Pero a ellos les digo, les guste o no, estoy para quedarme…!!

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Fue impresionante la victoria de Michelle Payne.  Aclamada, un gran avance para las jinetes mujeres en un deporte dominado por los hombres, no sólo tuvo que ver la forma en que ganó, sino que la forma en que había luchado contra todas las probabilidades de volver a escribir la historia. Fue en noviembre de 2015, Michelle Payne a lomos del caballo Prince of Penzance, corrió la Copa Melbourne con una probabilidad entre cien a ojos de los expertos… hizo historia al ganarla. Pero esto no fue una casualidad, resulta que desde los cinco años estaba decidida a ganar la Copa Melbourne, tan es así que siendo una niña, aseguraba a sus compañeros en el colegio que llegaría a ganar algún día la Melbourne Cup y, por ello, empezó a prepararse para cumplir su sueño a una temprana edad, planeando junto a su hermano Stevie, quien nació con síndrome de Down, toda una estrategia para lograrlo.

 

Sin embargo, fue a los quince años que decidió entrar al mundo de las carreras. Así es que se trata de una deportista que en 2015, se convirtió en la primera mujer jinete en ganar la tan famosa Copa, un acontecimiento deportivo que paraliza año tras año Australia, lleno de adeptos a las carreras de hípica. Más aún hay que decir que se trata de una lección de humildad ante el triunfo y la perseverancia también ante la tragedia lo que ha convertido a la joven Michelle en un faro que ilumina a miles de personas.

 

Michelle Payne nacía en Ballarat (Australia) el 29 de septiembre de 1985. A los seis meses de su nacimiento, perdía a su madre en un accidente automovilístico, siendo desde entonces criada por su padre. Creció en la granja de su familia, donde comenzó su pasión por el mundo de los caballos. Sin duda puso un antes y un después en el mundo de las carreras de caballos, pero sobre todo se convirtió en un referente para todas las mujeres. Ella misma habría afirmado: Di todo lo que tenía. Quiero decirle a todos los demás que se vayan al demonio; creen que las mujeres no somos lo suficientemente fuertes, pero acabamos de derrotar al mundo, esto fue lo que aseguró tras conseguir proclamarse ganadora de la Melbourne Cup 2015. Sus palabras tuvieron repercusión mundial. Así es que relataba diciendo con justicia: Las mujeres pueden hacer cualquier cosa que deseen. La jinete se vestía para competir con los colores púrpura, blanco y verde. Colores de las sufragistas, la Unión Social y Política de Mujeres los utilizan.

 

El púrpura simboliza la dignidad, el blanco la pureza y el verde representa la esperanza. Payne calificó a su deporte como chovinista y afirmó que está muy dominado por los hombres y que son muchos los que piensan que las mujeres no tienen la fuerza suficiente, pero como ella mismo declaró no se trata nada de fuerza. Inclusive más tarde señalaría que: Éste, es un deporte tan machista, que sé bien que algunos de los dueños de los caballos querían sacarme de las competencias. Pero a ellos les digo, les guste o no, estoy para quedarme, porque las mujeres pueden hacer cualquier cosa que deseen. Recordemos que la menor de diez hermanos, Payne creció en el campo. Fue criada por su padre, luego de perder a su madre cuando tenía seis meses de edad. Además de ello se ha recuperado de varias lesiones graves. Sin embargo, este hecho histórico para ella fue un momento muy personal que compartió con su familia. Su hermano Stevie, quien padece de síndrome de Down, es quien cepilla y cuida el caballo. Así es que como señalábamos que con quince años, Payne ingresó en el mundo de las carreras de caballos, un mundo que no era desconocido para ella, no en vano ocho de sus nueve hermanos ya se dedicaban a ello, pero fue Michelle quien consiguió hacer historia. Pero antes, como en toda historia épica, un fuerte revés llegó a la vida de esta jinete. En 2001, sufrió un accidente durante una carrera en la que se fracturó el cráneo y se magulló el cerebro. Para superar esto, tuvo que pasar por un periodo de tres meses de aprendizaje. Así es que Michelle cayó en una competición en el hipódromo de Sandown en Melbourne, fracturándose el cráneo y contusionándose el cerebro. Contra el consejo de su familia estaba decidida a continuar y gradualmente reconstruyó su carrera, comenzando a ganar progresivamente una tras otra varias carreras importantes.

 

Durante dos meses no tuvo memoria a corto plazo e incluso se rompió la muñeca durante este periodo de recuperación. La propia protagonista llegó a pensar por un tiempo el preguntarse  si alguna vez volvería a montar. Catorce años después del accidente, hizo historia. En sus más de 155 años de existencia, la Melbourne Cup nunca había sido ganada por una mujer, pero el momento del cambio había llegado. Michelle Payne ganó la prestigiosa carrera de caballos contra todo pronóstico y a pesar de que muchos propietarios simplemente creen que no somos lo suficientemente fuertes y prefieren que Damien Oliver llegue a la meta por encima de mí, pero mi argumento es que no todo se trata de fuerza, tiene que ver con el equilibrio, serenidad y lograr que el caballo corra tan rápido como sea posible. Simplemente espero que podamos lograr hacerlo bien y demostrarle a la gente que está equivocada. Inmediatamente después de la carrera, Payne dijo que la victoria significó un triunfo sobre el chovinismo: El hito en la vida de Payne sucede dos años después de aquel de Gai Waterhouse, también se convirtió en la primera entrenadora mujer en ganar la Copa Melbourne, en el año 2013. Desde entonces no ha dejado de lograr pequeños records que siguen inspirando y animando a su país. Recientemente, en 2017 recibió el Premio Longines Ladies Awards, en el que se galardona a las mujeres que han logrado el más alto nivel en el mundo ecuestre.

 

Su hazaña, inclusive ha llegado al cine, Corre como una chica es el primer largometraje dirigido por Rachel Griffiths, reconocida actriz australiana. El filme está protagonizado por Teresa Palmer (Hasta el Último Hombre) y Sam Neill (Parque Jurásico). Se trata de es una película de superación que narra la historia real de Payne. Michelle es la más joven de una familia de diez niños que aspiran a convertirse en jockeys profesionales, entrenados por el propio Paddy Payne. Tras una vida dedicada al duro entrenamiento de un deporte hasta entonces considerado para hombres, Michelle hizo lo imposible para sortear los obstáculos que se le cruzaban por delante para conseguir convertirse en la primera mujer en la historia en alzarse con la Copa de Melbourne en el año 2015. Durante el proceso tuvo que hacer frente a multitud de vejaciones e inconvenientes por parte de una sociedad que no veía con buenos ojos que las mujeres pudieran ser jinetes. Michelle consiguió romper uno de los múltiples techos de cristal que, aún en pleno siglo XXI, se les impone a las mujeres de todo el mundo por el simple hecho de serlo, sin darles opción a demostrar que son perfectamente válidas para desempeñar cualquier tarea, desde ocupar altos cargos hasta practicar deportes extremos. Y lo hizo porque creía en sí misma.