Pedro Alberto, un payaso que trabaja con fuego, es padre de dos niños

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En la entidad mexiquense 4 de cada 10 casas no cuenta con un padre, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), sin embargo, hay padres que también se encuentran al frente de sus hogares, aunque eso implique poner su vida en riesgo.

Pedro Alberto, proveniente del municipio de Tenango del Valle, todos los días sale de su hogar para trabajar en lo que considera el mejor escenario: la calle. Pues se dedica a la profesión de payaso y malabarista, pero no cualquiera, en tanto que el fuego es su principal herramienta de trabajo.

Sus manos conservan una maestría para el movimiento de palos que, en la punta, tienen un pedazo de tela que baña en tiner para poder encenderlos con fuego y entonces hacerlos volar de un lado a otro para generar una luz hipnótica a los conductores que esperan pacientes a la luz verde del semáforo.

«Todos los días voy cambiando de espacio, a veces estoy aquí en Pino Suárez, otras veces me voy por el centro, otras más me acerco a Tenango y así, el chiste es no dejar de moverse y de trabajar», comentó con una sonrisa dibuja en su rostro, dado que lo pinta detalladamente como si fuera un payaso.

Como padre de dos, un niño y una niña, debe llevar un sustento a su casa, «no tuve la oportunidad de estudiar, mis padres fallecieron cuando yo era muy joven y tuve que ponerme a trabajar, entonces no me queda más que buscar que mis hijos tengan su alimento y su estudio».

Aunque sabe que trabajar con fuego es riesgoso, sus presentaciones las hace con destreza evitando quemarse, la habilidad de hacerlo no fue sencilla para él, ya que tuvo que entrenar varios meses.

«La verdad yo nunca trabajé en circos o algo así, pero sé o tengo una idea de cómo hacer los movimientos y tuve que entrenar, la verdad me quemé muchas veces pero ya no le tengo miedo», recalcó.

Sus días, conformados por jornadas de ocho a seis horas, le permiten juntar una cantidad de dinero que le ayuda a que su hijo, hija y esposa no tengan que padecer y así «hacerles ver que tienen un papá que los quiere, aunque sea trabajando en la calle. Ellos lo saben pero también se sienten con curiosidad de ver lo que hago, se los he enseñado y espero que nunca sientan pena de mí, porque todo es por su bien».

Como Pedro, 68 por ciento de los hogares mexiquenses cuenta con un padre de familia que es considerado proveedor de la casa, según Inegi, por lo cual, aún con la lucha por la igualdad de género en la participación de las tareas y sustento del hogar, los varones siguen siendo el principal pilar en términos económicos, aunque no sea siempre una labor sencilla.