalupe Carbajal Martínez, la  potencialidad de sus futuros poemas seguirá dando materia de reflexión y análisis por la sinceridad de su expresión textual y ese tomar conciencia de su «Yo».