Pequeñeces

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No tengo tiempo para nada, trabajo mucho, mi carrera es muy demandante y no puedo distraerme en los pequeños detalles que sólo me desenfocan de lo verdaderamente importante. Es por eso que en la media hora que me dan para comer, salgo y busco las mejores opciones en comida rápida, ¡Ahí está! El combo de la hamburguesa feliz con papas y refresco grande ¿por quince pesos más? Obvio que lo pago. Así me lleno mejor. Como me preocupa mi salud, pido el refresco de dieta, ese que tiene cero calorías. ¿Por qué tomar una servilleta, cuando puedo tomar las que quiera para satisfacer mi limpieza? Así que tomo no una, ni dos, ni tres; sino cinco, diez, quince, ¡un montón! Un buen fajo de servilletas de las cuales, la mayoría quedarán completamente limpias, o en el mejor de los casos, con suficiente vida útil para usarlas en otra ocasión, en el bote de basura y además inorgánica porque no sé bien distinguir que el papel reciclado debería de ir en el bote donde se contienen los deshechos orgánicos ¿o era al revés? Sepa. 

A mí qué me importa, como lo dije al principio, no tengo tiempo de detenerme a pensar en esas nimiedades. Nada más sé que tenía sucios los dedos y la boca y que tuve que usar casi veinte servilletas para limpiarme.  

Casi me atraganto al deglutir la hamburguesa, pero un buen trago de refresco y se desbloqueó el asunto. Ya casi termina la media hora que me dan para comer. 

El fin de semana, se me antojan unos tamalitos, voy a llevar para toda la familia, por favor póngamelos todos y cada uno en su bolsa de plástico individual, y luego métamelos todos en una gran bolsa de plástico general. No se le olvide ponerme sendas cucharas de plástico, no quiero ensuciar las que tengo en la casa. Así es más práctico. Al finalizar el desayuno de vitamina T, todo va directamente al mismo tambo de basura, incluidos los vasos de unicel con sus tapitas de plástico.   

Hay que ir al súper mercado. Mira qué padre, ya te venden el aguacate partido empaquetado en platos de unicel y cubiertos por plástico transparente para que puedas apreciar qué bonito verde tienen. Y no sólo eso, lo mismo ocurre con el melón y la papaya. Todos vienen partidos y envueltos en plástico individual, para conservar su frescura de meses. 

Compremos también toda esta tarima de mini botellitas de plástico desechable que se ven muy bonitas, tiene un diseño con los personajes de moda. Sí, esa presentación de doscientos cincuenta mililitros está bien. Así no tenemos que cargar los pesados garrafones de plástico. Nada más tomo mi botellita de agua, la dejo a medio consumir, y tiro la botella de plástico donde se me ocurra. Es agua, es lo más sano que puede haber. 

Ya no tenemos papel higiénico, llévate tres paquetes jumbo de treinta y dos rollos cada uno, sí, ya ves que con eso de que somos cuatro en la familia, nos dura para una sentada.  

Ya llegamos a la casa, como pensé que no nos íbamos a tardar dejamos la televisión en pausa, y los pequeños dejaron su videojuego del mismo modo, para no perder el tiempo en prenderlos nuevamente y andar buscando en dónde nos quedamos: ellos en su juego, y nosotros, en la serie. 

Métanse a bañar, deja abierta la regadera en lo que sale el agua calientita. Mientras tanto lávate los dientes, deja abierta la llave del agua, mientras tomas una buena cantidad de pasta dental, no le hagas caso a las personas que dicen que no se requiere de mucha pasta, dicen que sólo basta con una pequeñísima cantidad en la esquina del cepillo… ¡bah! no saben lo que dicen. Tu lávate bien la boca y deja abierta la llave mientras lo haces. 

Mis pequeños duermen con la luz prendida, les da miedo la oscuridad. Además, dejamos la luz encendida de afuera toda la noche, porque no hay arma más eficaz contra la delincuencia y los amantes de lo ajeno que dejar prendida la luz del zaguán.  Nada dice más no hay nadie en casa como dejar prendida la luz de afuera todo el santo día. 

Se me está terminando la pila de mi teléfono inteligente, lo bueno que para no andar buscando el dichoso cargador, ya lo dejo siempre conectado a la toma de corriente, así nada más llego y enchufo mi aparato y me quito la molestia de andar desconectando el cable y teniéndolo que guardar. 

La hora de la cena, regularmente, bueno, casi siempre, mejor dicho, siempre dejamos los platos con la mitad de comida, no nos gusta hartarnos, y como no tenemos ni perros ni gatos, toda esa comida va directamente a la basura, al mismo bote gigantesco a donde se va todo. ¿Para qué la separo? Si al final, los de la basura la juntan. Así que mejor me evito la molestia. Porque ya les dije, mi vida es muy ajetreada y no puedo distraerme en pequeñeces.